Lunes, 23 de enero de 2017

| 2002/04/22 00:00

Gabinetología

El ministro del Interior será clave en el gobierno de Uribe, no sólo por la reforma política, sino por la nube negra de la revocatoria, 50341

Gabinetología

Es cierto que Alvaro Uribe no es un mesías, como lo calificó Alfonso López Michelsen. Ni Superman, como lo pintó SEMANA. Ni Sandokán, como lo bautizó Serpa. Por eso la difícil misión de gobernar a Colombia durante los próximos cuatro años requerirá que lo acompañe un superequipo. Uribe necesita una docena de estrellas, y aquí van:

Ministro del Interior: será un personaje clave en el gobierno de Uribe, no sólo por la reforma política, sino por la nube negra de la revocatoria, que podría indisponer al Congreso contra un gobierno que necesitará un definitivo apoyo parlamentario para adelantar las reformas que ya no dan un instante de espera. El candidato más opcionado es Jaime Castro, que ya anda gerenciando la reforma y que ofrece una interesante mezcla de político y de jurista, con la ventaja de que no tiene un pelo de bobo ni de primíparo.

Pero otro excelente candidato, para sellar un principio de unión nacional, sería Fabio Villegas, actual candidato a vice de Noemí. No sólo por su excelente condición humana sino por su veteranía, pues ya ejerció este cargo en el gobierno Gaviria y es evidente que el Congreso no le quedará grande.

Ministro de Defensa: cada vez veo con más afán la necesidad de que el embajador en Washington, Luis Alberto Moreno, permanezca en su cargo, por lo menos durante los primeros meses del gobierno de Uribe: es mucho el daño en la imagen que se le ha hecho al candidato, y nadie más efectivo que Moreno para que le arregle el caminado a Uribe con el gobierno y el Congreso gringos. Enrique Peñalosa, que era el candidato para esta embajada, podría colaborar con el próximo gobierno desde el Ministerio de Defensa. Con todo el dinero que se les está invirtiendo a nuestras Fuerzas Armadas se requiere un gerente que ejecute ordenadamente los recursos y un líder que tenga la autoridad para mantener la cohesión interna de la institución, en medio de la difícil guerra que tendremos que lidiar contra los alzados en armas.

Ministro de Hacienda: un excelente candidato para esta cartera es el ex ministro Roberto Junguito. Este economista doctrinario, con cara de “yo no fui”, ha sido exitoso en todo lo que se ha propuesto hacer en la vida. A pesar de no ser político, tiene un gran sentido crítico de las circunstancias, lo que le permitió, bajo el gobierno de BB, evitar un colapso cambiario. Pero si Uribe desea saltar de generación podría pensar en el actual decano de economía de Los Andes, Alberto Carrasquilla, niño genio, irreverente, muy sólido académicamente y un excelente columnista económico.

Tampoco se descarta que Uribe pueda volver a llamar a Rudolf Hommes. Aunque según un reciente escrito de este último en Diners, no hay nadie más insensato que un ex ministro de Hacienda que intente repetir...

Ministro de Relaciones: la candidata más opcionada es María Angela Holguín, niña consentida del candidato, pila y preparada, quien se ha forjado profesionalmente en las entrañas de la Cancillería y tiene un posgrado en relaciones internacionales. Precisamente a ella le encargó Uribe el estudio de cuántas embajadas y consulados de Colombia sobran en el mundo. También se habla de la actual embajadora en París, Marta Lucía Ramírez, incansable trabajadora pero demasiado rígida y aburrida para ablandar los problemas de imagen de Uribe en el exterior.

Ministros de Desarrollo y Comercio Exterior: aquí lanzo varios nombres: el del actual asesor de Noemí Sanín, Juan Luis Londoño, PhD en economía en Harvard, un excelente ser humano y un hombre de gran energía positiva. También propongo al economista Santiago Montenegro, otro asesor de Noemí, serio, reflexivo, analítico. A Mauricio Cabrera, serpista, que aportaría ideas desde la otra orilla económica, con lo cual indudablemente se enriquecería el modelo, sin llegar a los extremos ‘loquitos‘ de un Eduardo Sarmiento o un César González. También sugiero a Patricia Correa, actual superintendente bancaria, una hormiguita de trabajo de bajo perfil y cero protagonismo personal, que se ha lucido durante su actual gestión. Y por último, a su esposo, Roberto Steiner, actual director del Centro de Estudios Económicos de Los Andes, hombre de mucho carácter que defiende a fondo sus posiciones. También podría suceder que, habiéndolo bajado de la vicepresidencia, Uribe confirme a Eduardo Pizano en Desarrollo, donde especialmente en el tema de vivienda ha hecho una excelente gestión.

Ministro de Educación: mi candidato es Juan Lozano. El de esta cartera es un tema que lo desvela y Juan tiene algún día que darle un descanso al periodismo para permitirle una oportunidad a su hasta ahora no explotada vocación política, que brinca traviesamente entre los renglones de sus columnas. Aunque también habría la posibilidad de confirmar a su actual titular, Quico Lloreda, un ministro ejemplar que, lejos de ser un hijo de papi, ha demostrado una gran vocación de trabajo.

Ministro de Salud: sería perfecta la ex Dian,

Fanny Kertzman. Le sobra el carácter necesario para pelear la plata que necesitan los hospitales y para tomar las decisiones gerenciales que requiere el manejo de esta cartera, crítica para el bienestar de los colombianos. Es hora de que vuelvan a ladrar los perros de la Kertzman.

Ministro de Agricultura: por primera vez en muchos gobiernos, esta cartera no está huérfana. El ministro Rodrigo Villalba ha demostrado una gran voluntad y visión a largo plazo, de lo que es prueba su recién presentada ley general rural y su documento ‘agrovisión 2025’. Ah: además, una apropiada dosis de instinto politiquero le ha permitido resultar un gran conciliador entre los gremios y los distintos sectores agrarios. Merece que lo confirmen.

Ministro de Minas: propongo a Alberto Calderón Zuleta, un “yuppy workaholic” que se ha lucido en la presidencia de Ecopetrol, desde donde ha logrado lo imposible en este momento del país: intensificar el interés de inversionistas extranjeros en el petróleo colombiano. Además, ha capoteado, con cero alcahuetería y mucha inteligencia, el difícil manejo del sindicato de Ecopetrol. Sólo tiene un enemigo proveniente del Atlético Lagarteiro, aspirante a esta cartera: el ex procurador Carlos Gustavo Arrieta.

Ministro de Justicia: un excelente candidato sería el abogado Fernando Londoño Hoyos, hombre de conocido temperamento y voluntariedad y por lo tanto uno de los pocos colombianos capaces de darle un verdadero vuelco al tema de la justicia en Colombia. Es cercano asesor de Uribe en temas jurídicos.

Ministro de Transporte: sería original ensayar al actual presidente de Aces, Juan Emilio Posada, para que de manejar el tráfico aéreo aterrice en el terrestre. Ya cumplió con la meta de fusionar a Avianca con Aces. En el proceso demostró ser la esencia del pragmatismo: en tan difícil negociación comenzó siendo el David y terminó de Goliat. Su principal credencial es la de ser un hombre de resultados concretos. Si los ha dado en el cielo, ¿por qué no darlos ahora en la tierra?

Ministro de Trabajo: la onda de entregarle este ministerio a personas cercanas al sindicalismo merece continuarse. Propongo para esta cartera al profesor e investigador Beethoven Herrera, superlúcido asesor económico de Lucho Garzón, con una sola condición: que se cambie el nombre, aunque sea por el de Beto.

Ministro de Comunicaciones: ¡que no se les ocurra nombrar a un periodista! Al frente de esta cartera necesitamos a alguien capaz de enfrentar el desafío tecnológico del tema de las comunicaciones. Se me ocurre que el gerente de la campaña de Noemí, el hombre que montó el Transmilenio, Ignacio de Guzmán, sería excelente en esta cartera. Pero tengo otro candidato que no necesita presentación: el empresario Augusto López Valencia, quien maneja las riendas de la campaña serpista, a quien el futuro de las comunicaciones le ‘requetecabe’ en la cabeza.

Seguro Social: propongo que no muevan de ahí a Guillermo Fino, y no precisamente por el problema de trastear su inmensa humanidad, sino porque este excelente funcionario garantiza una valiosa continuidad en el proceso de reformar y salvar al Seguro.

Zar Antisecuestro: Pacho, para que coja oficio. Que sea precisamente el vicepresidente el que se ponga al frente del control de esta peste que nos tiene postrados a los colombianos, le da un peso específico a una misión que no necesita burócratas sino gerente.

Secretario General de la Presidencia: Uribe podría decidirse por el empresario antioqueño José Roberto Arango, quizás el hombre más cercano al candidato, y quien fuera su secretario de Hacienda. Aunque también veo en este cargo al actual director del diario Portafolio, Mauricio Rodríguez: sería ideal para ejercer la coordinación entre el presidente y sus ministros. Si ha podido coordinar a los Santos... Mauricio es un tecnócrata con vocación de humanista, creativo e ingenioso, una interesante combinación para ser el vocero del presidente de la República. Y tendría toda su confianza: es uno de los pocos que le hablan al oído a Alvaro Uribe. Pero Mauricio también sería un excelente director de Planeación.

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A todas estas, habría que resolver qué hacer con el controvertido industrial Pedro Juan Moreno, culpable de una buena dosis de la leyenda negra que se le achaca a Alvaro Uribe. El país entendería que por austeridad se cerraran todos los consulados menos el de Helsinki, donde Moreno se mantendría a una conveniente distancia de Colombia. Pero también habría la posibilidad de mandárselo de embajador a Chávez: si todo lo que dicen de Moreno es cierto, ¿quién mejor para defendernos de la ira del coronel, por cuenta de la alegría que se nos ‘chispoteó’ a los colombianos durante el breve lapso de su caída?

ENTRETANTO… La ideología según José Gregorio Hernández, el ‘vicecandidato fallo’: por la paga, defiende la no congelación de los servicios. Por los votos, defiende la congelación...

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