Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2015/10/16 19:00

Bogotá después de Petro

Entre polémicas y radicalización, controversias y debates, Bogotá ve llegar el fin de la alcaldía de Gustavo Petro.

Bogotá después de Petro

El más reciente informe del ejercicio ciudadano “Bogotá cómo vamos” indica que apenas 32% de los ciudadanos tienen hoy una imagen favorable de la gestión del alcalde y que sólo 18% confían en él.

Es un buen resumen del tránsito vertiginoso del amor a la desilusión que parece la historia de los bogotanos con su alcalde. Una historia que de acuerdo con la encuesta ya va en que el 73% de la ciudadanía piensa que los temas más importantes de la ciudad –movilidad, seguridad, economía, cultura ciudadana, espacio público– van por mal camino.

Por encima de las confrontaciones ideológicas, de la polarización ricos y pobres y de la crispación política –que Petro se ha encargado de alimentar constantemente con debates incitadores y llenando con funcionarios la Plaza de Bolívar– a pocos días de terminar su mandato ya es nítido que no hizo ninguna troncal de Transmilenio, ni el metro, ni tranvía por la carrera séptima, ni el deprimido de la 94. Se comprometió a construir 70 mil viviendas de interés prioritario subsidiadas y no llegó a 8.000. Su meta era construir 83 centros de salud y solo puso en marcha 5. 130 km de malla vial arterial y máximo hará el 4%. Bogotá es una ciudad de megatrancones y de calles llenas de huecos. Petro propuso terminar 39 colegios inconclusos y en el primer semestre de este año llevaba 8. En la Bogotá de Petro hay 43.000 vendedores ambulantes y 14.000 habitantes de la calle. La ciudad pasó de 29.000 contratistas por prestación de servicios a casi 67.000 que le cuestan a la ciudad más de 750.000 millones de pesos al año.

Visto desde la óptica del alcalde las críticas y reparos a su gestión provienen de sectores que no conocen o no comparten los propósitos de la Bogotá Humana, que son superar la segregación social, adaptar la ciudad al cambio climático y fortalecer el poder público. Petro dice que sus prioridades han sido la lucha contra la pobreza y la desigualdad social. Reivindica logros como haber sacado a 500 mil personas de la pobreza, garantizar a los estratos 1 y 2 el mínimo vital de agua y rebajar los costos del aseo y el transporte para que los más pobres cuenten con mayores recursos económicos. O un incremento sin antecedentes en el presupuesto de educación y en el gasto per cápita en la educación básica y media de niños y jóvenes en particular el programa 40x40 para mejorar la calidad de la educación con base en la jornada extendida.

Arbitrario, improvisador, ineficiente, adicto a las malas decisiones. Líder social, comprometido con los pobres, revolucionario político, el debate de las cifras y de los resultados también se extiende al hombre y a su estilo. Pero adquiere máxima relevancia cuando alcanza temas fundamentales para el presente y el futuro de la ciudad. De manera clara y categórica en agosto del año 2013 la veedora distrital, Adriana Córdoba denunció la ilegalidad del nuevo POT que Petro expidió por decreto en forma obstinada y temeraria, pese a que había sido rechazado mayoritariamente con argumentos técnicos y legales por el Concejo de Bogotá. Vía demanda se logró detener esa arbitrariedad y sus mayores consecuencias aunque no son menores los estropicios que el intento por imponerlo ocasionó tanto a la administración distrital como a la vida de la ciudad.

Es un hecho palmario que el 11 de diciembre del año 2011 el alcalde tomó la decisión "libre, consciente y voluntaria" de asignar la prestación del servicio de aseo de la ciudad a la Empresa de Acueducto de Bogotá y su filial Aguas de Bogotá, dos entidades sin experiencia, conocimiento ni capacidad para ello. Que dispuso la compra y alquiler de un número importante de compactadores nuevos y usados con cargo al patrimonio público. Y que puso en servicio por las calles de la ciudad decenas de volquetas que no cumplían las características para operar. Todo ello causó un detrimento por más de $43.000 millones y lo obligó a contratar a marchas forzadas a los mismos operadores privados a los que había pretendido reemplazar. Fue el motivo por el cual fue destituido por la Procuraduría, medida contra la cual Petro desplegó una monumental y truculenta operación de defensa que incluyó “tutelatones” y toda clase de maniobras y estrategias. Un gran manoseo al aparato de justicia que le fue eficaz para aferrase al puesto pero a costa de un golpe demoledor a la majestad y al ya precario prestigio de los tribunales.

Orden, seguridad, gerencia, movilidad, eficiencia en el gasto, compromiso social, dinámica en la construcción de vivienda y de obras vitales para la ciudad. La agenda de la recuperación de Bogotá para el futuro inmediato se basa en estos temas. Pero después de estos cuatro años de sobresaltos y grandes tormentas también involucra otros fundamentales como recuperar la transparencia en el ejercicio del gobierno y el respeto por la ley.

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