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Opinión

  • | 2016/07/07 09:45

    Colombia en el laberinto de los camioneros

    Desde 2001, han realizado 12 paros en el país para mantener artificialmente altos los precios de los fletes y para detener la modernización del sector.

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Un dato muy inquietante del paro nacional que iniciaron los camioneros el pasado 6 de junio, es que es el número 12 que realizan desde el año 2001.

Siguen siempre el mismo libreto: en un momento de tensión social –esta vez el paro de las “dignidades campesinas”- inician la protesta con un pliego de peticiones de varios puntos que poco a poco reducen a tres: fletes por decreto para garantizar los ingresos más altos posibles,  licencia para seguir operando carros viejos y medidas para detener la modernización del sector.

En Colombia los camioneros trabajan en crisis permanente porque hay muchos más vehículos de los que se necesitan. Hoy circulan más de 300 mil tractomulas, camiones y carrotanques y no hay carga para todos.  Hay camiones para transportar hasta 500 mil toneladas y solo 250 mil toneladas de carga. Si los precios de los fletes se establecieran por los dictados de la oferta  y la demanda, muchos saldrían del mercado.

Además de la sobreoferta la crisis también se debe a que la flota de camiones es obsoleta -19 años de uso en promedio- y hay unos 120 mil para chatarrizar. El gobierno actual ha tratado de implantar un modelo “1 a 1”, para que un vehículo nuevo sólo pueda ser matriculado tras chatarrizar otro,  pero muchos camioneros se oponen y han logrado sabotear el proceso.

En China apenas 8% del total de la carga se transporta en camiones, 14% en Australia, 16% en Estados Unidos. En nuestro país 70% que es la totalidad porque el 30% restante corresponde al transporte de carbón por vía férrea. Eso les otorga a los camioneros el poder de afectar los puertos, el abastecimiento, las obras y de paralizar el país cuando quieren.   

Las enormes imperfecciones de este sistema hacen que Colombia tenga uno de los costos por transporte terrestre más altos del continente: 22% en promedio, del total de los costos de un producto, 39% del costo de las importaciones y hasta 36% del costo de las exportaciones.

El de los camioneros es un sector complejo, grande y heterogéneo, en el cual 69% de los vehículos pertenecen a personas naturales, muchas de las cuales no ven otra opción que luchar con todos los medios a su alcance para detener los cambios. Año tras año bloquean el país pero la escalada de paros prolonga el círculo vicioso: logran precios artificialmente altos para los fletes pero aumentan con ello la sobreoferta porque hacen rentable para algunos tener más camiones y al mismo tiempo incentivan informalidad, piratería y competencia desleal de camioneros que trabajan con tarifas inferiores al mínimo requerido. 

El método de los paros es a todas luces violento y lesivo para los colombianos pero hasta ahora les ha dado resultados. Por esa vía han tenido logros insólitos como hacerse perdonar las multas por infracciones de tránsito acumuladas durante varios años.

En un cambio radical de posición, respecto de los paros anteriores, esta vez el gobierno se ha mostrado duro en la negociación.

Es inaplazable modernizar el transporte y el manejo logístico, aumentar la participación de los modos férreo y fluvial y desarrollar un sistema eficiente de transporte terrestre, con empresas formales pero eso choca con los intereses particulares del gremio.  Los camioneros insisten  en que les restablezcan la tabla de fletes que hasta el año 2011 establecía el precio por decreto, muy  por encima de la realidad del mercado, reiteran sus reservas a la chatarrización y enfocan sus baterías contra Impala, la multinacional que impulsa el transporte multimodal en Colombia.

En definitiva, lo que hay en el fondo de estos 12 años de paros idénticos es la lucha de intereses particulares contra el interés general, característica en tantas expresiones fundamentales de la vida colombiana. El reto del gobierno es encontrar una solución que mejore las condiciones de trabajo de los camioneros sin afectar el  propósito de restructurar un sistema de transporte obsoleto, que encarece las actividades y los productos y que atrofia el crecimiento y la competitividad del aparato productivo.

No será fácil que lo consiga en momentos de gran turbulencia política por el proceso de paz y de presiones inflacionarias que se están agudizando con el paro. Pero en cualquier caso ya es un gran avance que recuperen la iniciativa, que acometan el proyecto desde otras estrategias, con otras ideas y sobre todo que se liberen del libreto pernicioso e inútil de soportar y mal negociar el paro camionero de todos los años, las tomas arbitrarias y en ocasiones violentas de vías y nodos claves del país por los transportadores, que hasta ahora siempre se han salido con la suya. 

@germanmanga

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