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Opinión

  • | 2013/02/26 00:00

    Gallos, cine y gas: Caos en el cafetal

    Podría pensarse que, en gran medida, el paro de caficultores es uno de los tantos efectos de la precaria gobernanza colombiana.

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Sorprende el paro de los cafeteros en Colombia, quienes según informes gubernamentales han sido históricamente los mayores beneficiarios de ayudas oficiales dirigidas a mejorar la productividad, garantizar la sostenibilidad y mantener la paz. Sin embargo, la manifestación popular se convierte en una nueva alarma para el Presidente Santos, quien trata de convencer masas manejando yipao, repartiendo subsidios y yendo de Carnaval.

Factores como los precios internacionales del commodity, fenómenos climáticos y problemas de comunicación entre pequeños productores y el gobierno nacional, han conducido al descontento de los campesinos -indígenas, afrocolombianos y colonos- que se lanzaron a las maltrechas carreteras nacionales.

Supuestamente inesperado es el levantamiento popular de los pequeños productores  y su menos discutida falta de credibilidad, hacia el gremio caficultor como agente de mediación. Sin embargo, las mismas vías de hecho que se presentan en torno a la minería o la falta de apoyo al sector caficultor, evidencian la baja de capacidad de la sociedad civil colombiana, para desempeñar un papel activo y duradero en el establecimiento de prioridades y necesidades de los sectores vulnerables.
 
A pesar de la larga y estrecha relación de los cafeteros colombianos con los diferentes gobiernos de la república, los hechos recientes parecen mostrar que no se han discutido temas relevantes del mercado cafetero en Colombia, con todos los actores sociales, políticos y económicos involucrados. 

En 1927 se inicia un capítulo importante para la historia económica colombiana y su camino hacia la inserción en el mercado capitalista del Siglo XX. La creación de la Federación Nacional de Cafeteros se convirtió en un gran paso en esta empresa, y desde entonces se discuten factores relevantes como los cambios en el uso del suelo, la modernización del transporte, el crecimiento industrial, la presencia del Estado en zonas vulnerables, el fortalecimiento de organizaciones sociales/gremiales y el importante asunto de los ingresos fiscales. 

Esos mismos temas se discuten hoy en la Mesa de Diálogo de la Habana y en la carretera que comunica  Caquetá con Buenaventura, sin que se evidencie solidez por parte del Estado colombiano para generar espacios serios y estratégicos de deliberación pública. Esta visión colonial, ha conducido a respetados columnistas a considerar la Consulta Previa, Libre e Informada como un despropósito y como un instrumento jurídico que no merecen las etnias aventajadas y víctimas del “populismo jurisprudencial.”

Resulta paradójico saber que el Guasón protector de los huevitos - El Gallo del Centro- coincida en una lucha social con veteranos líderes de izquierda, sobre la problemática del sector agroindustrial. Situación que empieza a ser utilizada dentro del juego electoral y  patriotero de la extrema derecha y la extrema izquierda, en el que la clase política aprovecha y trata de posar como actor de reparto. Esta situación ha opacado temas fundamentales como la diversificación agroindustrial, la reconfiguración del territorio nacional y las nuevas dinámicas del crimen organizado.

Pero en este país de supuestos campesinos rufianes, no parece sorprender que la protesta social crece y generalmente se justifica en la falta de gestión de gobiernos locales, regionales y nacionales, que han pasado por alto los intereses de los de ruana, azadón y casco. La democracia bananera es un sistema basado en un cheque en blanco, en el que los lideres gremiales, políticos y sociales levantan las banderas cada vez que el acceso a rentas disminuye. Mientras tanto, los pequeños y medianos productores ponen en riesgo el derecho a la seguridad alimentaria y en la Casa de Nari y Popayán, siguen creyendo que eso de la comunicación para el desarrollo es un cuento neohippie o neoliberal.

De momento, parece que la falta de espacios de deliberación pública  ha conducido a una situación que según algunos analistas se veía venir, y en la que se va evaporando la posibilidad de definir en conjunto alternativas que conduzcan a la superación de la pobreza, el crecimiento económico, la inserción al mercado internacional y el cuidado del entorno ambiental. La democracia participativa no debería seguir siendo esa caricatura en la que “tod@s l@s ciudanan@s” opinan, sino en la que existen espacios deliberativos mediados por una sociedad civil que incida en la formulación de políticas públicas y no en los titulares de los medios de comunicación. 

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Panta Rei

En el marco del boom del shale gas en el mercado mundial, se disminuye en Colombia la producción de carbón y la pasajera veeduría ciudadana sobre  las chambonadas de la Drummond y la disputa laboral del Cerrejón. Mientras tanto,  el gremio minero habla de desarrollo institucional y de su relevancia para poner a rodar a todo vapor la locomotora minera. Estos temas irrelevantes, han ocasionado que se pase de largo la visita del emir de Catar, quien de seguro estará interesado en invertir en algún equipo de fútbol como el Alianza Petrolera, siguiendo las recomendaciones del Doctor Rengifo.

* Politólogo, investigador y consultor. Ha realizado estudios para agencias gubernamentales, empresas del sector minero, organismos multilaterales, organizaciones de la sociedad civil, centros académicos y empresas de derecha, centro e izquierda. Le parece más grave la falta de acceso a la salud que una corrida de toros. Ni blanco ni negro... es mejor la bandera gay. En Twitter: @alecroix
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