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Opinión

  • | 2014/07/05 00:00

    De las pasiones irracionales, ¿el fútbol?

    No dejan de ser alimentadores de la problemática algunos analistas de este deporte. Es común la crítica agresiva a los jugadores y a los técnicos tanto antes como después de los partidos.

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La racionalidad de Pékerman es ajena a la irracionalidad que hay en una gran mayoría de fanáticos del fútbol. El tamaño de la irracionalidad ha causado muertes en diversas ocasiones. Por experiencias pasadas ha sido totalmente necesario decretar la ley seca en casi todo el territorio nacional cada vez que juega en Brasil el equipo que representa a Colombia. 

Entonces, ¿es irracional el fútbol, los fanáticos o los dos? ¿Por qué los seguidores llegan a tener conductas irracionales? Más allá de la emoción, ¿qué les produce el fútbol en sus mentes? ¿Es el fútbol un medio que permite liberar conductas reprimidas u ocultas?

La actividad del fútbol tiene su origen mucho antes del nacimiento de Cristo. Es tan antigua como la misma humanidad. Desde esa época ya era considerado como un juego violento y encarnizado al punto que fue prohibido en Inglaterra. También fue prohibido en Francia. Por su parte miembros de la iglesia lo consideraron como perjudicial y amenazaban con la excomunión a quienes practicaran el juego de la pelota. A raíz del concepto que se manejaba en torno al juego fue considerado ilegal durante algún tiempo.

Es evidente que los contratiempos que genera el fútbol no son recientes. Las críticas se originaron desde épocas pasadas por la violencia con la cual se realizaba el juego. Hoy se producen también por las muertes que han surgido y el descontrol que produce en los fanáticos. Los acérrimos son en su mayoría personas jóvenes; es en este grupo donde se producen la mayor cantidad de desmanes.

Dada esta circunstancia podríamos pensar que la falta de madurez y tal vez la carencia de identidad con verdaderos valores conllevan a la defensa de imaginarios al punto que es una forma de identificación pues ven allí una representación. Sin embargo, el peligro inicia en la forma como se envía el mensaje cada vez que se juega un partido dada que la agresión, como mordidas, hacen parte de los componentes durante el desarrollo del juego. 

Al lograr un punto sobre el rival ello se puede ver como una señal de supremacía y poder. Así las cosas, puntos adicionales sobre el adversario conjugado con la forma como se logra y la manera como se festeja logran una combinación de ego y poder muy venenosa; entonces, ser perdedor para algunos refleja debilidad.

El ego, las diferencias, la superioridad y las ventajas son elementos que lamentablemente en muchos círculos caracterizan la educación y la formación tanto escolar como familiar. Son parámetros usados para buscar y medir resultados. 

Pues bien, la combinación de los elementos que caracterizan al fútbol con los métodos de educación que existen en diversos círculos sociales y familiares como también la búsqueda de identidad en la etapa juvenil, construyen una formula en donde se mezclan variables incompatibles que finalmente se configuran como detonantes. 

No dejan de ser alimentadores de la problemática algunos analistas de este deporte. Es común la crítica agresiva a los jugadores y a los técnicos tanto antes como después de los partidos. ¿Qué se puede esperar al terminar un partido cuando se han expresado agravios por los medios como la radio? Pensaría que en muchas ocasiones sería mejor que jugaran los comentaristas puesto que según la forma como se expresan conocen a la perfección la mejor forma de jugar un partido. 

Adicional a ello existe el efecto hereditario el cual agranda la problemática ya que lleva al fútbol al concepto del honor. Extrañamente los asuntos patrios no logran movilizar tanta población como lo hace el fútbol. La causalidad en este caso es inversa pues se piensa primero en fútbol para después hablar de patria. El sentimiento futbolístico produce clamor patrio y ello implica que el concepto de nación esté en un escalón inferior al de un partido de fútbol. El sentimiento patrio se realza con el fútbol. El tricolor colombiano se enarbola con un gol pero ante otros hechos escasamente se iza. Están invertidos los valores.

La selección dirigida por José Néstor Pékerman se ha caracterizado por la humildad, el trabajo, la concentración y la disciplina. Brilla la ausencia del protagonismo, la superioridad y lo fantoche. Más aún, son un ejemplo para otros equipos. 

*Magister en economía
fjmontes4@hotmail.com
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