Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2015/08/11 18:16

“Body en cuerpo y alma”, Malgoska Szumowska, 2015

Tiene personajes muy bien construidos sin clichés ni estereotipos, seres muy concretos, ese es un mérito del guión.

Gustavo Valencia

La película que viene de ganar el Oso de Plata del famoso Festival de Cine de Berlín procede de Polonia, un país de gran talento fílmico que ha entregado directores destacados y muy conocidos internacionalmente como Roman Polanski, Krzystoff Kieslowski, Andrei Wajda y Krzystoff Zanussi, una cinematografía muy prolífica y extensa pero que por estas latitudes es poco conocida, además de que por sus características generales es un tipo de cine al que no se está acostumbrado. Esta cinta es muy representativa de ese particular estilo del cine polaco, es decir, una estructura narrativa muy visual y organizada a través de secuencias sueltas que se van hilando lentamente, que se van haciendo inteligibles en el desarrollo mismo del relato, o sea, un tipo de cine muy diferente al que se impone mayoritariamente, que le exige al espectador y para lo cual no siempre está preparado y mucho menos acostumbrado. Por ello mismo resulta de por sí interesante acudir a este otro tipo de cines para obtener otros puntos de referencia.

Salvando este aparente escollo que para los amantes del buen cine se convierte en un elemento más de disfrute, la película toda está constituida sobre el intento de poder describir todo a través del registro fílmico, de saber hablar con la imagen y dejar que ella se exprese, por ejemplo, en entregar visualmente lo que hacen cotidianamente los protagonistas, ya sea en su vida privada o profesional, captada con mucha economía de palabras y variedad de planos (aunque casi siempre fijos), que ayuda mucho en la construcción de los personajes que el guión ha creado (la directora es coguionista), personajes muy bien construidos sin clichés ni estereotipos, muy por el contrario la diversidad de momentos y situaciones que se describen, los convierte en seres muy concretos, en individuos con sus específicas particularidades, y ese es un mérito del guión.

Así con esta variedad de secuencias sueltas que se van haciendo comprensibles, el relato se afianza en la vida de sus tres principales protagonistas: un fiscal viudo y la difícil relación con su hija anoréxica, quien asiste a una particular terapia de grupo y la profesional que dirige esta labor quien es alguien con ciertas facultades de “médium” o “paranormales”, temática que ahora tanto explota el cine comercial en todas sus variantes de “terror” y que en esta película simplemente está sugerida y por fortuna sin mayor profundización en algo que ya es muy sabido y conocido. No es la parte principal del film entrar en esos terrenos en los que la ciencia no tiene una explicación “racional”, quedando más bien en la credulidad de la terapeuta que lo practica, en lo que ella siente y se transforma, en contraste con el total escepticismo del fiscal y su hija.

Mientras tanto el relato sí ha hecho hincapié en describir a estos personajes y sus vidas, en su día a día, individuos normales que a veces pueden no ser muy normales, donde aparece lo difícil de sus existencias con sus logros y sus limitaciones, habilidades y falencias, sus necesidades y carencias inherentes a toda persona, construyendo muy bien a estos seres haciéndolos muy reales y humanos, dentro de un enfoque muy femenino que se aprecia tanto en expresar emociones como en especial, en no poder expresarlas, en la incapacidad de dejarlas salir, de enunciarlas, como una problemática general a la sociedad actual y su dificultad de comunicación, de articular una palabra o un gesto de afecto o de sentimiento. En todos esos momentos la narración es el drama y la tragedia del individuo contemporáneo.

Aunque también hay visos del típico humor negro que hace parte de la idiosincrasia polaca, indicada magistralmente en la primera e insólita secuencia que anuncia sarcasmo y burlesco. Así el final es una especie de guiño picaresco al espectador sobre el tema que ni se condena ni se apoya, sobre la “médium” que tratando de contactar con la presencia de la que se murió, esposa y madre, no alcanza su cometido pero si de manera inesperada y jocosa logra que padre e hija se reconcilien, se liberen de culpas y acusaciones. Es sabor a comedia para contrarrestar el del drama, para relacionar con el humor negro de la primera secuencia y tan proverbial a esta sociedad.

Por último, es bueno señalar lo referente a ciertos recursos que el cine permite y que se manejan muy diestramente en este film. Uno de ellos se encuentra en una secuencia inicial en que el fiscal, por su profesión, debe levantar el acta oficial del brutal asesinato de un recién nacido que ha sido descuartizado y arrojado en un baño público. Por lo general para este tipo de escenas suele hacerse un registro directo y mórbido, con una puesta en escena llena de sangre y partes despedazadas. Aquí la directora opta por todo lo contrario, simplemente el fiscal va dictando lo que ve dentro de la taza del baño, sin que la cámara enfoque directamente, de tal forma que la escena queda insinuada para que cada espectador se imagine y haga su propia representación del dantesco y horrible cuadro que el otro va describiendo, porque en cine para ciertos momentos se dice más cuando se sugiere que cuando se muestra. Conocer este particular recurso del cine y cuando se puede aplicar, requiere talento y creatividad que esta directora tiene en gran medida y en esta corta secuencia ofrece un buen ejemplo fílmico.

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