Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2002/05/26 00:00

?Habemus? Presidente

Navarro y Gómez, padres de la doble vuelta, pensaron golpear al bipartidismo. Pero sin partidos los votos no resultan endosables

?Habemus? Presidente

No logre que el editor me diera plazo hasta el domingo, así que puedo andar más pifiado que de costumbre. Pero ?para hablar de lo único que cuenta? supongo que no habrá segunda vuelta o propongo que Serpa tire la toalla.

Supongo, porque la ley de probabilidad enseña que los "indecisos" se reparten en la misma proporción que los "decididos": Uribe habría tenido 53 por ciento según una encuesta y 51 por ciento raspado según la otra, mientras Serpa tendría 27 por ciento si se cumplió el pronóstico de CNC-Invamer o 25 por ciento si acertó Napo Franco.



Claro que el margen era muy estrecho y ?peor? que las encuestas daban cifras inexplicablemente distanciadas. Es más: el subregistro rural podría subir a Serpa y bajar a Uribe, para una diferencia real de, digamos, 15 puntos.



Pero si no hubo mayoría absoluta, yo "propongo" que Serpa renuncie al repechaje. Debe hacerlo, primero, porque no tiene chance; segundo, porque otra ronda no decidiría nada que importe y, tercero porque, en cambio haría bastantes daños.



?En lo del chance concuerdan los sondeos y el análisis. Si este no hubiera sido un referéndum contra las Farc, habría sido un plebiscito contra Serpa: no hay modo de que los votos flotantes vayan a parar en manos de quien paró de candidato por encubrir a Samper.



Y aunque no fuera así, una distancia de, digamos, 10 puntos, es suficiente para dar el "umbral de legitimidad" ?que es la razón de ser de la segunda vuelta?. Por eso en Argentina o Ecuador basta con el 40 por ciento de los votos y 10 puntos de ventaja en la primera vuelta.



?O en todo caso, el repechaje no servirá para nada útil. No haría más, sino menos, legítimo el mandato del nuevo Presidente: tres semanas de pasión concentrada y guerra sucia. Ni cumpliría tampoco las funciones de tercería y decante que la ciencia política atribuye al ballotage o elección a dos vueltas:



a) Navarro y Gómez, padres criollos del sistema, pensaron golpear el bipartidismo, pues el "tercero" (o sea ellos) quedaría en posición de escoger al Presidente. Pero en la democracia sin partidos que quisieron ellos mismos, los votos del tercero no resultan endosables. De suerte que ni Noemí ni Garzón están en condiciones de cambiar el resultado.



b) En Francia, de donde viene el sistema, existen varios partidos de derecha y varios de izquierda, de suerte que la primera vuelta sirve para que cada campo escoja su candidato (por este hueco, como sabemos, se coló Le Pen). Pero en Colombia no hay ideología sino confusión, y tanto que la segunda vuelta enfrentaría a un supuesto liberal con un liberal supuesto.



?El daño de una segunda ronda habría estado o va a estar en cinco cosas malucas. Una, arriesgar por otros 20 días la vida del Presidente. Dos, prolongar la campaña "electoral" de las Farc y las AUC. Tres, desperdiciar 50.000 millones. Cuatro, desatar una crisis, si a uno de los candidatos le da por decir que los votos decisivos fueron fraude ?ahora que sabemos que sí hay fraude?. Y cinco, perder un tiempo que Colombia necesita para que el Presidente Uribe empiece a capotear a Washington y a digerir la rifa que se ganó.



A Serpa le quedaría este ademán final de grandeza y un retiro piadoso ?que es, en justicia, más de lo que merece si justicia hubiera?. A Noemí, Lucho e Ingrid, la alegría de haber servido y la cuenta pendiente de organizarnos el tercer partido. A los ciudadanos, ojalá, unos meses para desenrabiarnos y precisar cómo haremos para defendernos sin asesinos de los asesinos.



Más adelante habrá que preguntar qué pasará con la política bajo Uribe. Si vamos hacia Fujimori ?hay el clamor de orden, el talante, el cierre del Congreso??. Si esta fue una pausa, y a la vuelta de un año veremos a Peñalosa y a Juan Manuel buscando la candidatura "del partido". Si el Presidente, en fin, le apuesta a un proyecto duradero e intenta montarlo desde el Estado.



Por el momento hay que felicitar y desear de corazón todas las cosas buenas para el doctor Uribe. Su suerte, a partir de ahora, es la suerte de Colombia. Aunque, si mi supuesto estuvo pifiado, ese "ahora" se corra por tres semanas.

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