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Opinión

  • | 2015/07/24 09:34

    “El jugador”, Ignas Jonynas, 2013

    Muestra a seres comunes, con valores, sentido de la vida, alienación y soledad, es decir, muy del mundo contemporáneo, de la humanidad del siglo que comienza.

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Una película como esta procedente de Lituania, resulta más que exótica para estas latitudes, aunque también una especial oportunidad para acercarse a dicha cinematografía de la que muy poco se conoce, además porque su trama y acción se desarrolla en el momento actual, por tanto se convierte en un documento valioso para poder acercarse a sus gentes, forma de vida, comportamientos y creencias, en fin, todo lo que se quiere saber de este tipo de naciones tan distintas y lejanas para nosotros, en el que el mismo guión muestra a estas personas, seres comunes y corrientes, con sus valores, sentido de la vida, alienación y soledad, es decir, muy del mundo contemporáneo, muy de toda la humanidad del siglo que comienza.

Su director, el lituano Ignas Jonynas, con cierta experiencia en el medio fílmico y el teatral, con estudios de cine en Varsovia bajo la dirección del conocido director  de cine Krzystoff Zanussi, recrea el ambiente profesional de un grupo de médicos y paramédicos que atienden todo tipo de urgencias que se presentan en cualquier punto de la ciudad y alrededores. Se aprecia fácilmente al hombre de teatro en la puesta en escena de los diversos accidentes que se registran, donde siempre hay víctimas y heridos, pánico y sangre, donde se requiere la intervención de este grupo. También se nota el director de cine que sobre dicha puesta en escena comienza a buscar el mejor enfoque y ángulo para poder captar los sucesos que se han recreado, aunque a veces por cuestión de producción y recursos financieros, técnicamente no esté muy bien dotado.

Particulariza con especial énfasis, pues el relato mismo lo exige, recrear el ambiente cotidiano de este grupo de médicos y socorristas, describiendo a varios de ellos, seres humanos en su incomunicación, en su búsqueda de afecto, pero también en el deseo de salir de su rutina laboral, de la vida sin sentido que sólo ve el transcurrir de los días. Todo ello dentro de la descripción de personas muy típicas de algunas sociedades europeas del momento, donde por ejemplo, jugar es más que un acto lúdico que puede dejar ganancias, convirtiéndose en algo compulsivo y sin control, en el que el protagonista encarna muy bien este tipo de individuos y que en dicho desenfreno por apostar, llega a idear un juego macabro en el que involucra a sus compañeros, quienes como buenos jugadores que son, aceptan inmediatamente y se dan a la tarea de organizarlo.

Con este elemento de apostar, punto dinámico del relato, donde jugar por jugar es lo más importante, es el vértigo del azar y todo se puede volver motivo de apuesta, incluso las vidas que ellos por su profesión están destinados a salvar. Así lo ético y lo moral se disuelven en esta compulsión frenética y contagiosa de jugar por jugar, y de apostar por el que más rápido se muera de los accidentados que ellos rescatan. De esta forma el guión entra en otros terrenos, en la perversión misma de estos médicos, planteando de manera tangencial los principios de una sociedad cambiante, de un país que sale del yugo político totalitario y se “moderniza”. Es el costo social y cultural de este actualizarse al mundo contemporáneo con su respectiva escala de valores.

Todo esto lo presenta partiendo de ciertos recursos fílmicos y de buscar con ellos su representación en la pantalla grande. El más llamativo de todos es el manejo de la cámara lenta en algunas secuencias, tal como lo hace el cine comercial de aventuras de un tiempo para acá, cuando presenta sus aparatosas volcadas de carros o tiroteos y en ese momento ralentiza los hechos con lo que se genera un mayor énfasis en dichas escenas y una intención de hacerlas más efectistas. Por qué no hacer esto mismo pero en una cinta que no es de persecución, ni requiere la típica espectacularidad cinematográfica de estas películas de acción, es la pregunta que parece hacerse el director y que la responde directamente al realizar todo ello en momentos en los que quiere reforzar el drama, y como en cine el drama es visual, el uso de la cámara lenta viene a demostrar que es un buen recurso y que sirve mucho para lo que pretende su director.

Este método de la cámara lenta para reforzar todo lo relacionado con recrear la unidad del grupo en su ambiente laboral, en sus gustos, en jugar y apostar, como en momentos de celebrar y de algarabía con tragos y borrachera, todo dentro de una supuesta unidad de camaradería y amistad, para poder contrastarlo hacia el final, cuando todo se rompe y se destruye como siempre, porque hay dinero, mucho dinero de por medio. Un relato que describe una realidad con visos de crueldad, dentro de una búsqueda fílmica con mucha creatividad.
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