Viernes, 20 de enero de 2017

| 2015/08/27 12:48

Vida y muerte de los taxis

Uber revoluciona el negocio de taxi con enorme impacto pero están en expansión otras aplicaciones que tendrán mayor alcance y repercusiones a largo plazo.

Germán Manga.

En una noche aparentemente tranquila, cuando conducía de regreso a su casa por la carrera 7 de Bogotá, Andrés Bernal, un conductor de Uber, fue asaltado por un grupo de taxistas que lo interceptaron y sin mediar palabra en pocos segundos abollaron a golpes su carro y después le rompieron el vidrio panorámico. El sonido de una sirena acercándose los puso en retirada gracias a lo cual el hecho –que fue registrado por cámaras de la Policía- no pasó a mayores.

Este tipo de ataque que se repite en los últimos meses en nuestra capital y en otras del mundo, forma parte de una especie de guerra contra los molinos de viento que libran empresas y personas que operaron durante décadas el negocio del taxi en el planeta, contra Uber, una multinacional de Estados Unidos valorada en 50.000 millones de dólares que tiene a Google y Baidu entre sus accionistas y funciona en 300 ciudades de 58 países en todos los continentes, con base en una aplicación para teléfonos inteligentes.

Son modelos de negocio muy diferentes en cuanto a organización, precios, calidad de los automóviles y del servicio, lo cual explica que desde su inicio de actividades en 2009, hasta hoy, Uber suscite polémicas y enfrente acciones judiciales, casi todas aún sin resolver, en la Unión Europea, India, Tailandia, Corea del sur y Colombia, entre otros países.

Hay enormes intereses económicos en juego lo cual explica la acritud de la confrontación. Un millón de dólares costaba la licencia para operar un taxi tradicional en Nueva York, 100 millones de pesos en Bogotá y ahora unos y otros están obligados a competir con miles de recién llegados (en N.Y ya hay más taxis Uber que amarillos), que ostentan una flota de automóviles nuevos y ofrecen excelente servicio en varios países a precios significativamente inferiores porque no pagan cupos ni impuestos.

Como se trata de una irrupción novedosa existen grandes vacíos normativos en materias importantes –seguridad, impuestos, licencias de operación, seguros- factor que exacerba aún más los ánimos. Pero en el fondo es una guerra sin sentido que no tendrá ganadores porque Uber y los taxistas tradicionales, además de la actividad, comparten a mediano y largo plazo los mismos peligros y amenazas. El hecho principal es que la tecnología demolió para siempre el monopolio del taxi basado en radiofrecuencias exclusivas que permitían a las empresas tradicionales comunicarse con los vehículos y aportó un nuevo modelo que transformó el negocio, algo que la humanidad ya ha visto con otras actividades como la venta de discos, los sitios de revelado de fotografías o las agencias de viajes.  

Uber revoluciona el negocio de taxi con enorme impacto pero están en expansión otras aplicaciones que tendrán mayor alcance y repercusiones a largo plazo, como el carpooling que es el uso compartido entre particulares, de automóviles particulares, para viajes periódicos y para trayectos puntuales, sin ánimo de lucro, pero con aportes para cubrir los gastos. Representa mayor velocidad, menos costo y más confort para los pasajeros, a la vez que un ingreso extra para el dueño del vehículo. Es acorde con las políticas de los gobiernos para  reducir  el tráfico  y emisiones de CO2. El precio lo fija el conductor cuando publica su viaje, de acuerdo con el itinerario y los gastos y tanto la convocatoria como el pago se realizan a través de una aplicación. Estudiantes de la Universidad de Los Andes de Bogotá tienen Wheels una aplicación de carpooling mediante la cual transportan a sus compañeros en sus carros particulares a $2.000 el puesto. A  nivel mundial ya hay varias disponibles en muchos países: Tripda (ya en uso en Colombia) Blablacar, SocialCar, AreaVan, Amovens, Caarpooling, Carpling, entre otras.

El Carsharing, es un concepto cercano al anterior  y realiza a través de aplicaciones el alquiler de automóviles por el tiempo exacto que demande el usuario. Se factura por las horas utilizadas y el kilometraje recorrido. BlueMove es un emblemático sitio de esta modalidad.

Aún si se lograra reglamentar Uber en otros países como ocurrió en México, donde recibieron una cuota de mercado a cambio de pagar impuestos, en el futuro inmediato la actividad de los taxis se verá afectada irremediablemente por la proliferación de aplicaciones que permiten a los particulares pactar transporte a bajas tarifas en sus vehículos. En grandes ciudades habrá espacio para el taxi como medio de transporte público pero también crecerá exponencialmente el carpooling y la multiplicidad de opciones obligará a las compañías a buscar nuevos conceptos y modalidades de servicio. El desafío real para taxis blancos y amarillos es la economía compartida, un nuevo concepto impuesto por la tecnología,  que basado en la casi ilimitada capacidad de Internet para conectar a personas está impulsando una enorme revolución que se expande velozmente a muchas otras actividades. La economía compartida  es útil para toda clase de bienes y servicios, vehículos pero también  casas, apartamentos, sitios de vacaciones que ahora se intercambian a precios pequeños o se canjean a través de aplicaciones. Vamos hacia una “uberización” de la humanidad que derriba viejos esquemas y modelos de negocios, un fenómeno ante el cual las empresas tradicionales tienen las opciones de librar batallas contra los molinos de viento, concentrase a repensar y reorganizar sus actividades de acuerdo con la nueva realidad, o simplemente morir.

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