Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2006/06/03 00:00

Ganó por Presidente

“Uribe Vélez ganó más por Presidente que por candidato. Fueron tres años de campaña para conseguir la reelección institucional y luego la personal”, opina Rafael Rincón.

Ganó por Presidente

El Presidente ganó, de manera prevista, la reelección; las mayorías votantes optaron por su propuesta de gobierno fundada en la “seguridad democrática” y confirmaron la orientación de las encuestas. Carlos Gaviria obtuvo, aunque de lejos, un honroso segundo lugar que el Polo Democrático Alternativo celebró como “dulce derrota”, adquiriendo así el puesto titular de la difícil oposición para los próximos años. El Partido Liberal tocó fondo con Horacio Serpa, César Gaviria y Alfonso López, quienes se negaron rotundamente a entregar las llaves de la otrora gloriosa colectividad y prefirieron pagar cara su derrota antes que fundirse en la coalición partidista gobernante de la U. Y la abstención del 55% siguió siendo la constante histórica que interpela la legitimidad de la democracia colombiana.

Los candidatos perdedores mostraron su malestar con el Presidente vencedor por la desigual contienda en el momento de la victoria presidencial no respondiendo de inmediato con suficiente gallardía y tino político. No hubo señas de franca lid y así reaccionaron. Horacio Serpa afirmó en su discurso que el Presidente está preso de “una alambrada de alianzas inconvenientes”, para referirse a las compañías con el paramilitarismo y a la llamada Ley de Justicia y Paz, y Carlos Gaviria optó por reafirmar el esquema gobierno/oposición y omitió una alusión pública a la victoria. Son señales de que la nueva forma de Frente Nacional que expresa la institución de la reelección y que exacerba el presidencialismo originará un régimen político cerrado que suscitará insurrecciones civiles y sociales en pro de la apertura democrática.

El presidente Uribe Vélez logró mantener durante cuatro años su nivel de aceptación en la opinión pública visibilizando los logros de su política de seguridad, disimulando con adjetivos, diminutivos y cambios metodológicos sus baches sociales, escondiendo con altanería las violaciones a los derechos humanos (como las calificaciones que hizo a las ONG de terroristas o las capturas masivas de inocentes en el municipio de Quinchía, Risaralda), endosando a los amigos y a las otras ramas del poder público los casos de corrupción (como las listas vetadas para Congreso pero aptas para votar la reelección, la ayuda económica a la campaña en el departamento de Magdalena en 2002 de los empresarios del chance, o los escándalos del DAS, o las masacres de policías antidrogas en manos del Ejército).

Con lenguaje y talante apostólico supo disimular las más torcidas decisiones y acciones, como los nombramientos en el cuerpo diplomático de los familiares de los congresistas que apoyaron la reelección, o los subsidios a las exportaciones para beneficiar con recursos públicos a los más pudientes, o las acusaciones de conspiración al precandidato Rafael Pardo, o el desequilibrio informativo y la ausencia de garantías.

Uribe Vélez ganó más por Presidente que por candidato. Fueron tres años de campaña para conseguir la reelección institucional y luego la personal. Como Presidente gozó y aprovechó todos los privilegios, y como candidato se dio el lujo de no debatir, o de tener prolongados cubrimientos televisivos para presentar sus propuestas sin exponerse a desgastes frente a los otros competidores.

El elector no vio promesas de candidato sino realidades con el Presidente. Mientras un candidato proponía un programa, la Presidencia ya lo tenía y amenazaba con acabarlo si no existía apoyo electoral (Familias en acción, Madres en acción o los subsidios de vivienda).

Por su lado, Carlos Gaviria despertó la simpatía de muchos que no lo conocían. Una propuesta filosófico-política que parecía inasible caló en más de dos millones y medio de votantes. La agenda social, el respeto a la Constitución y el intercambio humanitario estuvieron por encima del discurso elitista de la seguridad. Con una campaña pedagógica en plazas públicas y auditorios movió ideas y agitó debates.

Le faltó, sin embargo, tener una propuesta irrebatible frente a la solución del conflicto armado si no funciona la negociación política. Le hizo falta un reconocimiento de la Fuerza Pública como institución democrática en un país que demanda seguridad. Se confunde, a veces, la condena de las violaciones a los derechos humanos con la condena a la existencia de la Fuerza Pública. La izquierda debe trabajar por legitimar integralmente la Constitución Política, ello significa incorporar en su ideario el capítulo de la Fuerza Pública. La izquierda democrática no puede hacer salvamentos constitucionales.

El Presidente ganó por Presidente y ganó, también, por las Farc, por ser ellas lo que son y lo que dicen ser. Ellas siguen siendo el factor electoral externo determinante que genera el más elevado repudio en la opinión pública y el presidente Uribe fue el único candidato que pudo mostrar resultados de control frente a ellas, las demás eran apenas promesas. Uribe Vélez reelecto es, también, el efecto colateral de la caduca lucha armada de las Farc.


Medellín, Colombia, 30 de mayo de 2006
(*) Director del Consultorio de Derechos y Gobernabilidad háBeas corpus

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