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Opinión

  • | 2009/05/30 00:00

    Gripe porcina, histeria

    Nuestro querido México está siendo víctima de un linchamiento sicológico y sanitario por países que recomiendan no visitarlo.

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Por cuenta del amarillismo, la inmediatez y el aprovechamiento del escándalo que es propio de la mayor parte de los medios modernos de comunicación masiva, muchos países han padecido una histeria colectiva por cuenta de la llamada primero 'influenza porcina y luego influenza A(H1N1). Pero la verdad sobre esta pandemia no se ha divulgado tanto como la mala interpretación, interesada, por demás, de los hechos.

Pero existe una voz aislada, la de un científico neoyorquino que ha estudiado durante décadas la gripe porcina y que, siendo una autoridad en la materia, se empecina en tratar de contrarrestar con sus conocimientos la avalancha de histeria mediática global. Él es Marc Siegel, quien afirma de manera rotunda que la gripe porcina es más suave, más benigna, menos contagiosa y menos peligrosa que lo que se han empeñado en divulgar los medios de comunicación y los sistemas de salud de ciertos países, empezando, para su infortunio, por los propios mexicanos, que tardíamente tratan de enmendar la plana.

Afirma este científico que el carácter leve de esta pandemia está demostrado por los hechos: 1.000 ó 2.000 contagiados en Ciudad de México, que tiene 20 millones de habitantes, es una cifra estadísticamente irrelevante; incluso si el número de afectados fuera cinco veces superior, seguiría siendo deleznable para cualquier epidemiólogo serio. Y, más contundente aun, Siegel señala que la gripe estacional en Estados Unidos causa 100 muertos diarios y 500.000 al año en todo el mundo, sin que esto merezca ni un titular de primera página en los diarios, ni ser noticia de apertura de ningún telediario. Comparada con estas cifras de muertes por gripe común, la gripe porcina con 92 víctimas se puede considerar ciertamente como una pandemia leve. Más aun, como su propagación es cada vez más débil, si la gripe porcina llegare a producir 1.000 muertos, tampoco merecería ser señalada como una pandemia grave: su impacto letal equivaldría a 10 días de gripe normal en Estados Unidos.

Pero la histeria de los medios llevó a las multitudes a cambiar sus hábitos cotidianos (no saludar de mano ni de beso, por ejemplo), y a volcarse sobre las provisiones de tapabocas que se transformaron en verdaderos 'placebos sicológicos', ante la muy escasa o mínima posibilidad de contaminación, incluso en el mismísimo Distrito Federal de México. Porque, en efecto, como explica Siegel, el virus se debilita a medida que se expande, pierde su capacidad de hacer daño, de contaminar, y, por supuesto, de ser mortal. Este progresivo debilitamiento del virus- después de dos contagios ya es prácticamente inocuo-, es lo que explica por qué casi todas las víctimas han sido mexicanas. Así las cosas, luego de varios meses de iniciarse la pandemia, hoy el último riesgo que se corre en Ciudad de México es el de ser contaminado por la gripe porcina. Y si esto sucede en el lugar donde surgió la enfermedad, pues el riesgo es infinitamente menor en cualquier otra parte del mundo.

La histeria colectiva generada por los medios de comunicación tiene sus consecuencias. La economía mexicana está seriamente afectada, y el turismo, una de sus principales fuentes de empleo y divisas, está prácticamente colapsado. A esto ayudó mucho el que hubiera sido el mismo presidente Calderón quien en un principio se hubiera encargado de hacerle eco a la histeria de los medios de comunicación. Así potenció la propagación de 'virus histericus' nacional e internacionalmente. Desafortunadamente, hoy nuestro querido México está siendo víctima de un linchamiento sicológico y sanitario por parte de muchos países que irracionalmente les recomiendan a sus nacionales no visitarlo. Menos mal que ni entre nosotros ni en la comunidad internacional tuvo mucho eco la exagerada decisión de nuestro excelente Ministro de Salud, quien por cuenta de la gripe porcina declaró a nuestro país en estado de "catástrofe nacional".

Pero la gripe porcina durará lo que dure en los medios de comunicación, los cuales ya están disminuyendo la intensidad del escándalo a medida que notan la fatiga de sus usuarios. Ahora la gripe no es noticia de portada, sino de las últimas páginas interiores. Pero, como en el caso de la gripe aviar, otro falso escándalo memorable y olvidado, serán muy pocos los medios que asuman una actitud autocrítica, y la mayoría preferirá que el público olvide y más bien se quedará a la espera de los jugosos réditos económicos que les puede deparar la próxima epidemia de miedo e histeria que los medios se encargarán de propagar.
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