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Opinión

  • | 2015/03/18 13:28

    Gana Petro, pierde la Corte

    La inoportuna decisión de revivir la revocatoria del alcalde de Bogotá causa desconcierto.

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La única decisión que la Corte Constitucional no podía tomar en los días más críticos de su historia es la de revivir la revocatoria del alcalde de Bogotá, Gustavo Petro. Y, sin embargo, lo hizo. Le dio un plazo de dos meses a la Registraduría para que convoque a los comicios en los cuales se definirá la continuidad del mandatario distrital. Es la cereza que la faltaba al esperpéntico pastel condimentado con órdenes, contraordenes, suspensiones, reintegros, incisos, numerales, parágrafos, autos, tutelas y resoluciones que tiene indigestados a los habitantes de la capital.

La decisión fue tomada por la Sala Quinta de la corporación, integrada por los magistrados Gloria Stella Ortiz Delgado, quien la presidió; Jorge Iván Palacio Palacio, y Jorge Ignacio Pretelt Chaljub. Sí, el mismo Pretelt Chajulb que a estas horas tiene a buena parte de las instituciones de pies exigiéndole que se vaya.

Desde la cúpula de la justicia, sus colegas magistrados, pasando por la Presidencia de la República, el Senado y la mayoría de los medios de comunicación, le sugieren, le exigen que ya no más. No hay antecedentes recientes en los que hubiera consenso entre los poderes ejecutivo, legislativo, judicial  y la prensa de decirle a alguien que basta, que no sea caradura y que se vaya de una vez por todas.

Justo en este instante y cuando se esperaba que de la Corte saliera humo blanco para anunciar un cambio, viene esta decisión sobre Petro que se da a escasos siete meses de las elecciones para votar por su reemplazo. Por eso, el fallo no podía ser más inoportuno y desconcertante.

Es tan incomprensible, que hasta el propulsor de la revocatoria, el dirigente conservador Miguel Gómez, se mostró en desacuerdo. Su tono de voz en sus primeras reacciones de este miércoles exhibía una fatiga enorme. Basta imaginar que él inició la recolección de firmas en el 2013, esto es muchos meses atrás. Después vino la lenta comprobación de que las firmas fueran válidas y el anuncio, por fin, de que la votación se haría el 2 de marzo del 2014.

Para darle más elementos a este sainete vino el aplazamiento de la jornada para el 9 de abril, también del 2014, porque se argumentó que el Ministerio de Hacienda se tardó en girar los recursos económicos necesarios, que según varios cálculos pasa de 50.000 millones de pesos, para la logística y conteo de votos. Mientras este ministerio agarraba la plata, corría presuroso un proceso administrativo disciplinario por parte de la Procuraduría General de la Nación que sancionó al alcalde con la destitución del cargo e inhabilidad para ejercer cargos públicos por 15 años.

Al espectáculo circense entraron entonces el Consejo de Estado, el Tribunal Administrativo de Cundinamarca, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y hasta una estancia tan absolutamente extraña para el ciudadano del común como la Sala de Restitución de Tierras del Tribunal Superior de Bogotá. Posiblemente nunca tantas instituciones y personas habían hecho gala del santanderismo que corre por nuestro ADN.
 
Y en este kafkiano camino, Petro, que según la Veeduría Distrital raja al alcalde por su pobre gestión de la que “no carece de recursos” sino por su “incapacidad para ejecutarlos”, empezó a alimentar su figura. Orador locuaz, inteligente, puso el verbo, el micrófono y el Twitter al servicio de su propio engrandecimiento. La ciudad –y buena parte del país– se fracturó entre quienes creen que es un mal alcalde y quienes lo consideran un visionario que incluso debe salir del Palacio Liévano directo para ir a la Casa de Nariño.

Eso lo sabe él. Y tenía tan buena información de lo que iba a hacer la Corte Constitucional, que hace unos días anunció con entusiasmo que estaría “encantado” de defender en las urnas sus programa de Bogotá Humana. Sabe que cuenta con una legión de seguidores que no lo ven como un político con virtudes y defectos, sino como un Mesías al que debe seguirse ciegamente como si se tratara de una religión.

Por eso, sus trinos frente a la revocatoria auguran su propio triunfo. Aquí vamos otra vez a una discusión agobiante, árida y que conducirá a una pérdida de valioso tiempo. Entretanto, la Corte sigue causando confusión.

* Director de Semana.com
Twitter: @armandoneira

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