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Opinión

  • | 2012/06/02 00:00

    ¿Ganarán el pulso Uribe y Márquez?

    Si las corrientes de Uribe y Márquez se imponen en este momento, solo tendremos más muerte y más dolor tras la vana ilusión de un triunfo militar.

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Hay una ley de hierro en todos los conflictos armados: cada vez que surge la posibilidad de unas negociaciones de paz para poner fin a la guerra, las fracciones extremas de los bandos endurecen las posiciones, intensifican su protagonismo y son capaces de promover o realizar acciones para crear un ambiente especialmente negativo en la opinión pública y en las filas de los contendientes hacia cualquier solución negociada.

Es lo que ocurre en los últimos meses en Colombia. El presidente Santos ha dado un paso hacia adelante en la búsqueda de la reconciliación impulsando un Marco Jurídico para la Paz y elevando la apuesta de las reformas sociales con el anuncio de 100.000 viviendas gratis, la Ley de Desarrollo Agrario y la reparación de las víctimas y la restitución de tierras. En su patio se alza la estruendosa voz de Álvaro Uribe que unas veces se opone rotundamente a los proyectos y otras veces propone modificaciones para hacerlos inocuos.

Las Farc, en cabeza de Timochenko, se comprometen a abolir el secuestro, liberan a varios cautivos y empujan la Marcha Patriótica, un movimiento político y social de carácter civil con evidente arraigo en las zonas de influencia insurgente que enarbola la bandera de la paz. Pero en su lado no hay pleno consenso. El discurso de Iván Márquez es duro y exigente y está acompañado de vistosas acciones en la frontera con Venezuela.

No son solo palabras. En medio de los debates se produce el atentado contra el exministro Fernando Londoño; se desatan reclamos y presiones de las Fuerzas Armadas alrededor del fuero militar, de los fallos de la Justicia y de las condiciones de vida de los oficiales y suboficiales en retiro, y se ensayan maniobras diversas para incubar de nuevo el conflicto entre Colombia y Venezuela a sabiendas de que las tensiones entre los dos países escalan nuestra confrontación interna.

No voy a gastar palabras llamando a los extremos a que le den una oportunidad a la salida negociada. Solo quiero recordarles verdades muy dolorosas. Solo quiero mostrar en el corto espacio de esta columna que la salida militar fracasó total y definitivamente y quienes la intentaron no tienen la más mínima autoridad moral para seguir proclamándola.

Les fracasó a las Farc, que a mediados de los noventa se lanzaron a construir grandes unidades militares y campamentos inmensos, a tomar bases fijas del Ejército e importantes cascos urbanos, a rodear a Bogotá con 11 frentes, a intensificar la confrontación en el sur y a crear un escenario de guerra en la costa norte. Querían formar un ejército y tenían la ilusión de que la población urbana se levantaría para acompañarlos en la toma del poder.

Con esa quimera desecharon las negociaciones del Caguán. Todo se les vino al suelo en el primer lustro del siglo XXI con un costo incalculable en vidas de combatientes y de civiles. Regresaron a las unidades pequeñas, móviles, dispersas, letales para la fuerza pública y con una capacidad enorme de perturbación de importantes zonas del país, pero sin posibilidad alguna de llegar al poder mediante la acción armada.

Le fracasó a Uribe, que ilusionó al país con la liquidación total de la guerrilla. Para ello duplicó la fuerza pública, que saltó a 470.000 efectivos. Elevó la inversión en defensa a 5 puntos del PIB, una cifra escandalosa de más de 21.000 millones de dólares, dados los 429.500 millones de dólares que registró el PIB en 2011. Se abrazó a Bush y puso la política exterior a girar alrededor de su apuesta militar lesionando gravemente la relación con los vecinos suramericanos. Envileció al Ejército con los falsos positivos.

Obtuvo resonantes triunfos sobre las guerrillas. No hay duda. Las contuvo. Las redujo. Pero están vivas y muy lejos de la desaparición. En el último tramo de su mandato engañó al país proclamando el fin del fin de las guerrillas cuando era evidente que estaban en un habilidoso proceso de reorganización y reactivación.Si las corrientes de Uribe y Márquez se imponen en este momento, solo tendremos más muerte y más dolor tras la vana ilusión de un triunfo militar.
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