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Opinión

  • | 2015/06/06 09:00

    Institución importante

    Tan importante será la noción de equilibrio social que no existe una agrupación humana sin los anhelos de seguridad, tranquilidad y defensa.

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Sí, muy importante y me refiero a la Policía Nacional de Colombia, que a través de los años ha sido fiel a su compromiso sustentado en una filosofía y una doctrina encaminadas a la defensa y bienestar de los ciudadanos; quienes sin ese respaldo no podrían manejar sus relaciones interpersonales, comerciales, ni sociales.

Tan importante será la noción de equilibrio social que no existe una agrupación humana sin los anhelos de seguridad, tranquilidad y defensa, pensamientos propios del orden en comunidad y el equilibrio interpersonal. Los anteriores conceptos solo los puede valorar, defender y direccionar, una institución soportada como lo venimos sosteniendo, en respeto ciudadano, compuesta por servidores formados, capacitados y seleccionados al abrigo de postulados acordes con las necesidades de las urbes.

En el caso de Colombia, su policía, ya centenaria, ha encarado a través de los tiempos diferentes situaciones que jugaron en contra de su desarrollo y profesionalización, pues en sus albores fue utilizada con intereses personales y partidistas, ya que en un comienzo por tratarse de una institución civil, compuesta por servidores ajenos a la vida castrense, pero encuadrados en una disciplina de respeto y compromiso, se abusó del mando y dirección por parte de las autoridades civiles, quienes no entendieron lo delicado y altruista de su misión, y equivocadamente pensaron que se podían utilizar sus componentes en favor de causas políticas o íntimas.

Este infundio llevó la institución a un punto de quiebre gravísimo, viéndose envuelta en turbias actuaciones que enlodaron su buen nombre y la imagen de sus directivos. Los gobiernos no valoraban el esfuerzo del mando por cumplir imparcialmente con las responsabilidades y en muchas oportunidades apartaron sus hombres del camino hacia el servicio de la comunidad, direccionando el compromiso en otros vergonzosos sentidos. Negros nubarrones cubrieron nuestros predecesores. Fueron tiempos de ingrata recordación que solo con la entereza de los mandos y fortaleza de sus hombres, logró salir adelante, sobre todo como lo venimos diciendo, por ser una institución irreemplazable para los provechos del ciudadano.

Hoy nuestra policía es una institución seria, profesional, respetada, admirada y reconocida mundialmente; sus conquistas en los diferentes campos saltan a la vista, a nadie le cabe duda de la vocación de héroes demostrada por policías, quienes no vacilan en llagar al sacrificio máximo para defender y preservar la integridad de sus compatriotas.

A la fecha los cuadros de mando están consolidados soportándose en la misma Constitución y apoyados con el profesionalismo alcanzado a través de los tiempos y la experiencia. La renovación del mando hace parte integral del andamiaje de carrera, contemplado en los estatutos. Sería un craso error y un retroceso tenaz, tratar de llevar mandos improvisados y ajenos a la Policía Nacional de Colombia; no cabe en mente lúcida la idea de improvisar en la dirección de la policía, pues retornaríamos a épocas dolorosas y perderíamos todos: el país, el gobierno, la institución y los ciudadanos. Olvidar la historia sería caer en anacronismos. 
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