Domingo, 4 de diciembre de 2016

| 2015/11/18 17:28

“La conspiración del silencio”, Giulio Ricciarelli

La película está basada en hechos más que reales, en una realidad que todavía no se quiere ver ni apreciar en toda su magnitud: los alemanes ante los criminales del Holocausto.

Gustavo Valencia.

El muy espinoso y difícil tema de qué pasó y qué se hicieron, tan pronto terminó la guerra, los nazis y en especial los verdugos del Holocausto es un asunto que tiene muchas dimensiones, diversos aspectos y extensas raíces que se hunden en el entramado social y político alemán, que todavía están lejos de ser analizadas, que siguen agitando la conciencia colectiva de una nación, que muchos no quieren rememorar, y que según las distintas épocas, han pasado ya setenta años, su aceptación y apertura a discutir y apreciar dichas cuestiones es, ha sido y será en cada ocasión muy diferente, casi que muy opuestas entre sí dichas formas de enfrentar estos aciagos sucesos que siguen horrorizando a toda la humanidad.

La película, dirigida por un italo-alemán, Giulio Ricciarelli, quien ha hecho toda su carrera fílmica en Alemania, primero como actor en cine y tv, luego en los últimos años haciendo cortos hasta este su debut fílmico con su primer largo, incursiona en una mirada retrospectiva hacia finales de los años cincuenta para recrear, por cierto con mucha maestría, el ambiente social y cultural, las modas y los nuevos patrones de comportamiento de los jóvenes, en especial de las mujeres que anuncian un radical movimiento de cambio y liberación femenina. En este marco sociocultural y el ambiente político del llamado “milagro alemán”, en el que se supone que se respira de nuevo, desarrollo, progreso y paz social, el guión muy diestramente demuestra que es una falacia y que existe un pesado silencio sobre un pasado inmediato, del cual es mejor hacer que parezca que ya pasó y que ya se olvidó completamente.

Así que paulatinamente, entre imagen e imagen, dentro del mejor estilo del cine alemán para hablar visualmente y con un alto nivel de composición fílmica, se va exponiendo a través de un joven fiscal, el desconocimiento intencional o no de aquellos alemanes sobre lo que fue Auschwitz, el principal campo de exterminio en el que se calcula que mataron a más de un millón cien mil personas. Es decir, no sólo es aquel Holocausto, sino el manto de silencio que se extiende en la inmediata posguerra sobre los nazis y aquellos verdugos, y lo que es más, nadie quiere saberlo y es abiertamente combatido todo aquel que se atreva a lo contrario.

La película devela lo más inquietante de todo, que los nazis y demás criminales de guerra, continuaron en el país como si nada, que el famoso y mediático proceso de Nürenberg, fue sólo contra los altos mandos, pero que todos los demás fungían ahora como simples ciudadanos de una gran masa que emerge de las ruinas de la guerra y dedicados a la reconstrucción. Como le dirá en algún momento del film el Comandante de las tropas estadounidenses al joven fiscal, “Ahora los enemigos son los rusos” y con ello el foco de atención ya no estaba sobre ellos, además de que algunos estaban incrustados en las esferas del alto poder, como también apoyados por potentados industriales que habían obtenido grandes fortunas durante el régimen nazi, y continuaban al frente de sus pujantes y robustas empresas. Con todos estos elementos rápidamente descritos en la película, lógicamente el espectador queda atrapado en dicha trama y deseoso de apreciar el transcurrir de los hechos y su desenlace.

El tema como tal causa un gran impacto y en especial porque sobre el asunto el cine alemán por primera vez se acerca a tratarlo de forma tan clara y directa, es más, este fue uno de los motivos por el cual el Comité encargado de seleccionar la película alemana para participar en los premios Oscar, concluyó que además de sus méritos fílmicos, era esta realización por el tema tratado la más indicada para participar el próximo año en febrero de 2016 y aspirar a tan codiciado galardón como mejor película extranjera. Un digno premio para una cinta que abre de nuevo este polémico punto que pertenece a toda una nación. A más de medio siglo de distancia del proceso jurídico que reconstruye el film, donde muchos de los implicados ya se han muerto y ya no son un bloque fuerte de poder y presión, se puede llevar al cine esta temática. Aún más, se premia y se aplaude, lo cual es muy buena señal de lo que han cambiado los tiempos y como si fuera poco, se le designa para participar por el Oscar. Excelente.

Algo muy pero muy distinto era llevar el mismo asunto a la pantalla grande hace 50 años. Así como lo demuestra esta película que la oposición era total para que dentro del mismo aparato jurídico-estatal se tratara el caso, mucho menos se iba a permitir, como en efecto así sucedió, que el cine lo intentara. Hace medio siglo en Alemania se estaba incubando un movimiento fílmico que sería conocido como nuevo cine alemán, impulsado por unos jóvenes radicales, soñadores e ignorantes de la verdadera realidad política de quienes gobernaban en su país, y algunos se atrevieron a realizar películas que abordaban este mismo punto de los exnazis en el poder, conviviendo con el grueso de la población y en la total impunidad.

No fueron aplaudidos ni premiados como ahora, muy por el contrario quienes tuvieron dicha osadía como Jean-Marie Straub (Con “Machorka-Muff” y “No reconciliados”) y Hans-Jürgen Syberberg (Con “Hitler, una película de Alemania”) fueron condenados al olvido, al menosprecio, al ostracismo total, y así han quedado hasta el momento. La conspiración del silencio no es sólo el título de esta buena película, imprescindible de ver, sino que es toda una práctica y costumbre social que se sigue manteniendo para cada caso en particular, que se ejerce con un férreo control y con la sutil apariencia de aquí no sucede nada. Con este único recurso de esperar a que pase el tiempo, quizás algún día un director lleve al cine algo de la vida de estos directores “malditos” y del por qué fueron en su momento combatidos, despreciados y silenciados. Por ahora es mejor continuar con el mito y seguir diciendo que el nuevo cine alemán sólo es Fassbinder y nada más.

Volviendo a la película “La conspiración del silencio”, fílmicamente recuerda aquel nuevo cine alemán, ahora que tangencialmente mereció ser recordado en esta nota, tanto en su capacidad y talento para hablar con la imagen, como en sus suaves y acompasados desplazamientos de cámara (algo que hoy en día poco se usa a nivel mundial), como también en la composición fílmica en cuanto luz y contraluz, como los estudiados planos y enfoques que inciden directamente en el drama de lo que el guión relata. La agradable ambientación y puesta en escena de una época, otra cualidad muy del cine alemán en cuanto escenografía y diseño de arte, sirve para la recreación de aquellos años en cuanto costumbres y conductas establecidas socialmente, donde es notorio el nuevo carácter femenino que se empieza a generar. Un aspecto en que se nota, fácilmente, el hincapié que hace de esto su guionista Elisabeth Bartel (trabajó en el guión cerca de cinco años y es coautora con el director del mismo), reconstruyendo dicho ambiente que antecedió a los sesenta, plenos de liberación femenina y reivindicaciones feministas.

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