Domingo, 4 de diciembre de 2016

| 2016/04/26 16:39

“Hola soy Germán” es un asunto muy serio

Los videos de Garmendia sobre temas cotidianos, impulsados desde las redes sociales, atrapan a millones de personas en un mundo que ya derribó las otrora impenetrables dictaduras de los imperios mediáticos

Germán Manga.

Se llama Germán Garmendia, tiene 26 años, es chileno. Su biografía dice que sus oficios son comediante, músico, cantante y escritor. No tiene la pinta de Louis Tomlinson, ni la importancia literaria de un Joel Dicker, ni siquiera el talento musical de Justin Bieber, pero su canal de YouTube acumula 27.3 millones de seguidores, es el segundo más visto del mundo y el primero de habla hispana.  Para completar las mejores credenciales posibles en el mundo de hoy, 7.6 millones de personas lo siguen en Twitter.

Huérfano de padre a los 9 años, vivió tiempos nómadas y de restricciones económicas  junto con su madre. No le fue muy bien  en la música y en 2011, en un día de aburrimiento, impulsado por una amiga abrió su primer canal en YouTube –“Hola soy Germán”- .  Fue entonces cuando comenzó a grabar y a publicar videos sobre temas sencillos e historias que le pasan a cualquiera. Desde el primero titulado “Las Cosas Cotidianas de la Vida”,  hasta hoy, apenas con el impulso inicial de su círculo de amigos conquistó su ciudad, el país y el mundo, a una velocidad tan vertiginosa que en 2013 ya tenía sus primeros 10 millones de suscriptores.   

Su presencia la semana anterior en la Feria del Libro de Bogotá desató una eléctrica movilización de niños y adolescentes que agotaron la boletería antes de mediodía, y junto con sus padres y familiares colapsaron todos los ingresos y atiborraron restaurantes, baños y los demás espacios comunes del evento, algo que no lograron en sus visitas en los años anteriores colosos como Vargas Llosa,  Coetzee o Pamuk, con todo su peso literario, ni titanes de la venta como Paolo Coelho.

Chespirito, según los organizadores, es el otro hito en la historia de la Feria del Libro de alguien que hubiera conseguido enloquecer al público en forma similar. Pero el fenómeno “Germán” trasciende lo anecdótico y la “civilización del espectáculo”.  Es una expresión concreta y directa de la inmensa revolución de las comunicaciones que avanza en el mundo de la mano de los  algoritmos, el video, las apps y sobre todo, los teléfonos inteligentes. 

Estamos inmersos en la revolución móvil y en la era del “social media”  en las cuales el teléfono se convierte en lo más importante de la vida de la gente y donde las nuevas formas de comunicarse  están transformando la educación, la política, el comercio, la economía, el periodismo, el entretenimiento, el gobierno, la seguridad, la ciencia, la medicina… casi todas las actividades humanas.

Un estudio reciente de Google acerca de su plataforma Android  en Estados Unidos señala que una persona tiene  en  promedio  25 apps en su teléfono, pero  solo usa 4 o 5 al día con predominio absoluto del “social media”, un dato que confirma que el poder de la comunicación está ahora en manos de muy pocos que determinan el destino de muchos: Google, Apple, Facebook, Microsoft, Amazon.

Si Germán Garmendia hubiera tenido que construir su proyecto a partir de un canal de tv o de una productora de los medios tradicionales quizás habría naufragado en la primera barrera de un casting o de los caprichos de cualquier  “genio” de la creatividad. Sus videos sobre temas cotidianos –los amigos, las mascotas, las novias, las exnovias, los juegos, las mamás- de manufactura casera y edición ágil, impulsados desde las redes sociales, alcanzaron sin dificultad  y sin intermediarios a millones de personas, en un mundo que ya derribó las otrora impenetrables dictaduras de los imperios mediáticos.

La suya no es más que la versión contemporánea del sencillo pero raro milagro del artista que logra capturar, en grande,  el interés y el afecto de su público. Lo consiguen a diario en Youtube cantantes, grupos musicales, comediantes, actores, concertistas, bailarines, artistas de todas las disciplinas, en todos los continentes. Y sería un cambio a celebrar si no escondiera   la mayor concentración de poder en la historia de las comunicaciones. A medida que se consolida su dominio las empresas de “social media” dominan con sus algoritmos los aspectos claves de la  distribución de los contenidos de los medios grandes y pequeños y atrapan los hilos claves del negocio porque determinan  también cómo deben o pueden monetizar su actividad en lo que respecta a sus plataformas. Se están devorando el mundo y acumulan ganancias en dimensiones sin antecedentes con el trabajo y los productos de los demás y saben más de nosotros mismos que nuestros parientes más cercanos, algo que ya inquieta seriamente y con razón a organizaciones, empresas gremios, academia, sindicatos y gobiernos.

Por todo eso, contra las pacatas y provincianas protestas que han lanzado  algunos intelectuales, intelectualoides y pseudo intelectuales –la aburrida y pomposa farándula del libro- tras lo sucedido en Bogotá, hay que tomar muy en serio todo lo que encierra y significa el “fenómeno Germán”. Y en lo que respecta a las letras, celebrar sin reservas que un libro -cualquiera que sea- encienda tan intensamente como lo hace “Chupa el Perro”  el interés de los jóvenes. Es una noticia extraordinaria para la literatura porque aporta señales valiosas a las empresas y a los editores, en los últimos tiempos tan ávidos de ideas, acerca de hacia dónde se dirige en realidad la dinámica de la comunicación en el mundo de hoy.  

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