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Opinión

  • | 2015/04/24 17:57

    ¿Será que las FARC no entienden?

    Es tan grande la necesidad de paz, que persiste el optimismo con algunas reservas, hijas de la traición.

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Sí, pensaríamos que el cuerpo combatiente de las FARC no entiende, o no es consciente de ciertas posturas tomadas por sus negociadores en La Habana, situación complicada para los plenipotenciarios y el país, pues no podemos entender el despiadado ataque de la subversión a los hombres del ejército en el Cauca, en medio de una tregua unilateral, tregua no pedida por los representantes del Gobierno, sino por el contrario, ofrecida de parte subversiva. Recibida, claro está, con alegría y credibilidad, pero al parecer es más una estrategia que busca bajar los niveles de alerta en nuestras fuerzas, para sorprender y continuar con el accionar bélico en superioridad de condiciones que una determinación seria de parte enemiga, lo que obliga en nuestros hombres, a redoblar las alertas restando credibilidad a manifestaciones o demostraciones de compromiso hacia la paz.

Es por lo anterior que desde el primer momento se acordó entre las partes adelantar las conversaciones en medio del conflicto, todo soportado en acercamientos anteriores en los que estos altos al fuego demostraron ser nocivos para el progreso de las negociaciones. Aquellas pausas logradas con el pretexto de dialogo brindaron oportunidad de reorganización y rearme de los grupos delictivos.

No encontramos excusa para tan aleve actuación diferente a una demencia hostil premeditada e insensata. El país expresó en su momento la indignación por el hecho y ha reconocido el sufrimiento y generosidad de los miembros de la fuerza pública ante tanta sangre y dolor que han debido soportar durante largos años de enfrentamiento bélico, sin embargo es tan grande la necesidad de paz, que  persiste el optimismo con algunas reservas, hijas de la traición.

Si entendemos el concepto de pausa bélica como una breve interrupción de acciones determinas, las pausas se han utilizado a través del tiempo en diferentes confrontaciones con perfiles humanitarios, y concebimos las treguas como la suspensión de hostilidades por un tiempo determinado entre grupos armados enfrentados sin deponer las armas; es lógico que la tregua unilateral ofrecida por las FARC mostraba una intención clara de no atacar y mucho menos sorprender miembros de la fuerza pública, dedicados al control territorial y brindando protección con su presencia en regiones apartadas, menesterosas de seguridad y confianza en el proceso mismo, reconociendo que en últimas los beneficios de esta tarea institucional recaerían en el futuro de las negociaciones, abonando la región para el posconflicto. ¡Pero no! ellos no piensan, su mentalidad está cerrada a la guerra, el enemigo y el combate.

Qué difícil que será el posconflicto y sobre todo, será difícil llevar estos hombres a la civilidad; acciones como la mencionada solo logran prevenir la ciudanía contra una reinserción a la sociedad pacifica y conciliatoria. Si a lo anterior le sumamos la postura exteriorizada por los representantes de las FARC en la mesa, de no entregar las armas una vez firmada la paz, quedaríamos por fuerza de las circunstancias ante una tregua, no ante un acuerdo de paz.  
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