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Opinión

  • | 1983/04/18 00:00

    GLOSAS AL MARGEN QUE NO PASO

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Ya que se abre de nuevo la discusión sobre la reforma tributaria de la administración Betancur en el Congreso, parece conveniente, aunque quién sabe qué tan eficiente, presentar puntos de vista distintos a los que obtienen tanta resonancia en los medios de comunicación. De pronto, uno que otro congresista ilustrado logra modificar los acuerdos de las trepidantes maquinarias políticas tradicionales y logre instalar en la legislación elementos progresivos, aunque, como se verá, la ley tiene muy poco que ver con la tributación efectiva de los grupos de altos ingresos del país.
En el Cinep hicimos un foro sobre la emergencia económica hace dos semanas. Intentábamos hacer un balance de las medidas tributarias y la resultante señalaba un aumento de la recaudación efectiva a través del predial, la retención a los salarios y los nuevos impuestos al consumo (rodamiento, licores y tabaco), pero una baja enorme del impuesto directo por la eliminación de la doble tributación. Fernando Rojas comentaba que el impuesto a los dividendos era cerca del 20% de los impuestos a la renta y los pagaban precisamente los grandes concertadores de la propiedad industrial y financiera del país. Añadía, además, que la amnistia patrimonial abría una tronera a la evasión en el futuro, porque muchos empresarios inflarían sus activos, sus ingresos corrientes demostrables, entonces, iban a señalar pérdidas cuantiosas con relación a ese patrimonio ampliado.
El traslado de ingresos fiscales a los departamentos y municipios señalaba Fernán González, era muy loable en teoría, pero en la práctica significaba entregar a muchas y muy corruptas administraciones regionales fondos que se iban a disipar en clientelas y desfalcos, mientras que los servicios sociales centralizados, en especial la educación, que cuentan con un grado relativo de eficiencia técnica, serían severamente debilitados. Algunos directivos de Fecode me informaban que su federación reivindica la nacionalización de la educación, que surgió precisamente a raíz de las profundas fallas que tiene la estructura administrativa regional. Comentaban también que la reforma tributaria ya se la habían hecho al trabajador del sector público, al decretar el gobierno un aumento promedio del 21% en sus remuneraciones, lo que significaba un impuesto del 4% sobre los ingresos reales del año pasado, pagando así los empleados lo que evadieron los grupos de altos ingresos. En todo esto se muestra bien la política descentralista conservadora, algo que ya ha hecho Reagan para su país: se rebajan los impuestos al capital que se pagaban al gobierno central, éste degrada sus programas sociales, baja los salarios de sus empleados y diluye sus responsabilidades al trasladarlas a entes regionales y municipales.
Parece también que los ingresos adicionales que tendría el gobierno por la amnistía patrimonial serán ínfimos porque tanto la situación económica general del país, de profunda recesión, un deterioro cambiario creciente y la inseguridad estan dando más bien señales a la fuga de capitales y no a la repatriación de los mismos.
Los ingresos fiscales de la cuenta especial de cambios,que representaron $ 70.000 millones el año pasado parte de los cuales el gobierno intentaba esterilizar monetariamente o utilizar reproductivamente en su propuesta tributaria, van a sufrir también fuerte menoscabo, en la medida en que las reservas internacionales tengan que ser utilizadas para confrontar pagos por deuda externa e importaciones y no puedan ser invertidas en depósitos a término de los bancos norteamericanos.
Para 1984, posiblemente, la única fuente de utlidades en esta cuenta especial van a ser las operaciones de compra y venta de divisas con un peso crecientemente devaluado, así que, al parecer, la anemia fiscal en que nos precipitamos no tiene límite.
Pero lo más destacado que surgió del foro de Cinep fue la aseveración de Rojas de que la legislación tributaria era y había sido siempre algo sin mucha importancia para el capital y la renta pues en este país la evasión tributaria no era un delito en la práctica. Nunca ha parado nadie en la cárcel por robarle al Estado ni los procesos que inicia el ministerio de Hacienda han culminado en un juz gado penal. Así que poco importa la renta presuntiva, las ganancias ocasionales, tarifas altas, bajas o medianas. En la práctica sólo pagan a los que se le retiene en la fuente el tributo, los asalariados y parte del impuesto a las ventas que se recauda mas mal que bien. El resto del contribuyente --sociedades anónimas, limitadas, hacendados y dividendo habientes-- pagan en verdad lo que consideran conveniente y necesario para ellos, primero, y después para el país.
Se le podría demostrar entonces a los congresistas y al mismo gobierno, si es que no lo saben, que si en verdad pretenden aumentar los recaudos tributarios sería mucho más eficiente procesar judicialmente a los 10 evasores más grandes que tiene el país, que todo el mundo sabe quienes son porque hasta se jactan de ello, que toda la sabiduría de los más sofisticados técnicos en tributación abstracta, volcada en leyes y artimañas que no tienen que cumplir necesariamente o que rápidamente aprenden a superar. La tecnología tributaria se parece así al juego "a que te cojo ratón", donde el ratón resulta demasiado venenoso para el gato.
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