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Opinión

  • | 2016/08/25 16:42

    Crimen, protestas y batallas perdidas en el Chocó

    El paro cívico y el acuerdo con el gobierno no enderezarán el rumbo del departamento porque la prioridad no son los problemas tradicionales sino la criminalidad y la violencia.

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Hace 62 años, cuando Gabriel García Márquez la visitó por primera vez, escribió que fundar otra vez a Quibdó costaría tanto trabajo como hace doscientos años.

Con su talento macizo para atrapar detalles contó que sólo había tres caminos para llegar al Chocó y describió los rigores de la pobreza, el abandono y la desolación que dominaban la vida de los pacíficos y alegres habitantes de la zona. También los estragos de la minería: "un ambiente de tensión, de sorda lucha social; un sentimiento de injusticia y amargura que pesa en el aire…".

Este mes, los habitantes de Quibdó, llevados por la exasperación de vivir en una de las capitales más pobres del país, adelantaron un paro cívico que logró la atención de los medios y terminó en el enésimo compromiso del gobierno nacional para atender las necesidades más apremiantes de la región.

Pólvora en gallinazos. Sin restar méritos al movimiento cívico que inflamó la protesta poco o nada hay que esperar del acuerdo. Desde sus primeros tiempos la vida del Chocó gira en torno de los mismos problemas, que siempre tienden a empeorar. Y esta vez omitieron los verdaderamente importantes.

Ya en 1954 García Márquez decía que "…en los mapas figura una carretera de 160 kilómetros, que es pura especulación cartográfica: Medellín Quibdó". En este 2016 fue una de las principales peticiones. Su nuevo trazado -de 123 kilómetros— se comenzó a construir en 2009, fase 1, un tramo de 35 kilómetros, de los cuales hicieron 25, al costo de 5 mil millones de pesos/kilómetro. De la fase 2 -76 kilómetros- se construyeron apenas 21 que costaron 12 mil millones de pesos/kilómetro. Y la 3, unos 12 kilómetros entre Quibdó-El Dieciocho, se adjudicó a 6 mil millones kilómetro para un total de 500.000 millones de inversión en los tres trayectos (lo que costarían 100 kilómetros de doble calzada en otras zonas del país) y quedaron faltando 77 kilómetros.

Corrupción. Desidia. Indolencia. Chocó es el departamento del país con el mayor porcentaje de personas en situación de pobreza -62,8 %- y de pobreza extrema -37,1 %-. Tiene el mayor índice de necesidades básicas insatisfechas –vivienda, servicios públicos, educación– tres veces el promedio nacional y registra una tasa de analfabetismo dos veces y medio mayor que el índice nacional. Quibdó tiene la mayor tasa de desempleo de Colombia 17,8 % y solo 22.5 % del Chocó tiene cobertura de acueducto y 15,9 % de alcantarillado.

El futuro del nuevo acuerdo no autoriza optimismo. Recibirán otros 500.000 millones para la vía Medellín Quibdó, recursos para interconectar a cinco de los 11 municipios que aún no cuentan con energía eléctrica y para rescatar el Hospital San Francisco de Asís, -que debe 37.000 millones de pesos-. El Gobierno subraya que ha realizado desde 2010 la mayor inversión de la historia en Chocó -7 billones de pesos- pero no se ven. Históricamente y pese a que muchos gobernadores, congresistas, concejales, alcaldes, diputados y actores armados han sido procesados y condenados por delitos contra la administración pública, buena parte de las inversiones en el Chocó terminan en el barril sin fondo de la corrupción. El anterior gobernador, Efrén Palacios Mosquera, para no ir tan lejos, está siendo investigado por una defraudación cercana a los 4.000 millones de pesos de dineros de la salud, que habría utilizado para pagar deudas personales.

Pero el motivo principal por el cual el paro cívico y el acuerdo que le puso fin parecen condenados al fracaso es que se limitaron a los problemas tradicionales sin considerar que el verdadero eje de la crisis actual está en el crimen y la violencia. Por su posición estratégica el departamento fue invadido desde los años 70 por el narcotráfico y después por los frentes 34 y 57 de las FARC, ELN y bandas criminales. A la vista de las autoridades y a veces con su complicidad, es territorio de minería criminal, narcotráfico, explotación ilegal de madera, extorsión, secuestro, expendio de droga al menudeo y reclutamiento.

La fiebre del oro que se vive en los últimos 15 años se disparó desde el año 2012 y ha traído una aterradora escalada de criminalidad. Hay un frenesí por el dinero fácil que explica que Quibdó haya tenido tasas de homicidios superiores a Buenaventura y cercanas a las escalofriantes cifras de Tumaco. Y que sean aún mayores en Nóvita, Unión Panamericana e Istmina, Medio Baudó, Condoto y Medio Atrato.

Todos los grupos armados participan en las actividades criminales y se las reparten. Están arrasando el territorio y envenenando los ríos, -cerca de 40.000 hectáreas de selva a la fecha y los ríos Quito, Atrato y San Juan con elevada contaminación de mercurio y cianuro-. 28 de los 30 municipios del Chocó y 4 % del territorio de los consejos comunitarios están afectados por algún tipo de explotación de oro a cielo abierto.

El proceso de paz inquieta a los chocoanos que ya perciben y sufren los primeros coletazos de una disputa entre el ELN y las bandas criminales por el control de las regiones que estaban en poder de las FARC. Por eso, a la luz de los hechos, afirmar que el Chocó permanece anclado a sus problemas, que poco han cambiado en su esencia desde 1954 cuando los conoció y escribió García Márquez sería una lectura romántica y literaria. El dictado de la realidad es mucho más contundente y aterrador: prevalecen y crecen los viejos problemas, en especial la corrupción que devora los presupuestos, pero ahora, con el auge de la violencia y la criminalidad la situación del Chocó es muchísimo peor y sólo mejorará cuando tengan autoridades civiles y militares honestas, con voluntad, decisión y capacidad para erradicar las actividades criminales y poner fin a la barbarie.

* @germanmanga

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