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Opinión

  • | 2015/04/30 17:18

    Glifosato: ¿un problema?

    La erradicación manual, a más de peligrosa, es solo un paliativo frente el problema, y la pelota en el campo del gobierno, que debe ver la fumigación como insustituible.

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Lejos de querer mediar o tomar parte en el debate que se está presentando entre los ministros de Salud, Alejandro Gaviria, y Defensa, Juan Carlos Pinzón, quiero llamar la atención sobre lo controvertido del tema, haciendo un poco de historia.
 
Por el año 1984, y bajo el mando del extinto General Jaime Ramírez Gómez, quien para la época fungía como Director de Estupefacientes y se desempeñaba como subdirector  de la especialización, se iniciaron las primeras pruebas para utilizar la fumigación aérea como herramienta en la lucha contra el narcotráfico en todas sus acepciones. La decisión  de utilizar determinado herbicida y la misma aspersión aérea no era tarea fácil, pues el gobierno se mostraba reacio a utilizar  la estrategia. No obstante, se recibió la solicitud del gobierno americano en el sentido de aplicar este método por ser la medida más efectiva y conveniente para lograr una pronta erradicación de las plantaciones, tanto de marihuana como de coca, que estaban invadiendo el país convirtiéndolo más que en una plataforma de exportación, en productor amenazante para los Estado Unidos y el mundo.
 
Como responsables de esta lucha y sabiendo que la fumigación era, es y será la herramienta más efectiva contra el narcotráfico, ante las cuentas de aquellos descalabros sufridos en los hombres de la policía antinarcóticos por la erradicación manual en las que la integridad de  irradiadores es vulnerable en alto grado, los mandos institucionales presentaron ante el hoy  Concejo Nacional de Estupefacientes, el proyecto para su implementación; labor nada fácil, que demandó una serie de pruebas en las diferentes regiones del país, iniciando con el producto Paraquat,  que poco y nada convenció a los investigadores de  diferentes ministerios, encargados por el gobierno  de encontrar y recomendar un herbicida efectivo para erradicar las diferentes clases de plantas ilícitas que invadían a Colombia, llegando a la conclusión junto a los asesores norteamericanos de utilizar el glifosato como el más indicado. Como vemos existen antecedentes sobre el asunto, no fue fruto de la improvisación.
 
No obstante las diferentes estrategias criminales utilizadas por los narcotraficantes, en las que podemos contar trampas y atentados contra los aviones y helicópteros,  amenazas y agresiones a los pilotos, con resultados adversos para su integridad, protestas campesinas inducidas por los delincuentes  en las regiones de erradicación, alegando pérdidas de cosechas y daños a la salud, sin contar las muertes de miembros pertenecientes a la fuerza pública destinados a esta dura labor.

Los resultados saltan a la vista y la cantidad de zonas liberadas del cultivo ilegal son muchas, las estadísticas no dejan mentir. Que hoy la Organización Mundial de la Salud se pronuncie sobre una posible generación de cáncer por el glifosato, concibe una gran preocupación para el Gobierno, que seguramente entenderá que sin la fumigación aérea y la gran labor hasta el momento desarrollada, nuestro país estaría invadido de plantas ilícitas.

Solo la fumigación puede controlar la siembra, cosecha y producción de estupefacientes. La erradicación manual a más de peligrosa es solo un paliativo frente el problema, de manera que el debate está abierto, y para dolor de cabeza, la pelota en el campo del gobierno, que debe ver la fumigación insustituible en estos momentos cruciales para el país.
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