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Opinión

  • | 2015/04/10 09:58

    ¿Qué más hay bajo la sotana del Procurador?

    Numerosas de sus posturas políticas, jurídicas y religiosas van siempre a contracorriente de los intereses generales de la paz, de la sindéresis y de la modernidad.

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Lo del señor Procurador General, Alejandro Ordoñez Maldonado, definitivamente está pasando de castaño a oscuro. Actúa desde su cargo como si ya estuviésemos en la contienda electoral por la presidencia de 2018. Y lo está haciendo con tal ímpetu y estrépito que su eventual candidatura da signos de llegar a convertirse en la más polémica de los tiempos recientes. Y es que en él, ciertamente, confluyen rasgos temerarios de conservador recalcitrante, católico extremista y vengador implacable, todo ello mezclado con su devota afinidad a la reaccionaria y trasnochada fórmula de tradición, familia y propiedad.   

Numerosas de sus posturas políticas, jurídicas, filosóficas y religiosas van siempre a contracorriente de los intereses generales de la nación, de la sindéresis y del fluir de la historia hacia una civilización cada día más renovada e igualitaria. Cómo si no, al oírsele despotricar contra el deseo de todo un país por alcanzar la paz tras más de 50 años de guerra fratricida; o más que ofuscado, vérsele irritado con la sola idea del aborto; clamar con mayor vehemencia por la salvaguarda jurídica y el bienestar de los militares que por las víctimas de los “falsos positivos”; censurar a los homosexuales saliéndose de los chiros y sin contemplación cristiana alguna por su condición humana y sus derechos a un soberano albedrío individual; oponerse a la eutanasia, la adopción por parte de los gay o la  despenalización de la dosis mínima, y condenar de urgencia y en contravía de lo fallado por la Corte Suprema de Justicia a Piedad Córdoba mientras reclama la presunción de inocencia para Sandra Morelli o el magistrado Pretelt.

Él mismo lo ha dicho refiriéndose a los que no están de su lado o gozan de su afecto y protección sin ocuparse del aire que se respira en su entorno: “Algo huele a podrido”.  Y en este punto habría que creérsele, siempre y cuando sepamos orientar nuestro olfato.

El doctor Ordoñez, como bien se sabe, en calidad de procurador tiene unas funciones específica: “vigilar el actuar de los servidores públicos sin que ello implique coadministración o intromisión en la gestión de las entidades estatales”; intervenir ante diversas instancias jurisdiccionales siempre y cuando lo haga en defensa de los derechos y las garantías fundamentales, e “iniciar, adelantar y fallar las investigaciones que por faltas disciplinarias se adelanten contra los servidores públicos y contra los particulares que ejercen funciones públicas o manejan dineros del Estado”.

Y, sin embargo, “perplejos” también como dice él que lo está frente a cada paso que da el gobierno en su esfuerzo por firmar la paz con las FARC-EP, lo vemos día tras día intentando apabullar al Presidente y al sentido común de la opinión pública, y hasta escarbando incesantemente en las decisiones libérrimas de la intimidad de las personas, tales el aborto, las preferencias sexuales, la dosis mínima, etc. Y lo vemos también, quién lo creyera, ya no como la ficha y el ventrílocuo de Uribe para el 2018, sino que con su desfachatez politiquera y sus ambiciones desatadas, muy seguramente accionando la bomba de fragmentación política que terminará por vencer y liquidar a Uribe y su Centro Democrático en la competencia que con ellos parece estar librando por abanderar la más extrema de las derechas políticas e ideológicas para Colombia.   

No por graciosa deja de ser acertada y seria la advertencia que le hace el presidente Santos a este funcionario de "afirmaciones mentirosas que no le hacen bien a la democracia" y que “presume como vocero de la sociedad”, cuando señala que "si el procurador quiere ser un procurador con sotana, no tengo problema (…) el problema es si debajo tiene intereses políticos".

¡Ah!, pero su impulso belicoso y su apetito de poder no paran ahí. Son más graves que eso. En riesgo vital estamos los colombianos cuando a menudo le oímos sus diatribas en contra de las negociaciones, alegatos y obstáculos opositores a ellas que ahora quiere matizar por conveniencia electoral con la promoción de un oportunista “Pacto por la Paz”. Ha venido escalando desde sus tímidos comentarios y críticas iniciales sobre el proceso de La Habana, hasta la construcción arrogante y obcecada de un sinnúmero de obstrucciones jurídicas o políticas que él califica de insalvables e inamovibles.

A grito ensordecedor nos ha notificado: “Voy a seguir metiéndome en el proceso de paz… y así voy a seguir haciéndolo”. Y en tanto se desgañita, aconseja: “Señor presidente Juan Manuel Santos, le reitero: serénese”.

La audiencia queda advertida. ¡Ojo, pues!

guribe3@gmail.com
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