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Opinión

  • | 1990/08/13 00:00

    GABINETOLOGIA (2)

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De lo poco que se sabe sobre la fórmula gabinetológica que aplicará el Presidente Gaviria, no estoy segura si sé más o menos de lo que saben los demás. Pero lo que sé paso a relatarlo de inmediato, con la advertencia de que no he logrado comprobar todavía la existencia de un sólo ofrecimiento ministerial concreto del nuevo Presidente, lo que me permite pensar que las cartas ministeriales puedan estar todavía barajándose en su totalidad.

Arranquemos por Gobierno. Aquí no se necesitan extraordinarias dotes de gabinetología para entender que el Presidente Gaviria sólo tiene tres opciones: o darle el ministerio de la política al samperismo, o al galanismo, o al duranismo. En la primera de las opciones el candidato sería el propio Ernesto Samper, cuyo indiscutible conocimiento de la clase política le permitiría moverse en ese cargo como pez en el agua. Además, sería un justo reconocimiento a la jerarquía que ha adquirido en su meteórica carrera. Si el Ministerio de Gobierno es un puesto para políticos, pues lo lógico es que lo ocupe la gran revelación política de las últimos años: Samper.
Pero ahora viene lo malo: Samper quiere ser Presidente y para los demás sectores liberales, un Ministro de Gobierno en campaña sería una auténtica amenaza. Eso significa que si Gaviria tiene la voluntad política de que Samper sea ministro, probablemente lo será de Relaciones Exteriores.

Si el Ministro de Gobierno va a ser galanista, José Blackburn es el más opcionado, e indudablemente el más capaz. Pero aquí también habría que limar asperezas, pues al galanista que más cercanía tuvo con Galán le han declarado ahora por parte de la familia del asesinado candidato presidencial una pelea de corte conyugal. Con el Ministerio de Gobierno, si ésta es la cuota galanista, sucedería lo mismo que con el lecho conyugal en una separación de bienes: que no hay partición posible.

Y si el Ministro de Gobierno es duranista, las mejores manos serían las de Saulo Arboleda, joven realmente "de mostrar" de los círculos turbayistas, lidiado en la empresa privada y en la dirección del partido. Se me ocurre pensar, sin embargo: Presidente de la República joven con Ministro de Gobierno joven, no dará política demasiado joven?
Sólo hay un hombre lo suficientemente equidistante pero al mismo tiempo posicionado frente a estas tres fuerzas, capaz de ejercer el ministerio de Gobierno sin generar muchas resistencias pero sí fuertes expectativas por su reconocida sagacidad: su nombre es Julio César Sánchez. Y no digo más.

Ya podemos comenzar a cuadrar este ajedrez. Si Samper es Ministro de Relaciones, el más fijo de los fijos ministeriables de Gaviria, Luis Fernando Jaramillo, sería Ministro Gobierno. Pero si Samper no está en la baraja y Julio César Sánchez es el próximo min-gobierno, Jaramillo será Ministro de Relaciones, que es lo más seguro, después de haberle visto la cara de Canciller que puso junto a Gaviria y Bush.

Dicen que el Ministerio de Comunicaciones se quedará en el Partido Liberal. Si eso es así, los dos aspirantes más seguros son Rafael Amador y María Emma Mejía. Ambos quieren. Ambos pueden. Lo malo del primero es que es un "cruzado" de las comunicaciones, y al frente de ese ministerio se necesita un hombre que maneje las realidades de nuestros medios de comunicación y no uno que se dedique a pelear con ellas. María Emma Mejía, por su parte es una ejecutora de miedo. Tiene la competencia y la sintonización con Gaviria. Pero bajo qué representatividad política sería ministra?. Si el ministro de marras no es Liberal, Comunicaciones será para Alberto Casas. Es el único Conservador que goza de la credibilidad y aprecio suficientes en el Partido Liberal como para brindar garantía de neutralidad, además de gozar de una cercanía necesaria con el nuevo Presidente quien, más que un hombre de oposición, necesita tener un amigo de Ministro de Comunicaciones.

Al parecer, el Ministro de Hacienda tiene ya nombre propio. Se llama Rudolf Hommes, a quien le llegó el turno en la fila india de economistas formados por Rodrigo Botero.

Se sabe que el Ministerio de Minas no desea entregárselo el nuevo Presidente ni al samperismo ni al pastranismo, por considerar que llevan demasiado tiempo dueños del sector, y que no debe haber ministerio con nombre propio.

También se sabe que si llega a algún Pereira la idea inicial de que el M-19 entre al gabinete, no sería en Trabajo, porque mal podría representar a patronos y trabajadores un hombre que estuvo en el monte disparando en nombre de los trabajadores contra los patronos. Tampoco sería en Educación, porque se vendría abajo el país el día en que salgan de la imprenta las primeras cartillas de lectura redactadas por el M-19. Yo pensaría que el Ministerio apropiado sería el de Salud, un sector lo suficientemente quebrado como para que el M-19 se foguee sin crearle pánico al sistema.

Se sabe también que si los ministerios para los alvaristas son dos, podrían ser los de Desarrollo y Obras, pero en ningún caso el de Justicia. Y que el de Agricultura podría ser el ministerio pastranista puesto que tiene suficiente dinero y puestos como para no cumplir un papel simplemente decorativo.

Para los ministerios de Minas, de Trabajo, de Salud, de Educación y de Justicia, tengo que hacer una confesión que le queda mal a un gabinetólogo que se respete: no tengo ni idea quién suena.
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