Domingo, 4 de diciembre de 2016

| 2016/01/22 11:15

El tesoro de esmeraldas del galeón San José

La recuperación arqueológica de la carga del San José va a esclarecer muchas dudas históricas relacionadas tanto con las minas de esmeralda como con el tráfico a bordo de las flotas de galeones.

Daniel de Narváez

Todas las 6,000 esmeraldas hasta hoy recuperadas del galeón Nuestra Señora de Atocha, hundido en 1622 cerca del Cayo de Matacumbe en la Florida, eran de contrabando. No existe en los registros de la carga que sobrevivieron, por estar en otro galeón de la flota, ninguna esmeralda relacionada en sus manifiestos. Uno de los tripulantes, que milagrosamente sobrevive la tragedia, es enjuiciado en corte marcial y declara que le ayudó al propio Almirante Pedro de Pasquier a introducir ilegalmente un baúl de 30 kilos lleno de esmeraldas de Muzo. Hace apenas unas semanas, el 22 de diciembre, rescataron un anillo de esmeralda del Atocha que ha sido avaluado en US$550,000. ¿Cuántos baúles de esmeraldas estarían a bordo del galeón San José?

Nuestro primer gran escándalo de corrupción oficial relacionado con esmeraldas ocurrió poco después del 9 de agosto de 1564 cuando Alonso Ramírez Gaseo “descubriera” en el Cerro de Itoco la mina indígena de Muzo. La esposa del presidente Andrés Díaz Venero de Leiva, doña María de Ondegardo, recién llegada a la Nueva Granada, no se pudo contener. Se embolsilló 50 esmeraldas, tres de espectacular calidad, según la denuncia instaurada por el propio descubridor Ramírez Gaseo en un voluminoso expediente.

La recuperación arqueológica de la carga del San José va a permitir esclarecer muchas dudas históricas relacionadas tanto con las minas de esmeralda como con el tráfico de los caudales en la Carrera de Indias a bordo de las flotas de galeones. Todo comenzaba con la llegada de los galeones de Cartagena con todo tipo de mercancías de España y de los comerciantes de Lima con toneladas de plata y oro a la famosa feria de Portobelo, Panamá. La feria anterior a la de 1708 había sido en 1696, doce años antes. Así que ninguna flota española había llegado a Tierra Firme, acumulándose en las colonias cantidades enormes de oro, plata y joyas. Según afirmaba un clérigo inglés, de paso por el istmo de Panamá, “no hay feria más rica en todo el mundo que la que se hace en Portobelo entre los comerciantes españoles, Perú, Panamá y otros lugres vecinos”.

El tráfico ilícito era sin duda la característica dominante de esta feria, con el permiso tácito del Consejo de Indias y de la Casa de Contratación en Sevilla, pero la magnitud nunca se ha podido determinar con ninguna exactitud y el San José va a ser una radiografía precisa que nos esclarecerá muchos detalles, remontándonos a esa capsula del tiempo que es un naufragio. Un escandaloso caso de corrupción en la Flota de Tierra Firme que zarpó de Portobelo a Sevilla en 1624, fue expuesto por un funcionario de la época, donde solo se habían registrado 1’385,297 pesos de a ocho (o patacones) cuando en realidad lleva 9’340,422 pesos de a ocho, es decir que solo se registró ese año el 14% de la carga (Vila Vilar, La Feria de Portobelo). Originalmente y en teoría la flota de galeones que llegaba a Cartagena, la de Tierra Firme, tenía una periodicidad anual, pero esto cambió con el tiempo y en los 50 años antes del hundimiento del San José solo hubo 15 flotas, acumulando inmensas sumas de oro y plata en Panamá.

Durante la época colonial las esmeraldas tenían cuatro categorías según su calidad: las mejores, las que coloquialmente se llaman hoy “gota de aceite” se denominaban “piedras de cuenta” o de “primera suerte”. Todas las esmeraldas debían pagarle a la Corona un impuesto del 20% o el “quinto real” en especie pero no las “de cuenta” las cuales, por ser excepcionales, se debían rematar y el quinto pagado en oro de 22 ½ quilates o patacones de plata (reales de a ocho). Sin embargo estas exquisitas y rarísimas piedras casi nunca eran declaradas, como se desprende de los archivos coloniales de Tunja y de Sevilla. Las esmeraldas de segunda suerte también eran piedras de excelente calidad, de un verde profundo transparente con pocas inclusiones o “jardines” y las de tercera suerte, que constituían la gran mayoría, eran piedras comerciales de mediana calidad. Las peores esmeraldas, que se conocen hoy como morrallas, se llamaban en la época colonial “plasmas”. Entre 1595 y 1709 tan solo menos del 4% de las esmeraldas registradas fueron de primera suerte, el 21% de segunda suerte y el 75% de tercera, muy representativo de la distribución de una producción en las mina de Muzo hoy en día. En los dos años inmediatamente anteriores al hundimiento del San José, hubo un importante aumento en la producción de esmeraldas, según datos de la Caja Real de Muzo. Así que se puede esperar que varios de dueños de las minas de Muzo y Coscuez, particularmente el capitán don José de Ricaurte y Verdugo las hubiera llevado a la feria de Portobelo para comercializarlas allí y ser transportadas a bordo de los galeones, un sustancial cargamento de esmeraldas, todas de contrabando, en la carga del San José.

Estando el Conde de Casa Alegre ya en Panamá al frente de la Feria de Portobelo, desde el 10 de febrero de 1708, envían de Bogotá a Cartagena una remesa de las esmeraldas del Rey, según aparece en un registro en el Archivo General de Indias (Santa Fe 1701-1722): “Relación y carta quenta de la plata y esmeraldas que los oficiales reales de Santa Fe del Nuevo Reino de Granada han remitido a los oficiales reales de la ciudad y provincia de Cartagena para que se envíe a los Reinos de España en esta presente ocasión de Armada del cargo del general Conde de Casa Alegre registrada por cuenta de Su Majestad en capitana y almiranta que se ha de entregar a sus maestres de plata con intervención del dicho general y almirante de la dicha Armada consignado al tesoro general del Real Consejo de las Indias o a su apoderado que se compone de los efectos siguientes…Asimismo se remiten y se le han entregado al dicho capitán Thomás de León y Cervantes 598 p.s de peso de oro de esmeraldas de segunda suerte y 1 mil 900 p.s y 4 tomines de peso de oro de esmeraldas plasmas de tercera suerte procedidas de los quintos de ellas de la ciudad de Muzo.” Parecería que estos lotes de esmeraldas nunca se embarcaron en el San José por estar fechado este documento el 17 de marzo de 1708, estando el San José ya en Panamá. Tampoco aparece ninguna de estas partidas en el registro de la Almiranta San Joaquín a su llegada a Cartagena tras el enfrentamiento con los ingleses.

Para entender mejor estas cifras de las esmeraldas del Rey y su magnitud, los 598 pesos de oro de esmeraldas de segunda suerte, equivalen a 13.754 quilates (2,75 kilos) y los 1,900 pesos de oro de esmeralda de tercera suerte son 43.700 quilates (8,74 kilos). En 1706 la Caja Real de Muzo recaudó por el quinto real, esmeraldas de segunda suerte, por un peso de 130 pesos de oro, un 21% de los 598 pesos de oro de estas esmeraldas enviadas a Cartagena (Dr. Kris Lane The Colour of Paradise). Las cifras del quinto real, que representan estos 11 ½ kilos de esmeraldas, coinciden plenamente con las producciones registrada desde 1699 hasta 1706, de unos 57,000 quilates, 7 años de producción de las minas de Muzo, según los registros de la Caja Real de Muzo. Puesto que el quinto real solo representa el 20% de la producción registrada, sabiendo que la evasión era altísima, podríamos estimar que el volumen de esmeraldas a bordo del San José ciertamente podría estar acorde con al menos dos baúles de 30 kilos, iguales al del Almirante Pasquier del Atocha.

Las únicas esmeraldas, aunque no en bruto sino engastadas, que he podido determinar si aparecen registradas a bordo del San José (AGI Consulados 514), son “gran número de alhajas con esmeraldas y diamantes por intereses de la quiebra de Cristóbal de Barabarrena”.

Hoy podemos determinar aquí en Colombia con total exactitud y precisión el origen geográfico de una esmeralda, distinguiendo no solo entre las de Zambia, Rusia, Brasil y Afganistán de las de Muzo, Coscuez, Chivor, Peñas Blancas y La Pita sino que podemos diferenciar entre zonas de la misma mina, gracias a la huella digital espectral determinada utilizando equipos de espectroscopia FTIR infrarroja y ultravioleta-visible. Esta tecnología de punta, que tenemos en nuestro laboratorio CDTEC en Bogotá, nos permitió recientemente descubrir con la colaboración de un laboratorio francés y otro suizo, denunciar un fabuloso fraude orquestado por unos estafadores que intentaban hacer pasar baúles repletos de esmeraldas “modernas” (36 kilos) por esmeraldas provenientes de un naufragio colonial de un galeón en los cayos de la Florida. Finalmente tras realizar 40 pruebas de espectroscopia, le informé al juez de la presencia de esmeraldas de La Pita (descubierta en 1999) y de muchas otras tratadas con aceites y diferentes resinas sintéticas modernas. El estafador se suicidó pero esta historia será para otra oportunidad.

Cuando se recupere el tesoro del San José, sabremos el volumen de esmeraldas de contrabando que iba a bordo, sabremos también si eran todas de la mina de Muzo, lo más probable, o de la de Coscuez pues no hay certeza de si para 1708 ya se habían reanudado las labores extractivas allí. Un fuerte terremoto el 3 de abril de 1646 devastó la zona de Muzo/Coscuez y un catastrófico derrumbe en las minas de Coscuez, dos meses después, probablemente relacionado con debilitamiento de las excavaciones producto del sismo, enterró a 300 mineros. Parecería que esta mina fue clausurada por casi 200 años y en 1850 se encontraron los restos de los mineros en una clavada taponada, según narra Domínguez en su Historia de las Esmeraldas de Colombia. Los registros del quinto real no son nada claros con relación a las minas de Coscuez. Las minas de Chivor fueron abandonadas por los españoles en 1563 después del descubrimiento de Muzo durante 300 años, por la gran dificultad de conducir el agua para el laboreo de las excavaciones. Aparecen sí reportes de trabajos clandestinos en Chivor después de su abandono, el presbítero Pedro Solís de Valenzuela entabla un proceso de posesión en 1672 pero no existen registros del pago del quinto real después de 1563.

Interesante poder ver la calidad y numero de las esmeraldas del San José, interesante determinar si todas provenían de la mina de Muzo o si hay de Coscuez y de Chivor, interesante ver las alhajas de Cristobal de Barabarrena.

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