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Opinión

  • | 2004/04/04 00:00

    Golazo

    El aporte de la Nación al metro de Medellín es de 432 dólares por habitante, mientras al TransMilenio es de 87 dólares. Es decir 31 veces mayor, 64597

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Por estar enrostrándole la semana pasada la baldosa a Peñalosa, nadie le paró bolas al verdadero debate: el del metro de Medellín.

El del TransMilenio finalmente no cambió la opinión de nadie. Muchas expectativas por ser un mano a mano entre presidenciables se ahogaron en lo que terminó siendo un debate de rutina política, donde

quedó claro que hubo un accidente técnico que, como lo dijo el Ministro de Transporte, hace quedar como un cuero a la ingeniería. Pero por ninguna parte hay rastro de serruchos, y el primero en reconocer la importancia del Transmilenio, además del citante, Antonio Navarro, fue el alcalde Garzón, que se comprometió a mirar para adelante y proteger este patrimonio de la capital.

Menos mal. Porque por un momento pareció como si al Transmilenio lo quisieran convertir en Transpolo. Y no porque el debate de las baldosas fuera innecesario, sino por las demandas que varios del Polo le vienen metiendo al sistema para manosearlo, incluyendo el proyecto de acuerdo del actual concejal y ex magistrado Alejandro Martínez Caballero, en virtud del cual un pasaje de TransMilenio terminaría costando alrededor de 5.000 pesos.

Mientras nos ocupábamos del TransMilenio, sin embargo, otro tema se gestaba: la bobadita de que la Nación, como garante del metro de Medellín, acaba de acordar con el municipio que financiará la nada desconsiderable suma de 1.600 millones de dólares que los colombianos, montemos o no en el metro de esa ciudad, tendremos que pagar a punta de impuestos a la gasolina, a los cigarrillos, a los licores y a quién sabe qué otros artículos.

Traicionando la ya conocida y admirada tenacidad del pueblo paisa, que legítimamente se propuso tener el primer metro de Colombia y lo logró, el proceso de su construcción fue por desgracia truculento.

Se lo robaron, lo encarecieron las demoras e incumplimientos, los costos, los sobrecostos y los serruchos. Lo que debió haber costado 680 millones de dólares hoy va por los 3.500 millones de dólares. Me dicen además que problemas de diseño han acelerado su desgaste.

¿Y a cambio de qué todos los colombianos aumentaremos la financiación inicialmente pactada del metro de Medellín? A cambio de que las Empresas Públicas de la ciudad retiren una muy discutible demanda de 620.000 millones de pesos que le pusieron hace años a Isagen por la utilización de unos caudales en Antioquia, y que hizo posible, hasta ahora, neutralizar la venta de la entidad, que estuvo prácticamente cocinada en el año 2000, porque por cuenta de la demanda la entidad quedó en una situación financiera muy precaria.

A mí como bogotana me fascina que los paisas tengan su metro. Se les ve hermoso. Por mucho tiempo nos produjo envidia de la buena. Pero precisamente por eso me preocupa la inequidad de la situación.

El aporte de la Nación al metro de Medellín es de 432 dólares por habitante, mientras que al TransMilenio es de 87 dólares por habitante. Es decir que el aporte de la Nación para Medellín es 31 veces mayor que para Bogotá.

En esas estamos ahora: en que las EPM retiran la demanda contra Isagen, y los colombianos nos metemos la mano al bolsillo para compensarle al metro de Medellín toda la ineficiencia y la deshonestidad con la que unos pocos han manejado el proyecto, en contra de una gran mayoría de paisas que merecen un óptimo transporte masivo.

Aquí hay algo que no suena justo, porque no es justo. Varios técnicos de Planeación y Hacienda dejaron constancia de su desacuerdo. Incluso dicen que al Ministro de Hacienda este arreglo lo tiene muy molesto.

¿A qué horas nos metieron este golazo?

ENTRETANTO. Saber qué pasó exactamente en Guaitarilla entre el Ejército y la Policía era el primer gran examen del ministro de Defensa. Lo único que no podía era pasar raspando con un informe incompleto, atortolado e inconcluso.
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