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Opinión

  • | 2015/03/12 17:40

    ¿Las fotomultas son un negocio?

    El afán mercantil pudo más que una estrategia seria sustentada en educación y persuasión.

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Es la pregunta que el ciudadano desprevenido se hace, cuya respuesta es: ¡Claro que es un negocio! Y uno muy bueno, pues con la práctica ganan dinero los municipios, los contratistas encargados del montaje y operación del sistema, y otras autoridades comprometidas con el control vehicular.

Además de ser un buen negocio tiene toda la presentación del mundo, pues el objetivo principal es lograr reducir en nuestras carreteras las víctimas fatales por exceso de velocidad, de manera que es provechoso por el lado que se mire. Los usuarios, mostrándonos de acuerdo con el programa y sabedores de la imposibilidad para cubrir el país con una sola empresa operadora, por lo menos aspiramos que las diferentes tecnologías utilizadas por los diversos operadores sean compatibles.

Lo malo es que fue implementado por sorpresa, cosa que causa extrañeza, cuando lo ideal sería hacer una agresiva campaña pedagógica para ambientar y alertar los automovilistas, logrando su vinculación al programa y alcanzando el fin propuesto mediante el compromiso de conductores, empresas transportadoras, motociclistas, peatones y, en fin, todos los usuarios de las vías, previniendo antes que sancionando, imponiendo la menor cantidad de partes posibles y logrando la cultura del control de velocidad por convicción o formación.

Pero el afán mercantil pudo más que una estrategia seria sustentada en educación y persuasión. Claro que este negocio no es duradero, aspecto calculado por los promotores, pues aplicándose la medida los usuarios tomarán conciencia y controlarán la velocidad, disminuyendo los ingresos para los socios del esquema, actitud calculada y ante la cual se debían sorprender los motoristas aprovechando el desconocimiento para ganar amplios dividendos, como hasta el memento lo han obtenido.

Sería saludable revisar por parte del Ministerio del Transporte el lugar y criterio para instalar las mencionadas cámaras, teniendo en cuanta que los cambios de velocidad autorizados en la carreteras colombianas se presentan y consienten por medio de señales -muchas veces sorpresivas- pero adecuadas  a la ingeniería de transito y estado de la vía, siendo ahora una situación favorable para el programa haber ubicado cámaras en esos lugares que sorpresivamente dificultan la disminución de aceleración.

Otro aspecto del resorte ministerial sería el estudio de las velocidades y su autorización. Es urgente ajustar los tiempos evitando hacer inviables o intransitables las vías por la demora en los desplazamientos entre ciudades. Los estimativos son claros y tradicionales, soportados en años de experiencia y cálculos de ingeniería notificados a lo largo de las vías, anuncios observados, respetados con cierta laxitud. Sibn Debemos reconocerlo, sin embargo, siendo responsales, esa señalización permite un tránsito fluido, que con algo de control puede lograr los estándares de seguridad añorados. En resumen, ¡Ojo con la trampas para generar recursos!

Pasemos la doliente página recomendando control a operarios, aquellos con la responsabilidad de enviar comparendos por correo, cobros que de no cancelarse a tiempo generan intereses perjudicando al desinformado usuario. No pueden dejar en hombros del ciudadano la indagación sobe sus partes de tránsito, las autoridades deben agotar los recursos para informar estas sanciones que ubican al ciudadano en inferioridad de condiciones ante la autoridad.
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