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Opinión

  • | 2014/04/04 00:00

    La maquinaria amarrada de los ‘tinterillos’ presidenciables

    El peor de estos ‘tinterillos’ que aspiran a ocupar un lugar en la Casa de Nariño es Germán Vargas Lleras, un Alí Babá de la maquinaria electorera con pocos escrúpulos.

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A menos de ocho semanas del evento democrático más importante del país, las encuestas dejan ver la ausencia de un liderazgo y el aburrimiento de un electorado que no cree en las promesas de los candidatos que buscan llegar a la Casa de Nariño.  El país va mal a pesar de la supuesta aceleración de la economía. 

Y el desarrollo que debería ser un reflejo de esa aceleración, no se alcanza a ver. Ninguno de los aspirantes logra el 25 % de la intención de voto, y Santos, con todo el apoyo que representa la maquinaria estatal, ha perdido la confianza de los pocos electores que aún le quedan.

Con la excepción de Clara López y Aída Abella, dos mujeres que podrían hacer de Colombia lo que Michelle Bachelet hizo de Chile, el abanico de presidenciables representa los mismos partidos desafortunados que han mantenido al país en el statu quo: poca educación, poca salud, poco desarrollo y mucha corrupción. Santos, como lo hemos dicho en otras ocasiones, perdió la gran oportunidad de meter a Colombia en la vía del verdadero desarrollo, pero tomó la decisión de seguir los lineamientos de sus antecesores: hacer del Congreso de la República la oficina oval del Ejecutivo.

Como el país parece tener mala memoria, se nos ha olvidado que el presidente Santos fue Ministro de Comercio Exterior de la desastrosa administración de César Gaviria, quien fuera el iniciador de ese proceso macabro de privatizaciones de las empresas del Estado. 

Venderle el alma al diablo, como dirían los abuelos, le resultó fácil, pues tenía una buenas rodilleras que le permitieron hacer el viacrucis a la Casa Blanca y regarle el país a las multinacionales gringas. Parece haberse olvidado que durante ese gobierno, Colombia vivió el déficit de energía más grande de su historia y hubo que cambiar a punta de decretos el horario laboral de los colombianos, periodo durante el cual se disparó la criminalidad en el país y Pablo Emilio Escobar asesinó, sin remordimiento de conciencia, a todo el que quiso sin que las autoridades pudieran hacer nada para evitarlo.

En el 2000, nuestro Presidente hizo parte del gabinete de Andrés Pastrana, quien lo nombró Ministro de Hacienda. No olvidemos que el de Pastrana fue, al lado del Samper Pizano,  uno de los peores gobiernos que ha tenido el país en materia de desarrollo. Pero la cereza del ponqué la alcanzó durante la administración del “mejor presidente de la historia colombiana”, donde fue nombrado Ministro de Defensa, tiempo en el que se desataron las masacres de campesinos y jóvenes desempleados que luego la prensa publicó bajo el nombre de ‘falsos positivos’.

Lo mismo podríamos decir de  Marta Lucía Ramírez, una conservadora camaleónica que, al igual que Santos, ha sabido moverse con libertad entre los partidos tradicionales del país, razón que la ha llevado a ocupar ministerios tanto en el gabinete de Pastrana como el de Uribe. Sin duda es una goda recalcitrante, una especie de dinosaurio político que en el fondo  cree, como su anterior jefe, que la guerra que vive el país desde hace 50 años es posible terminarla echando plomo sin inversión social.

Pero el peor de estos ‘tinterillos’ que aspiran a ocupar un lugar en la Casa de Nariño, como lo dejó ver La Silla Vacía [28-03-2014], es Germán Vargas Lleras, quien según el profesor Fernando Estrada es la prolongación de “los ciclos viciosos que han manejado al país” desde hace cien años. Este descendiente de expresidente es un clientelista profesional, un Alí Babá de carne y hueso con pocos escrúpulos, un uribista de cara limpia como lo es Óscar Iván Zuluaga, como es lo Pachito Santos y como lo es Enrique Peñalosa, quien ahora, ante los saltos de las últimas encuestas, pretende echar reversa y hacerle creer al electorado que Uribe fue solo un accidente en su vida política.

Las elecciones que se avecinan serán sin duda las más aburridas de todas las que ha vivido el país en los últimos 30 años, no solo porque el voto en blanco se perfila como una opción que, si es cierto que no elige presidente, deja constancia del inconformismo que padece el pueblo colombiano ante el atraso que vive el país y las falsas promesas de sus dirigentes.

Lo único predecible de esta contienda electoral es que si gana Óscar Iván Zuluaga, ganará Uribe. Si gana Santos y Vargas, ganará Uribe. Si gana Peñalosa, la sombra de Uribe se moverá sobre la sombra del exalcalde. En otras palabras, salga quien salga elegido de esta baraja siniestra, ganará Uribe porque lo que se está eligiendo serán las mismas políticas retorcidas que tienen a la educación colombiana en el último lugar del escalafón mundial. 
Se estarán reafirmando los TLC que tienen a los campesinos jodidos y los mismos tratados con las multinacionales petroleras que convirtieron al Casanare en un desierto.

En términos menos retóricos, se estará consolidando una democracia torcida, resarciendo el monstruo de los olvidados abolengos y reafirmando el dominio de una oligarquía que ha manejado al país desde tiempos inmemoriales.

En Twitter: @joarza
*Docente universitario.
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