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Opinión

  • | 2012/09/26 00:00

    Glosas a una entrevista a 'Timochenko'

    Comentarios a la entrevista que Timoleón Jiménez, máximo comandante de las FARC, le dio a Carlos Lozano en el semanario Voz.

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Carlos Lozano, director del semanario Voz, del Partido Comunista, entrevistó a Timoleón Jiménez, alias ‘Timochenko’, el comandante de las FARC y hombre sobre el que recae la responsabilidad de llevar a esta organización a un acuerdo para salir de la guerra. Es quizás la última oportunidad que en la vida política tienen, y que, de fracasar, será la degradación de una organización que ha trasegado por más de medio siglo en la historia nacional. En caso tal, la transformación de las FARC sería hacia una organización más emparentada con las dinámicas del narcotráfico y el ejercicio del terrorismo como vehículo de expresión, que son por cierto las acusaciones históricas que les hacen quienes se niegan a reconocer su carácter de rebeldes políticos.

La negociación que se iniciará en las próximas semanas es de una importancia realmente histórica, y tiene el reto de diseñar las reformas que están en la agenda pactada con el gobierno del presidente Juan Manuel Santos. Puesto que no es deseable un fracaso, he ahí la motivación para escribir estas glosas.

Para que el proceso sea exitoso, se requiere la mayor responsabilidad por parte de las FARC y del presidente Juan Manuel Santos. Como aporte a la comprensión y controversia democrática sobre tan crucial momento, quiero aportar unos comentarios a la entrevista en mención, que los interesados en leerla completa pueden consultar en el blog de Carlos Lozano.

Primera glosa:

A la pregunta “Comienza un nuevo proceso de diálogo con un gobierno de alguna manera heredero de la “seguridad democrática” uribista. ¿Cómo lo abordan las FARC?”

Inicia Timoleón Jiménez: “Nosotros siempre hemos estado dispuestos a la búsqueda de soluciones distintas a la guerra.”

Con las FARC se han intentado tres negociaciones y las tres han sido fracasos. La primera fue durante el gobierno de Belisario Betancur, cuando se firmaron los acuerdos de La Uribe que dieron origen a la Unión Patriótica y que tuvieron el firme compromiso del Partido Comunista, motor y fuerza principal de este nuevo movimiento político. Ese intento se cerró con el genocidio de 3.000 militantes, en lo que constituyó una herida abierta a nuestra precaria democracia. Mi mirada es que en ese periodo las FARC estaban más interesadas en construir un ejército que en lograr un verdadero pacto de paz, y que la falta de un gobierno cuyos miembros hablaran un mismo idioma, sumado a una ultraderecha enemiga de cualquier pacto y la escalada de la guerra terrorista del narcotráfico, echaron por la borda ese primer intento.

El segundo intento fue con el presidente Cesar Gaviria, donde hubo más un afán de protagonismo de las FARC, que quiso cobrar el ataque a Casa Verde –la sede del Secretariado de las FARC- y jugar políticamente en el escenario de la Asamblea Nacional Constituyente, antes que pensar seriamente en la búsqueda de un acuerdo.

El tercer intento fue el del Caguán, sobre el cual hay muchos balances en torno a por qué fracasó. Aquí de nuevo hubo un interés protagónico por parte de las FARC, con el cálculo de jugar más en función de la guerra que en el de buscar un acuerdo político para la paz. En resumen, mi consideración sobre este punto es que las FARC en los tres intentos de diálogos y negociaciones que han emprendido con el Estado, se han centrado más en crecer militarmente y ganar nuevos espacios que en aplicarse seriamente a construir la paz.

Ahora, en esta cuarta oportunidad, los veo por primera vez concentrados en buscar un acuerdo.

Segunda glosa:

A la pregunta: En varios sectores que apoyan el diálogo se está planteando la propuesta de tregua, cese al fuego y cese de hostilidades. ¿Qué opinan las FARC-EP?

La respuesta de Timoleón Jiménez es: “Estamos completamente de acuerdo. Siempre ha sido uno de nuestros primeros planteamientos al producirse aproximaciones con los distintos gobiernos. Desafortunadamente, la oligarquía colombiana se ha inclinado por que los diálogos se produzcan en medio de la confrontación. Si el despeje del proceso pasado hubiera estado acompañado de un mecanismo de esa naturaleza, otra hubiera sido la suerte del mismo.

En una larga historia de confrontaciones, de mutuas desconfianzas y de cálculos políticos, más afincados en acumular fuerzas y buscar la derrota del adversario, dudo de la afirmación de que las FARC siempre han planteado el tema del cese de fuegos y hostilidades como una prioridad. Por lo menos durante el proceso de El Caguán asumió una actitud abiertamente ofensiva. Entre el 98 y el 2000 se tomaron más de cien pequeños corregimientos y municipios, muchos de los cuales sufrieron graves daños y pérdidas humanas, en una demostración de fuerza e iniciativa militar que les abrió las puertas a las opciones de fuerza y derrota militar que luego lideraría Álvaro Uribe.

Ahora se espera de las dos partes una actitud de avanzar en el acuerdo y autorregularse en la confrontación, para ir encontrando el camino hacia un cese total de las hostilidades, que sería lo ideal. Aunque, claro está, no es fácil de lograr que estado y FARC decidan bajarle el volumen a la confrontación.

Tercera glosa:

A la pregunta: ¿Por qué se decidieron las FARC a asumir este nuevo intento de paz? ¿Debilidad? ¿Estrategia? ¿Realismo?

La respuesta de Timoleón es: Quienes afirman que la presión militar ha sido definitiva para movernos a una negociación política olvidan que esta década de guerra se desató cuando Pastrana puso fin de manera unilateral al proceso de paz que se celebraba en el Caguán. Es el Estado el que regresa a la Mesa de Diálogos con las FARC, para lo cual habrá hecho sus valoraciones internas. Una de ellas, así no la haga pública, tiene que ser el reconocimiento de que el enorme esfuerzo realizado para vencernos ha resultado inútil. Las FARC seguimos ahí, combatiendo, resistiendo, avanzando. Ahora volvemos al escenario natural de la política, los diálogos civilizados. Es absurdo afirmar que nos han obligado a sentarnos a la Mesa, cuando fue el Estado el que se levantó furioso de ella. Dialogamos, porque la solución política ha sido siempre una bandera nuestra y del movimiento popular.

Las FARC hoy han emprendido el camino del dialogo y la negociación porque han sentido el poder del Estado, que les ha propinado duros golpes; han perdido territorios, mandos, capacidad de golpear de manera estratégica a la fuerza publica, como lo lograron hacer entre 1993 y 1998. Esa es la razón por la cual están considerando seriamente, por primera vez, la alternativa de diálogos y negociaciones. Si no hubieran sentido el rigor de la confrontación y se hubieran debilitado, si la situación fuera distinta y en estos 14 años de dura confrontación –porque las FARC iniciaron su repliegue en la administración Pastrana- hubieran crecido militarmente, no estaríamos en el punto en el que estamos. Es la lógica elemental sobre la cual se han guiado las FARC: desde 1964 hasta 2002 crecieron en hombres y presencia territorial. Eso alimentó su sueño de derrotar militarmente al Estado, pero ahora que la realidad les muestra que van decreciendo, llegan a la mesa con más realismo. O eso esperamos los que hemos creído que este conflicto hay que cerrarlo con un acuerdo político, con contenidos que atiendan sus raíces y amplíen la democracia.

La entrevista citada es un valioso documento, frente al cual se puede discrepar, coincidir o matizar. Lo que sí quiero destacar es que Timoleón Jiménez tiene razón en que las FARC van a una mesa de negociaciones a construir un acuerdo político y no a firmar su rendición, porque si bien no son ganadores, tampoco se les puede ver como perdedores. De lo que se trata es de salir de este “empate negativo”, en el que este conflicto se afincó durante muchos años.

El acuerdo no es fácil pero es alcanzable, si las partes se aplican a construirlo y logran respaldo ciudadano para implementarlo.

*Asesor de la Corporación Arco Iris.
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