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Opinión

  • | 2005/07/30 00:00

    'Gabo' ya no es colombiano

    Un día Gabriel García Márquez dejó de ser colombiano para ser cubano. Pero ahora no es lo uno ni lo otro, opina José Manuel Acevedo Medina.

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"Macondo era entonces una aldea de 20 casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas (.) El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo"
Gabriel García Márquez.

... Pero Macondo, que no por eso dejó de ser menos mágico y menos Macondo... Abandonó buena parte de su fantástico pasado a medida que el tiempo transcurría y las pestes y los debacles sociales y políticos se metían entre sus casas y entre sus personajes sin ninguna compasión.

'Gabo' no fue ajeno a estas transformaciones, que iba registrando con magnificencia al pasar de las páginas de Cien Años de Soledad. "Macondo estaba en ruinas. En los pantanos de las calles quedaban muebles despedazados, esqueletos de animales, los últimos recuerdos de las hordas de advenedizos que se fugaron de Macondo tan atolondradamente como habían llegado". Algo así le ocurría a su natal Aracataca. Algo así le estaba sucediendo a Colombia, mientras García Márquez se confundía entre sus innumerables reconocimientos, incluido el Premio Nobel del 82 y las muchas páginas de sus nuevas obras que fueron apareciendo después.

"'Gabo' ya no le pertenecía a Colombia sino al mundo", decían unos. La verdad es que 'Gabo' se aferró tanto a su 'realismo mágico', que terminó atrapado en el tiempo, preso de sus idilios y alejado de cualquier indicio de racionalidad. Ya habría alcanzado lo que cualquier ser humano a su edad pretende en su mortal existencia: plata, reconocimiento universal y, a lo mejor, si tuvo suerte, el amor de su mujer y de su familia.

No sé bien en qué fecha García Márquez dejó de ser colombiano para convertirse en cubano, pero así pasó. Le preocupaba más la revolución comunista que la desmoralización de la clase política colombiana. Sus pocas propuestas relevantes en el terreno político le pertenecían todas a la isla que construyó junto a Fidel Castro. Puede que algún día su romance alcanzara a ilusionar a más de uno y les diera esperanzas a cubanos y a latinoamericanos soñadores.

Lo cierto es que poco a poco, el tiempo y la realidad, no mágica, sino tangible e innegable, se han encargado de demostrar que el poder y la tiranía no distinguen entre izquierdas o derechas y que uno puede ser tan malo y censurable en cualquiera de las dos orillas.

A él no le importa. Ya no es colombiano ni tampoco cubano. Eso sí, procura no faltar a las misiones que le encomienda su amigo Fidel y sirve como ilustre mensajero de cartas secretas. Como en el episodio que contó hace un par de meses El Tiempo, cuando llevó un sobre confidencial a Bill Clinton que le hacía llegar el comandante Castro. ¿Cuántas cartas les habrá llevado a este y a otros mandatarios del mundo, suplicándoles su concurso para sacar a Colombia del atolladero? ¿Será tan eficiente como mandadero cuando se trata de nuestro país?

¿Y qué decir de su mudez la última ocasión en que el régimen castrista ejecutó 75 disidentes? Sólo cuando la escritora norteamericana Susan Sontag lo denunció, salió a decir un par de palabras completamente difusas.

Está bien que algunos escritores no quieran meterse en temas políticos. Pero cuando lo hacen, como la ha hecho Gabo, deben asumir todas las responsabilidades del caso y hablar siempre que ocurran sucesos como ese, bien para reafirmarse en su posición o para retractarse cuando toca.

Mientras Fernando Botero aumenta sus donaciones y denuncia crímenes monstruosos como los de Abu Grahib; mientras José Saramago renuncia al comunismo y advierte que no puede seguir apoyando la brutalidad del régimen castrista; incluso, mientras Fernando Vallejo deja saber que los animales merecen la pena mucho más que los infelices seres humanos, 'Gabo' guarda un cómplice silencio y se margina del mundo, para dedicarse por entero a su amistad con Fidel.

De Aracataca queda poco. La última vez que el Nobel vino a Colombia no quiso visitarla, ni siquiera para darse cuenta de lo olvidada que está. El Alcalde del municipio tuvo que viajar hasta Cartagena y con suerte logró verlo y, supuestamente, comprometerlo. Hasta la fecha ignoro si el compromiso se habrá hecho efectivo. Por lo menos la prensa no ha dicho nada al respecto.

De Colombia también queda poco. "Macondo era ya un pavoroso remolino de polvo y escombros...".

García Márquez permanecerá en la memoria como un gran escritor. De su relación con Colombia sólo quedará el azar que lo hizo nacer en un pueblito costeño que hace rato olvidó.

jmam@columnist.com
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