Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

Opinión

  • | 2001/07/23 00:00

    Golpe de ‘comix’

    Que unos cachacos sin representación alguna planeen una junta cívico-militar y se arme una controversia nacional es inconcebible

COMPARTIR

Cual es la diferencia entre un golpe de Estado y un golpe de comix?

Podría decirse que si el director del Partido Liberal, el senador Luis Guillermo Vélez, se presenta en uno de los programas más vistos de la televisión, con documentos en mano que prueban una tentativa de conspiración política; y que si el principal periódico del país, El Tiempo, recoge en su primera página la denuncia sobre la existencia de la conspiración, estaríamos frente a lo primero, o sea, frente a un delicado intento de golpe de Estado, al que habría que ponerle toda la atención del caso para preservar nuestra democracia.

Pero no. El denunciado la semana pasada no fue un intento serio de golpe sino una ridiculez mayúscula. Que unos señores carentes de toda representación organicen en Oma unas tertulias de cachacos queridísimos y decadentes —algunos amigos míos—, para planear una junta cívico-militar a la cual entregarle las riendas del país, y que eso se convierta en una controversia nacional, con los problemas que de verdad sí tenemos, es inconcebible.

La conspiración se redujo a que un señor Marino Jaramillo llamó por teléfono a un señor Alberto Mendoza a proponerle que durante los próximos cuatro años gobernara el país una junta cívico militar, y que un general en retiro, José Joaquín Matallana, dejara la idea por escrito. Y hay que ver la que se armó ante tamaña ridiculez.

La historia ha enseñado que un golpe prospera con base en dos requisitos: que los dueños del país quieran que haya golpe —la voluntad del pueblo no cuenta, porque en general, los pueblos siempre quieren que haya golpe— y que los golpistas no sean golpistas de chiste.

Ninguno de los dos requisitos acompañaban a este conato de golpe.

Pero además, el golpe de Matallana y Cía. era técnicamente absurdo. Estaba planeado para que ocurriera en el empalme con el próximo gobierno, que es el único momento en que los pueblos no tienen interés en dar golpes de Estado porque están a punto de estrenar mandatario e ilusiones de cambio.

Adicionalmente, el golpe denunciado por el senador Vélez tenía otra característica muy original que lo hacía aún más ridículo: que no buscaba tumbar a nadie. Simplemente proponía que al país lo gobernara quien ganara las próximas elecciones, pero acompañado por algunos contertulios.

Lo más serio en materia de conspiraciones ocurrió durante el gobierno Samper, cuando los planes de que el gobierno del país lo asumiera una junta cívico-militar alcanzaron proporciones de escándalo nacional y hasta ameritaron comentarios muy explosivos del entonces embajador de Estados Unidos en Colombia. De la seriedad de este intento golpista da fe el asesinato de Alvaro Gómez, sobre cuya autoría todavía se especula a cuál de los bandos involucrados en la conspiración debe achacársele.

Pero a pesar del apoyo popular que habría tenido esta intentona golpista en esa oportunidad también falló un ingrediente fundamental: el golpe podían quererlo los colombianos, y específicamente hasta algunos militares activos, pero no lo querían los dueños del país. Casos recientes que confirman la importancia de este requisito: a Allende lo tumbaron los dueños del país, que eran los Estados Unidos. A Rojas Pinilla lo tumbaron los dueños del país, que eran los banqueros. Y a Samper lo mantuvieron en el poder los dueños del país, Santo Domingo, Ardila y Sarmiento.

Lo que demuestra este golpe de comix que tanto escándalo causó la semana pasada es que Colombia tiene una gran vocación democrática y que mientras más graves sean los problemas del país, más ridículos parecen los planes para dar golpes de Estado. Y que quienes plantean una posibilidad semejante quedan mal y pierden respetabilidad ante la opinión.

Y aunque el general Matallana ha sido enfático en aclarar que la fórmula había sido descartada, y que por consiguiente el escándalo es una mentira, casi no importa que lo sea: porque de haber sido verdad, este intento de golpe jamás habría logrado superar la categoría de ser un oso de antología.



ENTRETANTO...¿Cuánto tiempo más se demorará el gobierno en reversar la prohibición de la fusión entre Avianca y Aces?
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1855

PORTADA

Exclusivo: la verdadera historia de la colombiana capturada en Suiza por ser de Isis

La joven de 23 años es hoy acusada de ser parte de una célula que del Estado Islámico, la organización terrorista que ha perpetrado los peores y más sangrientos ataques en territorio europeo. Su novio la habría metido en ese mundo.