Domingo, 4 de diciembre de 2016

| 2016/10/15 11:41

La insoportable levedad de los jóvenes autómatas

El debate en torno de la ignorancia, frivolidad, indiferencia, mala educación, irrespeto y precaria comunicación con los demás que caracterizan a muchos jóvenes adictos a la tecnología.

Germán Manga. Foto: Semana.com

La impactante carta de Leonardo Haberkor, un profesor uruguayo de periodismo que llegó a la exasperación y decidió renunciar a su trabajo porque sus alumnos no leen, alcanzó la gracia de la viralidad en las redes sociales y sacó a la luz, una vez más, algunos retos y miserias que enfrenta el mundo actual por la frivolidad, indolencia y estolidez que caracterizan a muchos jóvenes.

“Me cansé de pelear contra los celulares, contra WhatsApp y Facebook. Me ganaron. Me rindo. Tiro la toalla” escribió. “Me cansé de estar hablando de asuntos que a mí me apasionan ante muchachos que no pueden despegar la vista de un teléfono que no cesa de recibir selfies”.

Retos, complejidades, dolores e incomprensiones que traen estos tiempos del tránsito del homosapiens al homovidens. Para educadores y padres de familia es preocupante el nihilismo que domina a muchos jóvenes, que se expresa en frivolidad, indiferencia, mala educación, irrespeto y precaria comunicación con los demás. Nuevas generaciones cuyo Dios supremo es el dinero, con individuos agobiados (muchas veces sin ser conscientes de ello) por la vacuidad, la falta de valores y de objetivos, atados como autómatas a la tablet o al teléfono, inmersos en una agenda interminable de diversiones para huir de su propio vacío y en no pocos casos dominados también por la droga o la violencia.

“Una sucesión interminable de imágenes de amigos sonrientes les bombardea el cerebro. El tiempo se les va en eso” dice Haberkor. “Una clase se dispersaba por un vídeo que uno le iba mostrando a otro. Pregunté de qué se trataba, con la esperanza de que sirviera como aporte o disparador de algo. Era un vídeo en Facebook de un cachorrito de león que jugaba. El resultado de producir así, al menos en los trabajos que yo recibo, es muy pobre. La atención tiene que estar muy dispersa para que escriban mal hasta su propio nombre, como pasa….”

El filósofo y sociólogo italiano Umberto Gallimberti aporta importantes pistas sobre el tema: “la tecnología está en profundo conflicto con el rol que el hombre se había asignado en la historia… la era tecnológica suprimió el escenario humanista… La tecnología no tiene un fin, ni promueve un sentido…”.

Según él, la falta del futuro como promesa, concentra los deseos y las expectativas de muchos jóvenes en el presente. “Mejor pasarla bien y gratificarse hoy, si no hay esperanzas en lo que vendrá”. Consagran por ello su tiempo y sus energías al consumo pasivo de imágenes y sensaciones en detrimento del pensamiento, del conocimiento y la imaginación. La vida se les va en frivolidad y consumismo, con vacío existencial, absoluta falta de objetivos y resistencia total a enfrentar dificultades o a realizar esfuerzos.

Según Gallimberti, por falta de lectura y de instrucción no solo son ignorantes en conocimiento. También lo son en temas fundamentales para identificar en qué consisten y que representan en la vida humana los sentimientos, la gloria, el dolor, el amor y muchas otras referencias básicas para orientarse en el escenario emotivo y en el sentimental. Aunque parezca increíble muchos ni siquiera tienen noción del delito ni de las consecuencias de sus actos. Desolador panorama que en contraste con las virtudes y logros deslumbrantes de los mejores, indica que la era de la información no aporta a muchos jóvenes sabiduría ni cultura. Les entrega enormes cantidades de información, pero no conocimiento cualitativo. Ya McLuhan dijo que la tecnología es una extensión de nuestros sentidos, pero que de la misma forma que los amplifica también los amputa.

Entre los jóvenes de hoy se pueden encontrar muchos de los mejores individuos de todos los tiempos en cuanto a inteligencia, conocimiento, entrenamiento, habilidad y sabiduría. Pero también los más banales y superficiales esclavos del esparcimiento tecnológico y del “social media”, enemistados sin remedio con el humanismo, la investigación y la lectura.

El poeta serbio Charles Simic escribió que su experiencia de 40 años como profesor universitario le enseñó que los jóvenes son cada vez más ignorantes, pasan de la escuela a la universidad sin estar preparados y sobre todo no saben nada de historia por lo cual son incapaces de entender o contextualizar su propia existencia. “Hemos necesitado muchos años de indiferencia y estupidez para hacernos tan ignorantes como somos hoy”.

El aumento continuo de las expectativas de vida hace que hoy coincidan más que nunca antes en la historia, tres generaciones –abuelos, padres e hijos- y confirma que los millenials y los que les siguen son radicalmente diferentes en valores, principios y gustos de sus mayores. También que no todo es frivolidad. Los hay amos de la red y la nube, integrados a las nuevas tecnologías, enfocados en lo científico-técnico y no en el humanismo, en el análisis y aprovechamiento y no en la memorización de la información. Concentrados en el beneficio económico y el éxito temprano, proyectan su vida adulta al hedonismo y quieren, como Zuckerberg, el primer millón de dólares antes de los 30 años.

La diferencia entre los excelsos y el mar de la mediocridad siempre parece estar en el compromiso y la tarea de los padres. Gallimberti subraya que ante sistemas educativos que aún no entienden la trasformación del hombre lector en hombre pasivo, ni la multiplicidad de las inteligencias, es a ellos a quienes corresponde romper la cadena y encausar a sus hijos al reconocimiento de sus capacidades y virtudes en el clásico modelo griego de la realización como fuente de felicidad. En el sencillo precepto que sin proyecto ni propósito, se pierde el sentido de la existencia, que sustenta en buena parte la evolución de la humanidad.

* @germanmanga

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