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Opinión

  • | 2014/04/25 00:00

    Mercedes y Gabo

    Mercedes y su familia le han dado ejemplo al mundo de cómo se maneja el duelo de un grande. Con estoicismo; con elegancia y sobriedad y sobre todo sin aspavientos ni exageraciones.

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Desde el pasado jueves santo, cuando me enteré de su muerte, cada vez que pienso en Gabo, llega a mi mente en compañía de Mercedes. 

Recuerdo que Gerald Martin, su biógrafo “tolerado”, contó que Gabo le dijo alguna vez cuando estaba escribiendo la biografía, que todo ser humano tiene tres vidas, una  pública, una privada y una secreta. Quien seguramente conoce mejor esas tres vidas, se llama Mercedes; esa mujer que estuvo siempre a su lado en las dulces y en las amargas. Estoy segura de que sufrió, gozó o muchas veces simplemente toleró, algunos episodios de esas vidas. Como mujer, intuyo que vivir con un hombre como Gabo no debió ser tarea fácil. Pero ella supo cómo llevarlo, cómo apoyarlo, cómo estimularlo, cómo acompañarlo, como tolerarlo y también cómo protegerlo. 

Ella tuvo sobre Gabo un efecto Pigmalión. Ese efecto positivo que una persona ejerce sobre otra para influir en su desempeño. Ella, no sólo lo amaba sino que confiaba ciegamente en su talento y por eso aportó todo lo que estuvo a su alcance para que Gabo escribiera. Él lo sabía y eso le daba la seguridad que necesitaba para dedicarse sin aliento a escribir. Dicen, quienes la conocen bien, que es una mujer recia e inteligente. Tiene que ser inteligente una mujer a la que un escritor de la calidad de Gabo, entregaba sus manuscritos para que fuera su primera lectora. Me gusta imaginarlos discutiendo por alguna palabra o por algún episodio sobre el que ella no estuviera de acuerdo. 

Si su muerte nos conmovió tanto a quienes no lo conocimos, no quiero ni imaginarme lo devastada que debe estar ella después de vivir toda una vida a su lado. Sin embargo, Mercedes y su familia le han dado ejemplo al mundo de cómo se maneja el duelo de un grande. Con estoicismo; con elegancia y sobriedad y sobre todo sin aspavientos ni exageraciones.  

Que si sus restos se traen para Colombia o se quedan en México, que si se reparten en dos como si un hombre como Gabo fuera divisible, que si un poquito para ti y otro para mí. Creo que Gabo no es una reliquia como para ir guardando por el mundo pedacitos de él. Suficiente legado tiene ya la humanidad descansen donde descansen sus restos. Gabo ya está en todas partes. Opinemos lo que queramos opinar, finalmente, como decía una amiga, “la dueña del muerto es Mercedes” y hará lo que a ella le parezca mejor. 
 
No hubiera querido decir la frase manida de que detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer, porque también puede ser al revés, pero en este caso es absolutamente cierta. Además, Gabo decía que le gustaba estar entre mujeres. Se sentía cómodo. Respetaba a las mujeres y las entendía. Gabo era un feminista, aunque algunas lo duden.

Ahora Mercedes, con la reciedumbre de Úrsula, se preparará para vivir una buena vejez seguramente siguiendo el consejo de Gabo de que para lograrlo, debe hacer un pacto honrado con la soledad. Su compañía, contribuyó en gran medida a que hoy estemos celebrando su obra y llorando su muerte. 

Gracias Mercedes y sentido pésame. 

iliana.restrepo@gmail.com
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