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Opinión

  • | 1999/04/26 00:00

    GRINGOLANDIA

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La respuesta de la Fundación Heritage al comisionado de Paz Víctor G. Ricardo, del mejor
corte imperialista, constituye un motivo de reflexión sobre lo que realmente puede esperar Colombia en sus
relaciones con Estados Unidos. Aunque Heritage es un think-tank republicano, y por consiguiente sus
reflexiones sobre Colombia no comprometen en ninguna instancia al gobierno demócrata de Clinton, la forma
despectiva y descarnada en la que sus investigadores se refieren a los problemas de orden público que
vivimos los colombianos no nos puede dejar sumidos en la indiferencia. Para Heritage, en definitiva, no
somos sino garbage. En pocas palabras, sugieren que las Farc pueden tener sobradas justificaciones para
haberse alzado en armas contra el Estado colombiano, que Colombia está condenada a la secesión o a la
balcanización, que Pastrana planea comprar la paz con las organizaciones criminales con la ayuda financiera
internacional, y que por delante no queda la alternativa sino de rendirnos ante las Farc o derrotarlas
militarmente, esta última posibilidad mencionada casi como un chiste.Sí, ya sé. No faltarán los Lemos
Simmonds que aseguren que la derecha republicana de Estados Unidos no dice sino la verdad sobre
Colombia. Pero más allá de conclusiones tan corticas, el round con la Fundación Heritage nos debe llevar a
enfrentar de una vez por todas los principales mitos que caracterizan las relaciones entre Colombia y
Estados Unidos, comenzando por el que se construyó sobre la visita de Andrés Pastrana a la Casa Blanca,
según el cual, ya podemos respirar tranquilos, pues los gringos han vuelto a ser amigos de los
colombianos.Mito Nº 1: Que la visita de nuestro Presidente partió en dos las relaciones con Estados Unidos.
Aunque es cierto que un presidente con visa, analizado a lo Pambelé, es mejor que un presidente sin visa,
el problema de nuestras relaciones con dicho país sigue radicando en el hecho de que Colombia no
constituye una prioridad para Estados Unidos. Que la ayuda militar y comercial haya aumentado no
garantiza, de por sí, que también haya crecido esta prioridad, y tampoco que una visita exitosa de nuestro
Presidente a la Casa Blanca haya podido cambiar en 180 grados la política exterior norteamericana, donde
Colombia apenas figura 'por ahí abajito'.Mito Nº 2: Que el gobierno de Estados Unidos es amigo de Colombia.
Una de las cosas que más trabajo nos cuesta entender a los colombianos es que Estados Unidos no es un
poder monolítico, y que los gringos no son una montonera. El hecho de que Clinton sea amable con
Colombia no significa que todos los gringos lo sean, porque Estados Unidos no tiene una política única con
respecto a nuestro país, y la forma como nos tratan depende de quién, o quiénes, estén manejando el
respectivo asunto. Lo que aquí llamamos amistad, allá lo llaman intereses, y por eso a veces descubrimos
asombrados que el mismo día en el que la Casa Blanca es amable con Colombia, el Departamento de
Justicia es retador, o el zar antidrogas es amenazante.Mito Nº 3: Que Estados Unidos se la va a jugar toda
por Colombia. Aquí la pregunta es clara y directa: ¿si fracasa la estrategia de paz del gobierno
colombiano con la guerrilla, es dable esperar que Estados Unidos entre en una coalición para la guerra
frontal con la guerrilla? La respuesta es muy probablemente no. El interés fundamental de los
norteamericanos está en la lucha contra el narcotráfico, y no con la guerrilla, y prueba de ello es que los
acuerdos de cooperación militar y policial existentes son explícitos en exigir que la ayuda sea
exclusivamente dedicada a la lucha antinarcóticos. De manera que debemos ir acostumbrándonos a entender
que el objetivo prioritario del gobierno de Estados Unidos es acabar con la droga, y no, como
equivocadamente pensamos con el deseo, defender al Estado colombiano.Mito Nº 4: Que la ayuda militar de
Estados Unidos a Colombia es confiable. Tampoco. La ayuda militar norteamericana a nuestro país es
extraordinariamente vulnerable al tema de los derechos humanos, y una confrontación total con la guerrilla
es susceptible de paralizar cualquier eventual acción de cooperación militar. Como anticipo de esta
conclusión, que nos describan los militares colombianos el infierno que es comprar un Blackhawk, o que
nos cuenten cuántas armas sofisticadas les han sido negadas con argumentos poco convincentes.Mito Nº 5:
Que el cambio de gobierno en Colombia ha logrado acercar a la opinión pública norteamericana. Mentira. La
opinión pública pesa, en Estados Unidos, e influye sobre su gobierno, mucho más que en Colombia. Y esa
opinión pública, que nos ve como un Vietnam potencial, aviva el tradicional aislacionismo
norteamericano. Por lo demás, Clinton tiene el reto de ir midiendo la 'voluntad de guerra' de los
estadounidenses, por lo que no es dable pensar que se va a meter en el lío de nuestra guerra interna
cuando tiene que lidiar con otras prioridades como Yugoslavia e Irak.En conclusión, ya existen varias
razones por la cuales nuestro Canciller tiene que hacer una luna de miel cortica. Entre las veleidades
bolivarianas del venezolano Chávez, la indignación de importantes sectores de Estados Unidos con el
asesinato de los tres indigenistas, y el malestar fronterizo de los vecinos de Colombia, a nuestro Canciller lo
esperan largas noches de cielo estrellado.
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