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Opinión

  • | 2008/08/23 00:00

    Hablando de política con mi tía uribista

    No digas eso –reviró–: a los hijos de Uribe les dicen frívolos porque las gusta la vida social, y a Uribe montañero porque la detesta

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Si en este país a uno no le gusta Uribe en términos absolutos y sin asomo de dudas, entonces puede perder amigos, trabajos, familiares y hasta comida. La última persona con la que acabé discutiendo sobre el presidente fue con mi tía Rosario, la del Opus, la más conservadora de la familia, que hace unos días me invitó a almorzar.

—Yo voy a votar por Uribe por tercera vez: ¿y tú? -me preguntó apenas me senté a la mesa.

—Yo no. Si se lanza, va a acabar con una generación de políticos que prometían...

—Pero es que todos los políticos prometen...

—Quiero decir: que habrían podido ser buenos presidentes....

—¿Cómo quién? -me preguntó mientras me pasaba el ajiaco.

—No sé: gente joven, refrescante, que si se lanza Uribe, se pierde...

—Vuelvo y pregunto: ¿como quién? -martilló ella.

—Como Holguín Sardi -le dije, mientras ganaba tiempo para pensar de verdad-: imagínate lo refrescante que sería eso.

—Deja de burlarte de él. Y también de hacer chistes de mal gusto contra el físico de Valencia Cossio.

—Tienes razón: el físico es lo mejor que tiene.

—Bueno: pero entonces, si no votas por Uribe, ¿por quién votarías?

—Puede ser por Moreno -le respondí.

—¿De Caro? -me preguntó aterrada.

—No, no, cómo se te ocurre: por Luis Alberto.

—¿Y cuál es ese? -me preguntó-: ¿uno chiquito que le hablaba al oído a Pastrana?

—En realidad era tan chiquito, que le hablaba al tobillo. Pero sí, ese. O por Rafael Pardo. Es el más serio. Lástima que la gente no lo ubique del todo.

—Yo sí: es el que es director de Cambio -afirmó con seguridad-. Aunque a mí el que me gusta es el Fiscal: me parece tierno y súper uribista: ¿será que ese no se lanza?

—No creo: con lo de la para-política está muy ocupado dando de alta a cuanto congresista le manden o trasladando funcionarios que debería destituir...

—Si lo dices por el hermano de Valencia Cossio, me parece injusto -me dijo-. ¿Te parecía poco castigo que lo mandaran a vivir a Tunja?

—Al revés: me parecía mucho castigo, pero para los tunjuanos. Ya tienen suficiente con Pimentel, el ex futbolista.

—Pobre Fiscal -continuó sin oírme-: con todo eso de la para-política debe estar necesitando un sicólogo...

—Sería un parasicólogo -le dije, tratando de matar la charla con un chiste.

—¿Un parasicólogo como el que lo asesoraba antes? -ripostó ella, sin darme respiro a nada.

—Sí -le dije yo, para zafarme del tema-, como el que tenía cuando se le murió Zucarita.

—¿La carita del Fiscal?

—No, no: Zucarita, una french poodle que él adoraba.

—¿Esa es la raza de los perros de los hijos del Presidente?

—No les digas así -protesté-. No merecen ese apelativo.

—No, quiero decir que los hijos del Presidente tienen unos perros que de lo feos son lindos.

—Como Valencia Cossio -me metí.

—Te dije que no hicieras más chistes bobos con eso. Pobre señor.

—Tienes razón. Retiro lo dicho.

—¿Viste la boda de esos muchachos lo sencilla? -retomó ella el tema.

—Sencillísima: cerraron apenas como 14 cuadras.

—Pero invitaron a poca gente famosa; yo sólo vi al Fercho Durango...

—Era Hernán Zajar -la corregí-, un diseñador que es tío de la novia.

—Y esos hijos del Presidente tan buen mozos: ojalá alguno de ellos recoja el legado de su padre...

—¿Cuál legado? ¿Pelear con la Corte? ¿Creer que él es el Estado? Uribe no dejó ningún legado: le dio bala a la guerrilla, y eso podía ser necesario, pero no es un legado.

—Eres un resentido. Quiero ver a un presidente que haya hecho siquiera la mitad de este. Ojalá se quede muchos años y después lo reemplacen sus hijos.

—¿Pero no has visto que se la pasan en bares de moda, rodeados de modelos? Sería como si nos volviera a gobernar Pastrana...

—No digas eso -reviró-: si Pastrana no nos gobernó. A los hijos de Uribe les dicen frívolos porque les gusta la vida social, y a Uribe montañero porque la detesta: ustedes los antiuribistas no tienen remedio.

—Yo no soy antiuribista: soy periodista, que es distinto.

—Eso te pasa por no estudiar... Yo te lo dije.

—¿Y qué querías que fuera, entonces?

—No sé: diplomático, por ejemplo.

—Para ser diplomático no se necesita estudiar sino ser hijo de un político costeño; y para ser político costeño es indispensable no estudiar.

—¿Quieres repetir ajiaco? -me dijo señalándome el plato.

—Sí. Está delicioso.

—Pues no: si no estás de acuerdo con que la gente repita, debes empezar por ti.

Y no pude repetir. Y eso que no aspiraba al tercer plato, sino apenas al segundo. Las cosas que hay que aguantar por creer que hay vida después de Uribe.
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