Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2016/10/08 16:03

El naufragio de los medios en el plebiscito

La campaña no se formuló desde la reconciliación, sino desde la confrontación política entre santistas y uribistas. Algunos medios y periodistas entraron en la arena y tomaron partido con grave daño para su credibilidad.

Germán Manga. Foto: Semana.com

La cándida entrevista de Juan Carlos Vélez, gerente de la campaña del No, con el diario La República, entró por derecho propio en la antología de los peores errores de comunicación política de todos los tiempos en nuestro país. Algunas de sus frases “estábamos buscando que la gente saliera a votar verraca”, más la confesión de que tergiversaron mensajes, más la publicación de la lista de donantes, cayeron como pececitos frescos en el mar de tiburones de las redes sociales.

Fue apenas el último de muchos hechos informativos que sembraron radicalismos, odios, dolores, enemistades y rencores entre los colombianos, a lo largo de un proceso cuyo objetivo único –paradójicamente- era la paz. Confirma que el error más protuberante de la campaña del plebiscito fue que no se formuló desde la reconciliación -los acercamientos, el diálogo racional, la mano tendida- sino desde la confrontación política entre santistas y uribistas, que para peor de males asumió el lenguaje agresivo y procaz que contaminó la campaña presidencial de 2014.

Con mensajes como “el presidente tiene la facultad de redactar la pregunta que se le dé la gana”, fue extensa, incesante y variada la catarata de malas ocurrencias de voceros en tomo belicoso -Gaviria, Cristo, Leyva, Uribe, Ordóñez- entre muchos otros. En lo que tuvo que ver con el establecimiento el debate no se planteó con un discurso incluyente, conciliador y generoso, sino como una especie de tomo II de la gallera encendida entre “castrochavistas” y “paracos”, de ingrata recordación.

Fue una campaña anacrónica -como las presidenciales a la antigua usanza-, enfocada en la presencia intensiva de negociadores y funcionarios del gobierno en medios tradicionales, giras, eventos, publicidad -en especial en televisión y radio-y parecía volar sola cada vez que aparecían los resultados de las encuestas, un juego en el que frívolamente cayeron medios respetables que se convirtieron en caja de resonancia, dedicados a promover, proclamar y comparar guarismos que al final resultaron fantasía.

El “estado del arte del periodismo en medio de conflictos de alta sensibilidad” de la Unesco, señala las trascendentales tareas del análisis y contexto para ayudar a la gente a conocer y entender las claves de lo que sucede, desde una instancia independiente y confiable. Aquí vimos medios y periodistas muy importantes que se apartaron de esa misión, entraron en la arena y tomaron partido, con daño grave y quizás irremediable para su credibilidad.

Además de ellos, los estrategas políticos y los asesores de imagen, las mayores pérdidas del naufragio recaen en las firmas encuestadoras cuyo prestigio será muy difícil de recuperar. Ninguna se acercó remotamente al resultado aunque acertaran, ahora y durante los últimos años, en el registro de la enorme impopularidad de las FARC, con los mayores índices de imagen negativa, que se exacerbó en muchos sectores de la opinión durante la vertiginosa campaña del plebiscito, con las constantes declaraciones desafiantes y agresivas de Timochenko, del abogado español Enrique Santiago, de Romaña, de Iván Márquez, entre muchos otros.

La polarización dominó la escena pero no representa la realidad del electorado. Sería simplista e inexacto decir que todos los votantes del Si eran santistas y los del No uribistas. La diferencias de fondo se referían más a la Colombia rural que compuso los territorios Sí y la más poblada Colombia urbana, donde calaron las reservas del No a la paraestatalidad, la impunidad y el narcotráfico. La identidad y la cohesión se relacionaron más con principios y valores, que con militancia o pasión política. El Sí subestimó, por ejemplo, la influencia y la importancia de grupos masivos como las iglesias que se aglutinaron en el No por el efecto “Gina Parody”, o las fuerzas militares y de policía –con sus familias- ante el tema de los sueldos y beneficios a la guerrilla.

Apabullante, agresiva triunfalista, la campaña pudo tener su momento crítico en la ceremonia de firma del acuerdo el lunes 26 de septiembre en Cartagena. Esa puesta en escena con jefes de estado, Juan Carlos de España, el secretario general de la ONU Ban Ki-moon, con ‘Timochenko‘ y sus compañeros eufóricos junto a Maduro y Raúl Castro, pudieron producir efectos contrarios del aire victorioso y la atadura al respaldo internacional que perseguían los estrategas y ser el argumento que le faltaba a alguna gente para decidir su voto.

Perder en la votación pese a la monumental desproporción de recursos a su favor para publicidad, movilización y eventos, confirma que fue letal para la campaña del Sí subestimar que estamos en el mundo de los algoritmos, del “social media” y de las redes sociales. El mundo de Facebook, Gooogle, Microsoft y Apple. El mundo de Twitter y Snapchat. Lo que ocurrió en Colombia es lo mismo que sorprendió al mundo en la primavera árabe de 2012, en las movilizaciones de Ucrania o en las de Hong Kong en 2014. El poder y la influencia de los medios tradicionales disminuido frente a las nuevas posibilidades de la gente de opinar, interactuar y decidir, aún en medio de la comunicación conflictiva, poco confiable o insidiosa que día tras día satura las redes.

El dramático veredicto de las urnas estremeció el escenario y activó un llamado general a la sensatez, la responsabilidad y la grandeza –del gobierno, de las FARC, de la gente del No- para trabajar por los intereses superiores del país, algo que no se logra con ataques y ofensas, engaños y manipulaciones. Las movilizaciones espontáneas y masivas de jóvenes, el Nobel de paz al Presidente Santos, el cambio de tono en el discurso de algunos protagonistas son novedades auspiciosas de que después de los dolores y las lágrimas podemos ir, con las lecciones aprendidas, hacia el camino correcto por un acuerdo que considere y logre la aprobación de todos, que es el que se necesita.

* @germanmanga

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