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Opinión

  • | 2015/09/11 11:00

    “Entre mundos”, Feo Aladag

    Presenta otro punto de vista, el no oficial y por tanto, el no predominante, sobre un tema muy explosivo en la Alemania actual, la participación del ejército germano en Afganistán.

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De la actriz vienesa Feodora Schenk a la directora de cine que se casa con el productor turco-alemán Züli Aladag, y por tanto se convierte en Feo Aladag hay más que un cambio de nombre, y desde la realización cinematográfica hay dos aplaudidos y celebrados filmes en que es guionista y directora. El primero, “La extranjera” de 2010, en el que relata la difícil situación de una mujer turca y la rígida tradición cultural a la que es sometida por su familia, pero viviendo en Alemania, o sea, dentro de una sociedad y costumbres que comparte pero que son totalmente opuestas a la de su entorno familiar, drama de muchísimas mujeres, que a veces suele terminar en los llamados “asesinatos de honor” cada vez más crecientes en Alemania, ante los que la directora pudo acercarse más en detalle en su condición de esposa de un turco-alemán y así, escribir el guión para su debut como directora de cine, volviéndose la portavoz y denunciadora de una dolida como lamentable situación de un inmenso número de mujeres sin voz ni voto al respecto. Duro y espinoso asunto que generó gran polémica y realizado con mucho talento fílmico y del valor de lo visual en cinematografía.

El segundo film, el de esta ocasión “Entre mundos” en el que continúa con su interés de presentar otro punto de vista, el no oficial y por tanto, el no predominante, sobre un tema candente y muy explosivo en la Alemania actual que es la participación del ejército germano en Afganistán. Debate que ya cubre más de una década de la presencia del Bundeswehr en aquel país. De esta forma realizar una película sobre el particular es volver a prender el polvorín sobre lo que ya había saturado la prensa escrita y virtual, los programas de televisión y todo tipo de reportajes y entrevistas, pero que como dato curioso y paradójico, el cine alemán no se había ocupado del asunto.

Lo viene a realizar una austríaca que ha hecho su carrera como esposa de un productor turco-alemán (aunque se divorciaron en el 2012, pero su empresa productora la conservan), es decir, no dejan de ser “extranjeros” a los ojos de un alemán promedio, y que precisamente estos “extranjeros” hablen sobre la presencia de tropas alemanas en Afganistán le entrega un elemento más de polémica al film, aunque todo esto sea de carácter extracinematográfico, hecho que de todas formas le conviene y mucho a la publicidad y difusión de la cinta. Cuestiones de mercadeo, dicen los expertos en la materia.

En términos fílmicos se asiste a la grata sorpresa de encontrarse con una directora más madura en términos de cine (había dirigido años atrás para la televisión, lo cual no deja de ser un lastre al pasar a cine), aprovechando lo mejor de la cinematografía alemana en cuanto a su rica herencia en materia de movimiento de cámara, de diversos y estudiados enfoques como de planos, de esa riqueza visual que el cine mundial ha ido perdiendo y que ni siquiera a críticos, comentaristas y especialistas parece interesarles. Apoyada como se decía en todo ello y de nuevo con el guión de su propia autoría, en el que se nota el osado intento de presentar otros criterios y opiniones sobre esta guerra, recurre a un trabajo muy visual y con predominio de la imagen sobre la palabra, lo que le permite elaborar un relato impregnado de visos realistas de lo que vive y experimenta la tropa que llega a otro país, como igualmente presentar lo que sienten y soportan los nativos del país como de quienes se han alzado en armas y conviven con la población civil.

Un ambiente de tensión permanente además de la abierta hostilidad de los habitantes de la zona para con estas tropas extranjeras son una constante, y escenificar  todo esto y poderlo captar en imágenes es uno de los puntos fuertes de la directora, de elaborar una puesta en escena con diversos y aparentes hechos sencillos y cotidianos, cargados de una atmósfera pesada y densa, de algo que puede estallar en cualquier momento de manera impredecible, todo ello pertenece al guión que ha escrito Feodora Aladag, pero antes que nada a tener el talento de llevarlo a la pantalla grande a través de una gran variedad de planos y enfoques, de movimientos de cámara que puedan recrear todo ello a los ojos del espectador. En cine el drama de cualquier situación y más si es de guerra es visual y por ende, es sólo a través de la imagen fílmica que se logra recrear ese espacio expectante de forma continua, incluso con momentos de suspenso inherentes al relato y un poco de “acción”.

Con todo ello la directora viene a negar el mito muy difundido de que se necesita una gran producción y mucha inversión financiera para realizar una película de guerra (otra cuestión muy distinta es la variante comercial de aventuras bélicas), en este caso de la guerra en Afganistán. Se requiere solamente conceptos claros sobre el cine, de sus elementos y de los inagotables recursos que otorga la imagen fílmica y la edición. Lo demuestra una vez más esta realizadora austríaca, incluso hasta con ciertas escenas y secuencias de “acción” que suponen básicamente un manejo de enfoques y planos para luego ser editados y ensamblados debidamente en un buen montaje en la sala de edición.

El tema como tal, como ya se indicaba en líneas anteriores, resulta complejo y polémico en Alemania y más si se recrea y con gran realce todo lo relacionado con la torpeza de la burocracia militar, de su incapacidad de funcionar realmente y prestar un servicio a los habitantes que dice proteger, aspectos que están plasmados en situaciones muy concretas como en sus fatales dimensiones y efectos. Es el aporte de la directora al hecho indiscutible de que cualquier relato sobre guerra necesariamente supone sufrimiento y dolor para sus implicados, porque la muerte ronda y la devastación se multiplica.

Es la tragedia de toda conflagración y el drama de su absurdo mismo, sin importar la respectiva “justificación” que sus partes defienden. Entregar puntos de vista diferentes a los que oficialmente se conocen y se difunden por los amplios medios masivos de comunicación, le entrega en su conjunto a toda la película una calidad y contenido fuera de lo común, que la hace muy particular e importante de observarla, y que sirve como punto de referencia sobre las guerras de toda esa extensa región y las muchas décadas que llevan existiendo para flagelo de toda la humanidad. Cada día tiene más validez la tesis de que el principal derivado del petróleo es la guerra.
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