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Opinión

  • | 2017/03/08 08:33

    Vicepresidente renuncia y se va

    El vicepresidente ya tiene reemplazo y aunque el Congreso podría no aceptar la renuncia todo parece indicar que desaparecería y del mapa político del 2018.

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Juan Manuel Santos y Germán Vargas conformaron la fórmula presidencial ganadora 2014-2018, unidos por su propósito de acceder al poder, el primero para ese período y el segundo para el siguiente, en el entendido que este último supervisaría las obras de infraestructura, así tendría la posibilidad de adquirir experiencia gerencial y demostrar sus capacidades para sacar adelante proyectos de gran envergadura.

Lo cierto fue que las negociaciones del Gobierno con las FARC se convirtieron en el centro de la agenda gubernamental y los antecedentes políticos de Vargas no coincidían con el discurso presidencial, es más, parecía su contradictor natural, sin embargo, se hizo a un lado, guardó silencio hasta que los acontecimientos y el Gobierno demandaron su apoyo expreso, el cual tardó y se produjo lánguido. Así, Vargas eligió la línea media y con ello no dejó contentos a los miembros del Gobierno como tampoco a sus seguidores.

El vicepresidente ya tiene anunciado su reemplazo, Óscar Naranjo, exdirector de la Policía Nacional y miembro del equipo negociador con las FARC. Vargas perdió el apoyo gubernamental y con ello la posibilidad de ser el candidato de una coalición de partidos de gobierno; en ese lugar parece estar Humberto de la Calle, jefe del equipo negociador, curiosamente otro vicepresidente que renunció a la dignidad, por otras razones, antes de que se cumpliera el período.

Fue precisamente en el caso de la gobernadora de La Guajira, Oneida Pinto, avalada por Cambio Radical, del mismo partido de Vargas, donde el Consejo de Estado, en sentencia de unificación para alcaldes y gobernadores, de 7 de junio del 2016, dijo que si bien el elegido tiene derecho a renunciar al mandato popular, ese mismo mandato le impone durante el período para el cual fue electo, no poder buscar el favor del electorado para acceder a otro cargo de mayor jerarquía en la estructura estatal. Tratándose de las mismas razones se habrían de aplicar las mismas soluciones, entonces, el antecedente jurisprudencial sería aplicable al vicepresidente.

Ahora, el senador Armando Benedetti sostiene que el Congreso tiene la facultad de aceptar o no la renuncia del vicepresidente Vargas, según lo establece el artículo 173 de la Constitución, lo cual es cierto. Pero negar la renuncia requiere de argumentos jurídicos razonables, no podría estar sustentada la motivación política de cerrar el paso a un futuro candidato a la Presidencia, en lugar de vencerlo en las elecciones respectivas.

En suma, la alianza Santos-Vargas se habría roto por el proceso de negociación con las FARC. Vargas habría optado por una mala estrategia, no apoyar al Gobierno pero tampoco fijar posición en contra. El Gobierno ya tiene reemplazo para la Vicepresidencia y ha dejado a Vargas a su suerte. La nueva posición jurídica unificada del juez electoral, que podría ser aplicable al caso, es que Vargas estaría inhabilitado para la presidencia en el 2018. En el Senado, sus opositores dejan ver que mediante una discutible jugada política, podrían malograr sus aspiraciones prematuramente.

Así las cosas, parecería que el vicepresidente renuncia y se va, pero no sólo de esa alta dignidad, sino que también saldría del mapa político del 2018.

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