Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

Opinión

  • | 2000/07/10 00:00

    Futuribles

    De lo que pudo haber sido y no fue

COMPARTIR

Si se entiende por este tErmino lo que pudo haber sido y no fue, he aquí algunos de esos hechos que no se dieron en los últimos años, por falta de condiciones. Sin que resulte fácil saber si hubieran sido de desear. Veámoslos, pues, como esparcimiento:

Imaginemos que el presidente Carlos Lleras Restrepo (menos conocido como C. Ll. R.) le hubiera reconocido

el triunfo electoral al general Rojas Pinilla, en 1970 y, por lo tanto, le hubiera entregado el poder. Caso en que serían de imaginar las venganzas de la dictadura contra los frentenacionalistas. Misael Pastrana, en esta hipótesis, no hubiera sido presidente, ni su hijo tampoco. Los serpistas año 2000 dirían que habría sido maravilloso. Tampoco hubiera existido el M-19 y vivirían, en avanzada edad, el sindicalista José Raquel Mercado y el financiero Escobar Soto.

Si el primer presidente Pastrana no hubiera creado las unidades de valor constante, que, sin embargo, han dado techo a numerosas familias y por un lapso considerable fomentaron el ahorro privado, hoy no veríamos ahorradores a quienes no les producen ni un céntimo o los han llevado a la ruina, ni compradores de vivienda social en físico desahucio.

Qué hubiera pasado si a López Michelsen no lo hubiera rescatado —en su bicicleta, con placa de Chía— el ex presidente Alberto Lleras, entonces editorialista del diario El Tiempo, y no hubiera evitado su renuncia, ante los embates humorísticos de Klim. López hoy desmiente esta versión y la refuta en forma inapelable, queriendo ser, a un mismo tiempo, el protagonista de sus hechos y su propio historiador. Indalecio Liévano se hubiera posesionado nuevamente, con misa en la Veracruz, oída del brazo de su señora madre y hubiéramos conocido su estilo de gobierno. Más de lo mismo.

Si Turbay Ayala, ante las evidencias de torturas en la Brigada, las hubiera reconocido y denunciado ante mi general Camacho Leyva, y éste o algún coronel, le hubiera propinado el consiguiente golpe de Estado por su rebeldía, el ex presidente sería hoy un paladín democrático y una estatua viviente, con sonido nasal.

Si Belisario, el gran Bélico, hubiera aceptado —en vez de su responsabilidad— que se había dejado ganar de mano del militarismo, en los hechos del Palacio de Justicia (como en su momento lo aceptó Sor Palacio, cuando dijo que esas 28 horas en que no habían gobernado se las deberían descontar al final), posiblemente habría caído del gobierno ¿Qué otra cosa hubiera ocurrido? Nada menos que Alvaro Gómez hubiera sido presidente, lo que le quedó debiendo la República, por siempre. Si acaso no era Rodrigo Lloreda el designado. Belisario, a su turno sería Nobel de Paz y lo llamaríamos Belisario de Calcuta.

Si Barco hubiera reconocido o alguien se lo hubiera hecho saber, que se perdía en los montes de Ubeda durante los consejos de ministros, después de 20 minutos de atención y que las tareas de gobierno ya no podía sufrirlas, tal vez habría gobernado Luis Fernando Jaramillo, con las mismas trastiendas de don Germán Montoya. El ex presidente habría sobrevivido unos años más a su agotamiento, después de una meritoria vida pública. El expandió las calles de Bogotá, entre otras la carrera séptima al norte. Abrió carriles de circulación; no los cerró, como el actual alcalde, que en él se inspira. El de hoy está ensanchando, como Sánchez, los andenes ‘para los niños’. Sólo que los niños de Bogotá no caminan por los andenes, porque se los roban.

Si el presidente César Gaviria, en vez de economía, hubiera estudiado derecho y si se hubiera asesorado de algún eminente constitucionalista y no tan sólo de un egresado y un abogado todo terreno, como el doctor De la Calle, no padeceríamos hoy en día la Carta del 91, carta indescifrable, que apenas nos da noticias del remitente, pero no entendemos sus encargos y razones. La Constitución del 86 no hubiera fallecido, víctima de puñalada marranera, en edad más que centenaria. Si, por lo demás, hubiera reconocido, ante el estupor nacional, que un error administrativo le había dado cárcel de seis estrellas a Pablo Escobar, con licencia para matar, Juan Manuel Santos sería hoy ex presidente de la República, saliéndole por una trocha a las malhadadas encuestas.

Si Ernesto Samper, ay, se hubiera sorprendido sinceramente de la inversión mafiosa en sus arcas y, lavándose las manos, no como Pilatos, sino como cualquier persona antes de pasar a la mesa, se hubiese retirado del mando, Humberto de la Calle habría gobernado tres años de decencia y de, al menos, buenas relaciones con Norteamérica, en cogestión con Myles Frechette.

Si, finalmente, Andrés Pastrana se hubiera mantenido en su rotunda palabra de revocar el Congreso y Horacio Serpa en la suya de revocarlo a él, la Corte Constitucional hubiera dirimido el entuerto, dando a cada cual lo suyo y declarando inválidas las dos revocatorias. Estaríamos en la misma situación conviviente de hoy, sin los quiebres de carácter que mostró el episodio. Cuánto mejor.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1850

PORTADA

El hombre de las tulas

SEMANA revela la historia del misterioso personaje que movía la plata en efectivo para pagar sobornos, en el peor escándalo de la Justicia en Colombia.