Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2016/06/03 10:48

No, no y mil veces no a una constituyente

A la Constitución hay que tratarla con cuidado, evitar tocarla incluso con el pétalo de una rosa.

Alfonso Cuéllar. Foto: Juan Carlos Sierra / Revista Semana

La Constitución de los Estados Unidos de América se promulgó en 1788. En toda su historia ha tenido 26 reformas; 10 de una sola vez en 1791 cuando se adicionó la llamada carta de derechos (libertad de expresión, al porte de armas, al debido proceso, a un jurado de civiles, etc.). Tres enmiendas surgieron del fin de la guerra civil (1865-1870) donde se abolió la esclavitud y se le otorgaron derechos electorales y civiles a los afroamericanos. Otra autoriza el cobro del impuesto de renta (1913). Hay dos donde se permite las participación electoral de las mujeres (1920) - como resultado de la Primera Guerra Mundial- y los mayores de 18 años (1971),  una consecuencia del conflicto en Vietnam. Tres reformas tratan de asuntos electorales - nuevas reglas para el funcionamiento del colegio electoral (1803), votación directa del Senado (1913) y representación de Washington DC en las elecciones (1961). Y tres más sobre los períodos e incapacidades de los presidentes, incluyendo la prohibición de más de una reelección (1933, 1951,1967).

Los cambios a la Constitución estadounidense son escasos y esporádicos y casi siempre involucran temas fundamentales (la única excepción fue la prohibición de la producción, transporte y venta de licores -1919- y la posterior revocatoria de esa norma en 1933). No es fortuito: el trámite es oneroso. Cualquier reforma no sólo debe ser aprobada con el voto de las dos terceras partes de la Cámara y el Senado sino también por dos terceras partes de los estados.

La última Constitución de Colombia fue promulgada el 4 de julio de 1991. Tiene más de 30 y pico reformas, sin contar las que se quemaron en el horno (el referendo de Uribe de 2003, por ejemplo). Muy pocas son trascendentales. Quizás la regla fiscal, ajustes en las circunscripciones electorales, el sistema acusatorio y, obviamente, la reelección inmediata; la cual acaba ser abolida de nuevo. Pero hay unas joyas como la tercera que restableció las suplencias en las corporaciones públicas, acabando de un tajo lo que había sido uno de los grandes avances de la Asamblea Constituyente. Fue aprobada en diciembre de 1993.

Parecería que cada presidente, desde Gaviria a Santos, considerara que fuera un derecho innato  agregarle su articulito (s) a nuestra Carta Magna. Se enmarca perfectamente en nuestra tradición histórica: cambiar en el papel lo que no logramos sobre el terreno. Es mucho más fácil.

Ahora estamos en las mismas: con la decisión de la Corte Constitucional de declarar inexequible la creación del Consejo de Gobierno Judicial, varios dirigentes políticos - incluyendo al presidente del Senado- andan proponiendo una asamblea constituyente. Como si el problema de la administración de justicia fuera de falta de normas y no de ejecución.

A esa barbaridad se le suma el adefesio del “acuerdo especial” con el cual quieren volver parte integral de la Constitución lo negociado en La Habana. No me quiero imaginar la andanada de demandas a la Corte Constitucional para que el Estado colombiano cumpla con cada palabra y frase de centenares de páginas del eventual acuerdo de paz. (Allí se habla, por ejemplo, de temas como créditos y subsidios; son lógicos en leyes, pero bichos extraños como parte de un texto constitucional).  

Lo verdaderamente irónico es que todo lo que quieren tanto los senadores indignados con la Corte Constitucional como las FARC ya es posible en nuestra constitución. Hay derechos para todos los gustos; herramientas para expropiar y también para defender la propiedad privada; múltiples instrumentos para garantizar el equilibrio entre los poderes. Dudo que una asamblea constituyente aporte significantemente más. Creo que sería lo contrario; generaría inestabilidad e incertidumbre. Colombia quedaría en limbo. Se perdería todo lo que se espera  ganar con el anuncio del fin del conflicto de medio siglo.

Cuándo comprenderemos que a la Constitución hay que cuidarla, que no hay que tocarla ni con el pétalo de una rosa. Que no es una competencia por sumar artículos ni conceptos. Si Estados Unidos, que es casi un continente, ha sobrevivido con siete artículos y 27 enmiendas, imposible que nosotros no podamos hacerlo con nuestros casi 400 artículos ¿O no?

*Periodista y presidente de Hill and Knowlton Colombia

En Twitter Fonzi65

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