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Opinión

  • | 2017/01/15 11:37

    Casi nadie llora a Simón Trinidad

    Las FARC han mantenido activa e intensa su campaña por un indulto de Obama a su compañero de armas,responsable de una terrible oleada de secuestros y de violencia que sembró pánico, muerte y ruina en el Cesar y en la costa Atlántica.

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Esta semana el embajador de Estados Unidos en Colombia, Kevin Whitaker,y el alto comisionado de paz, Sergio Jaramillo, apagaron con hielo la última ofensiva del aparato publicitario de las Farc y de su red dealiados para buscar el indulto y la repatriación de su compañero de armas Ricardo Palmera, alias “Simón Trinidad”, condenado y preso en Estados Unidos por el delito de secuestro. Uno y otro precisaron que está descartado que el ex comandante del Bloque Caribe se vea favorecido con uno de los indultos de salida del presidente Barack Obama.

La historia personal y de guerra de “Simón Trinidad” es atípica en el país y en las Farc. Proviene de la burguesía del Cesar, estudió en prestigiosos colegios de Valledupar y Bogotá y economía en la Universidad Jorge Tadeo Lozano. Trabajó como banquero -Caja Agraria, Banco del Comercio- y como profesor universitario en la Universidad Popular del Cesar, en donde entró en contacto con grupos de izquierda y con las Farc.

En el año 1987 robó 30 millones de pesos en el banco del cual era gerente y formalizó su vinculación a la lucha armada. Su principal aporte a esa guerrilla no fue el dinero sino las bases de datos que había acumulado a lo largo de su vida en los bancos, con información detallada de la actividad económica de las personas más pudientes de la región. Con base en las mismas, ya como guerrillero, desató una aterradora escalada de secuestros y extorsiones que transformó en un infierno la vida de un departamento y de una región hasta entonces próspera y apacible.

Ninguna de las familias de mayores recursos quedó a salvo de agresiones, extorsiones y plagios en esos días de terror y de pánico, en los cuales Valledupar y el Cesar se convirtieron en la zona con mayor número de secuestrados en el mundo, en proporción al número de habitantes  Un total de 1.000 personas fueron secuestradas entre los años 2000 y 2003, -un promedio de 25 al mes-, incluidos familiares, ex socios y amigos del jefe guerrillero, entre ellos Consuelo Araujo, exministra, escritora e importante líder de opinión de la región, secuestrada y asesinada.

A esa pavorosa historia hay que agregar que Simón Trinidad también es directo responsable del surgimiento y auge de los grupos paramilitares en el Cesar que, como en otras regiones del país, se conformaron en respuesta a los secuestros y al terrorismo, para combatir la guerra irregular de las Farc, con sus mismos métodos y procedimientos.

Otro integrante de la burguesía local, Rodrigo Tovar Pupo, alias Jorge 40, fundó el Bloque Norte de las Autodefensas Unidas de Colombia. Valledupar, el Cesar y más adelante un extenso sector de la costa Caribe padecieron entonces la crueldad y la barbarie de un enfrentamiento sin cuartel entre esos grupos armados ilegales. A los centenares de secuestros se sumaron miles de asesinatos, acciones terroristas, masacres, desapariciones y desplazamiento.

Nada volvió a ser como antes en Valledupar, ni en el Cesar, ni en la Costa. Los pobres, la clase media y los ricos vieron sus existencias comprometidas en alguna medida por esa violencia irracional, desbordada e inclemente que se extendió a una amplia zona de la sierra nevada, Magdalena, la Guajira y Atlántico y que arruinó familias, multiplicó duelos y víctimas, ensució la política y destruyó la economía.

Además de esparcir terror, desolación, miseria y muerte, Simón Trinidad y Jorge 40 hicieron vidas paralelas desde orillas opuestas. Como sus compañeros de armas de otras regiones del país fortalecieron sus ejércitos con participación en narcotráfico y con la captura de rentas del Estado. Ambos participaron en procesos de paz, Palmera en el del gobierno de Pastrana como negociador de las Farc en El Caguán entre 1998 y 2002. Pupo en las negociaciones de San José de Ralito para la desmovilización de las Autodefensas, en el año 2006,en el gobierno de Álvaro Uribe.

Enemigos acérrimos e irreconciliables en la lucha, autores de graves hechos de sangre en contra del adversario, al final de sus vidas como guerreros nada hermanó más sus historias como los desenlaces: extraditados, juzgados, condenados y presos en Estados Unidos. Simón Trinidad fue capturado en Quito (Ecuador) en enero de 2004, deportado a Colombia y extraditado el 31 de diciembre de 2004 a Estados Unidos en donde fue condenado por secuestro a 60 años de prisión. Jorge 40 fue extraditado con otros jefes de las Autodefensas el 13 de mayo de 2008, enfrentó cargos por narcotráfico y fue condenado a 16 años de prisión. Opuestos como el agua y el aceite en la guerra, el destino los puso en cautiverio en la misma cárcel de máxima seguridad, Florence ADX, en el desierto de Colorado, separados por un muro de 20 centímetros de espesor.

Hay muchas heridas abiertas y dolores agudos en relación con esa guerra que estuvo a punto de destruir una región que todavía no se recupera de tantos estragos. En el proceso de Justicia y Paz con las autodefensas, Jorge 40 alcanzó a confesar 600 crímenes, entre ellos desapariciones y matanzas. Hay que esperar que el proceso de las Farc aporte luces datos, responsabilidades en lo que concierne a los delitos y atrocidades de ese grupo. Pero la sola dimensión del cuadro muestra la afrenta que sería para quienes fueron sus víctimas, que Simón Trinidad, el hombre que incendió la zona y desencadenó uno de los más aterradores episodios de guerra, secuestro, terrorismo y destrucción en Colombia, fuera beneficiado con un indulto del presidente de Estados Unidos. Marc Gonsalves, uno de los secuestrados por los cuales fue condenado en USA, lo escribió recientemente en Twitter: “Ricardo Palmera Pineda, Simón Trinidad, es un terrorista de las Farc. Yo soy una de sus víctimas. No negociación, ni liberación, ni indulto para él, Presidente Obama”.

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