Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

Opinión

  • | 2007/11/03 00:00

    Grandes perdedores

    José Manuel Acevedo Medina explica por qué los grandes perdedores tras las elecciones fueron las mujeres y los jóvenes

COMPARTIR

Nunca antes el país había tenido tantos jóvenes y tantas mujeres como candidatos para alcaldías, gobernaciones, concejos y asambleas en cada ciudad y departamento del país. En Bogotá sobraban las opciones para el concejo, con listas de todas las vertientes que contenían nombres de gente joven, pila y descontaminada como los de Lariza Pizano, Aníbal Fernández de Soto, Cristina Plazas o Ricardo Nates, quemados todos en fila y sin misericordia.

De otra parte, en Colombia, de 578 candidatas para alcaldías municipales, solamente siete fueron elegidas efectivamente como alcaldesas, y de 12 aspirantes a las gobernaciones, nada más una terminó como gobernadora después del domingo.

Sin embargo el balance electoral, en términos generales, es bien pobre para las mujeres y los jóvenes. Mientras en Buenos Aires, triunfa Cristina Kirchner, en Chile gobierna Bachelet y en Alemania comanda Angela Merkl, en Colombia recurrimos al lugar común más estúpido del mundo para justificar nuestro extraño y torpe comportamiento electoral: “es que nuestra democracia no está suficientemente madura para tener a una mujer en el poder”, decimos recurrentemente.

Nada más mediocre y rebuscado que apelar a la falta de madurez de un pueblo para disculpar su incapacidad al momento de acompañar transformaciones tan importantes como necesarias.

Lo triste es que parece que entre las mujeres se dan más duro. Hay que ver cuántas envidias y falta de apoyo sexista en éstas y en general en la mayoría de elecciones. Lo mismo ocurre con los jóvenes que en vez de agruparse alrededor de líderes de su edad, malgastaron su voto y su presencia política en las campañas de viejos y rechonchos politiqueros que una vez más se alzaron con la mayoría de los cargos impidiendo cualquier relevo generacional y posibilidad de renovación política al interior de las corporaciones públicas.

El panorama para la juventud no puede ser peor. Mientras para el Senado y la Cámara se impone la restricción de los 30 y 25 años respectivamente, en aquellas corporaciones como el concejo o la asamblea, a las que podrían llegar a los 18 o en el caso de Bogotá a los 21, son derrotados clamorosamente por un pueblo que demuestra merecerse la suerte que tiene y que le da la espalda sistemáticamente a sus más nuevos y mejores ciudadanos.

Entretanto, las mujeres siguen sintiéndose menos que los hombres en la actividad política colombiana. Aunque, según cifras oficiales, las candidaturas femeninas parecen haber aumentado de forma importante, sólo 16.971 aspirantes se inscribieron en estas elecciones frente a 69.478 del sexo masculino.
Una vez más el país le envió un mensaje de apoyo a quienes creen que la solución es diseñar circunscripciones especiales o leyes de cuotas para permitir la llegada de mujeres y jóvenes a ciertos cargos públicos.

Desde nuestro parecer la famosa teoría de la ‘discriminación positiva’ en que se sustentan estas propuestas, no es más que una forma visible de intolerancia, exclusión y lástima que renuevan nuestra imposibilidad de darle espontáneamente cabida a expresiones novedosas y auténticas como las que mujeres y jóvenes representan en materia política.

No hay leyes ni decretos que permitan compensar lo que culturalmente hemos sido incapaces de lograr. Ahora sí creo que estamos lejos de que una mujer sea Presidenta de Colombia o que un joven transparente y emprendedor llegue a tan alta magistratura sin el requisito de las canas y los malos resabios que hoy parecen pedirle los electores a sus dirigentes. De allí que en el balance de estas elecciones, no vacilemos en decir que las mujeres y los jóvenes fueron los grandes perdedores de una jornada electoral como cualquier otra: aburrida, llena de politiquería y prácticas detestables.

*Columnista y articulista freelance. Estudiante de ciencia política y derecho.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1850

PORTADA

El hombre de las tulas

SEMANA revela la historia del misterioso personaje que movía la plata en efectivo para pagar sobornos, en el peor escándalo de la Justicia en Colombia.