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Opinión

  • | 2017/01/06 19:30

    Hay que aplaudir de pie al Chapecoense

    El club que padeció la mayor tragedia en la historia del fútbol, rechazó los planes de ayuda que le fueron ofrecidos y escogió la vía de reconquistar la gloria con base en su propio esfuerzo.

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El 28 de noviembre de 2016 en un accidente aéreo ocurrido en Cerro Gordo, en jurisdicción del municipio de La Unión Antioquia, murió la espectacular historia ganadora del Chapecoense, el pequeño club de fútbol brasileño que en solo seis años logró ascender desde la cuarta división hasta la Serie A , que jugó en 2015 la Copa Suramericana y que venía a Colombia a enfrentar la final de la versión 2016 de ese torneo, contra el Atlético Nacional.

En el accidente, en el que fallecieron 71 personas, el equipo perdió a 19 de sus jugadores, toda la comisión técnica (incluido el director, Caio Junior) y a 25 de sus dirigentes.

En la hora de la tragedia les fueron ofrecidas diferentes opciones para retomar y, de ser posible, reconstruir el exitoso proceso en que venían: un jugador en préstamo —a costo cero— de cada uno de los demás equipos, vincular viejas glorias —Adriano, Ronaldinho— para atraer gente a los estadios, y sobre todo permanencia garantizada en la primera liga durante dos campeonatos.  

"No necesitan hacernos ese favor", anunció al respecto el vicepresidente del club, Ivan Tozzo. "La plaza tiene que ser conquistada dentro del campo. No sería adecuado moralmente exigir que los clubes nos mantengan sin competir. Si perdemos, vamos a caer. Si ganamos, vamos a ganar y seguir".

Pasado el tiempo de las lágrimas y los abrazos, muchos de los ofrecimientos de jugadores que les fueron hechos no se concretaron, algunos clubes les ofrecieron futbolistas de nivel inferior o les exigieron grandes sumas por buenos jugadores. 

Antes de terminar 2016, apenas un mes después de la tragedia, el nuevo presidente del consejo del Chapecoense, Plinio De Nes Filho —sucesor de Sandro Luiz Pallaoro, quien también falleció en el accidente—, anunció las decisiones definitivas: no aceptar ayudas económicas ni condiciones privilegiadas, reconstruirse, reinventarse, renacer con base en su propio esfuerzo, recuperar con otra plantilla el espíritu ganador que llevó al éxito a los que perecieron. 

Las acciones no se hicieron esperar. Ya al inicio de diciembre habían contratado como director técnico a Vagner Mancini, —ex Gremio, Santos, Vasco da Gama, Guaraní, Ceará, Cruzeiro, Sport, Náutico, Atlético Paranaense y Botafogo—. Ratificaron a los siete jugadores que se quedaron en casa el fatídico 28 de noviembre. Y comenzaron a contratar y a presentar a los nuevos jugadores: Douglas Grolli (de las inferiores de Chapecoense), Nadson (proveniente de Paraná), Rossi (Goiás), Niltinho (Criciúma) y Dodó (Atlético Mineiro).

Dos de los sobrevivientes, Alan Ruschel y Neto enfrentan complejos procesos de recuperación, pero podrían volver a las canchas en unos 8 meses. El arquero Jackson Follman perdió una pierna en el accidente. No volverá a jugar, pero sería contratado en el cuerpo técnico. El equipo los homenajeó y anunció que los números que usaban serán retirados durante esta temporada. 

El próximo 21 de enero el proceso de reconstrucción y las contrataciones de la nueva nómina del Chapecoense ya habrán concluido y el equipo volverá a las canchas. Jugará en su estadio, Arena Condá, un partido amistoso contra el Palmeiras, campeón de Brasil. Será el reinicio de su actividad y además el punto de partida de un año crucial en el cual tendrán que disputar la Primera Liga de Brasil, el Campeonato Catarinense, la Copa Libertadores, el Campeonato Brasileño, la Copa de Brasil, la Recopa y la Copa Suruga Bank.

Los jugadores y directivos han dado impresionantes muestras de valor, de fortaleza y de dignidad a lo largo de lo sucedido. Pese a la dimensión y a la gravedad de la tragedia la única concesión que aceptaron fue recibir la Copa Sudamericana sin jugar la final y el único compromiso que declinaron fue el partido final de la temporada contra el Atlético Mineiro, el cual les había sugerido la propia Confederación de Brasil, que cumplieran con jugadores juveniles.

No se quedaron en las lágrimas, los lamentos, ni en la oscuridad del duelo. La ruta de la reconstrucción aporta un nuevo, profundo e impactante testimonio de grandeza: honrar a los desaparecidos trabajando para reconstruir el sueño del pasado. 

Lo dijo con toda claridad el presidente del equipo en su mensaje de año nuevo: “Puedo garantizar a nuestros hinchas, a la prensa y a todos los que nos han apoyado, en todas estas horas, que seremos fuertes y combativos. El verde de nuestras camisetas será siempre el verde de esperanza, digno del orgullo de Chapecó y ahora también, de todo Brasil. Trabajar sin descanso, con toda pasión, ese es nuestro mayor homenaje para todos los que se fueron”.

@germanmanga

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