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Opinión

  • | 2005/05/15 00:00

    Galán y Santofimio

    Mientras Galán trabajaba en afilarse como alternativa de la antipolítica, Santofimio caía en la tentación de las garras más corruptas

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Mientras nos confirman, después de 16 años de asesinado, si Alberto Santofimio fue efectivamente el autor intelectual de la muerte de Luis Carlos Galán, valdrían unas reflexiones sobre estas vidas paralelas.

A Santofimio, el ex ministro y ex parlamentario del Tolima, uno de los más brillantes exponentes de su generación, íbamos a tenerlo de presidente de la República. Igual que a Galán, por lo mismo: era el otro gran exponente de la misma generación. La diferencia, ambos 'madurados biches' del sistema político, fue que el primero arruinó irremediablemente su carrera, mientras al segundo lo asesinaron cuando iba a culminarla.

Santofimio había comenzado su arrebatadora proyección pública a los 21 años, como secretario de Gobierno de Ibagué. Para entonces era el perfecto exponente del relevo generacional de la clase política, hasta el punto de que en el gobierno de López Michelsen fue nombrado ministro de Justicia, a los 32 años. Una audacia que previamente había sido superada por Luis Carlos Galán, nombrado ministro de Educación por Misael Pastrana a los 26.

Ambos fueron ministros muy controvertidos por sus relativos logros. Uno se estrelló con las Cortes; el otro, con los estudiantes. Y ambos, después de sus respectivos ministerios, aterrizaron en el Congreso, donde fueron protagonistas de brillantes enfrentamientos parlamentarios.

Al senador Santofimio, como orador tremendamente efectista y disparado como pichón de candidato a la Presidencia -en ese momento nadie dudaba de que seguramente sería presidente una vez, y quién sabe si dos-, no le ganaba nadie. Pero Galán comenzó a surgir también en ese momento como promisorio aspirante a presidente, después de un histórico debate parlamentario en el que aplastó a Santofimio.

Éste lo acusó de que había sido pésimo ministro, de tener un papá que como dirigente de Ecopetrol buscaba petróleo con un palito y de haber ocasionado el gravísimo fracaso del liberalismo cuando las elecciones las ganó Belisario Betancur. Galán, que no estaba avisado de la embestida, contestó con gran valor y compostura, durante un debate que duró cuatro horas y que nadie duda de que ganó, quizás firmando ahí la sentencia de enemistad que hoy se ventila ante la justicia bajo la gravedad de la acusación de asesinato.

Pero mientras Galán trabajaba en afilarse como la alternativa de la antipolítica, Santofimio caía en la tentación de las garras más corruptas.

En su calidad de presidente de la Cámara, Santofimio fue acusado por otro político de la época, su coterráneo Rafael Caicedo Espinosa, de realizar contratos a favor de personas fallecidas y menores de edad. Estuvo seis meses en la cárcel, durante los cuales su prestigio político no hizo sino aumentar. Hasta el punto que en la disputa regional por la candidatura presidencial del liberalismo de la época, en virtud del famoso 'pacto de San Carlos', Santofimio, ¡desde la cárcel!, le puso en sus predios 180.00 votos a Julio César Turbay, mientras que Carlos Lleras Restrepo solo obtuvo 20.000, apoyado febrilmente por el entusiasta Luis Carlos Galán.

Pero ya comenzaba la decadencia del joven Napoleón Santofimio, como se le conocía en su época. Se dice que para ocultar los tejemanejes de los contratos que otorgó como presidente de la Cámara, se inventó la famosa resolución 398, transfiriéndole a su entonces jefe de personal cuantiosos movimientos de dinero. Volvió a ser denunciado por Caicedo, al cual Santofimio le metió demanda por calumnia e injuria. Con la asesoría de quien sería fiscal de la Nación, Alfonso Gómez Méndez, no solo Caicedo terminó siendo absuelto, sino Santofimio acusado de uno de los delitos más exóticos de la época: para ocultar las huellas de los pagos que supuestamente él y sus amigos recibieron, mandó a borrar con ácido microfilmes de reveladores movimientos bancarios.

Posteriormente, Santofimio saltó a una asociación todavía no muy aclarada con el cartel de Cali, del que recibió una jugosa financiación política que habría de engrosar los archivos del 8.000. Una sentencia anticipada por confesión del acusado volvió a dejarlo libre.

Pero como si nada de lo anterior fuera suficiente, además Santofimio está señalado de ser uno de los parlamentarios beneficiados con una pensión de jubilación ilegalmente exorbitante.

Hoy Galán está muerto. Santofimio, detenido bajo la sospecha de haber ordenado su asesinato. Y después culpan a Shakespeare de haberse inventado las tragedias más absurdas de la humanidad.
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