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Opinión

  • | 1998/10/12 00:00

    GRINGOS, PAZ Y NARCOTICOS

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La paz es viable pero no a costa de los narcóticos", le dijo un funcionario del gobierno de Estados Unidos al diario El Espectador la semana pasada. La frase, intrascendente en apariencia, tiene los elementos claves para la solución o el fracaso del proceso de paz con las Farc: gringos, narcóticos y diálogo.Estados Unidos no tiene un asunto fácil con la paz en Colombia. Está claro que decidió meterse en el proceso de diálogo entre el gobierno colombiano y la guerrilla, pero todavía no sabe de qué manera puede y le conviene participar. Si se vuelven actores principales de la negociación, la guerrilla empezaría a exigirles comportamientos específicos como gobierno, lo cual resultaría inaceptable. Pero estar demasiado lejos de las conversaciones podría traerles resultados poco deseables en varios asuntos, entre los cuales el más importante es el del narcotráfico.
De momento Estados Unidos está legitimándose ante la guerrilla y las Organizaciones No Gubernamentales como interlocutor válido en el procerso de paz, mediante la condena a la violación de los derechos humanos por parte de las Fuerzas Armadas de Colombia. Y de paso le está quitando a los países europeos el monopolio de este tema y del discurso sobre la aplicación del derecho humanitario en zonas en conflicto.
Desde el punto de vista doméstico, el tema que el gobierno norteamericano le vende fácil a su pueblo es el de la lucha contra el narcotráfico en estas tierras, mucho más que el del combate al comunismo, tema que a estas alturas, como dirían los brasileños, ya ni hiede ni huele. Por esa razón ellos se han excedido en la descripción del nivel del compromiso de las Farc con el narcotráfico, al punto de haber llegado a calificarlas de cartel de la droga.
El problema para los gringos es cómo explicarle a su opinión pública que ahora van a patrocinar un diálogo pacífico teniendo a esos a quienes llamaron narcos al otro lado de la mesa. La única forma de hacerlo es dejando bien en claro que su lucha contra el narcotráfico en Colombia no va a ceder un centímetro, y ya es sabido que la forma más visible de este apoyo es la fumigación de cultivos ilícitos en el sur del país.
Eso explica porqué los funcionarios de Estados Unidos saltaron de la silla apenas se enteraron de que en la reunión entre 'Tirofijo' y Andrés Pastrana se habló, como tema muy principal, de la sustitución de cultivos ilícitos. No sólo eso: de la conversación de Manuel Marulanda con el comunista argentino Patricio Echegaray se desprende que puede haber incluso principios de acuerdo sobre no hostigamiento a los cultivadores de coca durante el proceso de paz. Es ahí donde la frase del gringo, que encabeza esta columna, adquiere su dimensión verdadera: su país no está dispuesto a apoyar la paz a costa de sus fumigaciones.
Nadie sabe por ahora en qué va a parar todo esto, pero lo único cierto es que si no hay una sustitución de cultivos basada en un esquema serio y funcional no habrá nunca un acuerdo de paz con las Farc. La guerrilla controla un territorio en el que un número importante de campesinos se dedica al cultivo de coca porque no tienen más remedio. La única forma de que el fenómeno desaparezca es invirtiendo una suma grande de dinero en la rehabilitación de esas zonas históricamente olvidadas por el Estado, y una cantidad tal vez mayor en organizar un mecanismo mediante el cual los campesinos puedan sembrar, cosechar, vender y vivir de eso con cierta dignidad. Lo más seguro es que tenga que ser un subsidio grande y permanente.
Ese ambicioso programa es lo que Andrés Pastrana ha llamado desde su campaña electoral el Plan Marshall de la paz en Colombia, recordando el que hiciera Estados Unidos con Europa para intentar la recuperación económica del continente tras los estragos de la Segunda Guerra Mundial. Pero sospecho que el éxito de ese plan depende del aval de Estados Unidos, pues no veo muchos otros gobiernos ricos interesados en el asunto. Además, no hay que haber hecho estudios especiales para deducir que en eso estaba pensando Pastrana cuando bautizó el plan de rehabilitación con ese nombre y no con otro.
¿Estará interesado Estados Unidos en gastar un montón de plata para acabar con la guerrilla colombiana cuando el comunismo ya no existe como amenaza? ¿Preferirán los gringos eso a seguir fumigando eternamente como demostración a su pueblo de que sí hacen algo contra los narcos en estas tierras? No se pierda el próximo capítulo de esta apasionante historia.
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