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Opinión

  • | 1992/04/06 00:00

    ¿Hacia la primera censura?

    Crecen los rumores de que el Congreso estaría pensando utilizar la moción de censura contra alguno de los ministros.

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CRECEN LOS RUMORES DE QUE EL CONgreso estaría pensando, como venganza contra la emergencia social decretada por el Gobierno, utilizar la moción de censura contra alguno de los ministros del régimen. ¿Cuál de ellos podría en ese caso ser la primera víctima? Eso depende de como estén parados frente al Congreso, frente al Gobierno y frente a la opinión, tres termómetros de sus posibilidades de supervivencia. Comencemos este análisis por los ministros fuertes, y vamos poco a poco en "degradé ", hasta llegar a los ministros más opcionados para una moción de censura.
Ministro de Trabajo: Bien ante el Congreso, bien ante el Gobierno, bien ante la opinión. El ministro Francisco Posada es uno de los fenómenos de este gabinete, lo que realmente es gracia, porque en general, los ministros son bastante buenos. Para comenzar, ha logrado, a partir de un apoyo político bastante reducido, echarse en el bolsillo al Congreso con base en una cancha política impresionante, un gran sentido de la paciencia, sencillez, amabilidad pero también astucia. En el interior del Gobierno tiene mucho peso su madurez, y sus colegas del Gabinete lo escuchan cuando opina sobre casi todos los temas, con la seguridad de que están ante un hombre que no dice pendejadas. Y a pesar de que en su sector las cosas no andan a pedir de boca, no hay duda de que la opinión pública lo respeta muchísimo, porque lo ha visto ser enérgico cuando las circunstancias lo han requerido, y tolerante y conciliador cuando se ha necesitado. Es el único de los ministros que tiene estrellas en cada uno de los frentes mencionados.
Ministro de Hacienda: Bien ante el Congreso, bien ante el Gobierno y regular ante la opinión. Aunque Hommes tiene grandes dificultades en su área, que lo harían en circunstancias distintas candidato para la censura, talentosamente encontró un sistema totalmente informal de manejar a los congresistas, a quienes se refiere por el nombre y trata con mucho humor. Sus convicciones totalmente firmes sobre el tema de su cartera le han ganado el respeto del Congreso, aunque no todos estén de acuerdo con sus métodos. En el interior del Gobierno tiene el aval del absoluto respaldo del Presidente. Y aunque por obvias razones no puede ser el adalid de la opinión pública, es mirado con menos resistencias de las que debería producir el hombre que encarna la carestía y el desempleo.
Ministro de Gobierno: Bien ante el Gobierno, regular ante el Congreso, bien ante la opinión. De la Calle continúa siendo la mano derecha del Presidente, pues le aporta al Gobierno no sólo desde el punto de vista político, sino también jurídico. Muchos ministros lo consultan, y su opinión tiene peso específico dentro del gabinete. Sin embargo, sus relaciones con el Congreso no son las mejores. Se le asocia con la revocatoria, y más recientemente con la emergencia social, que terminó enfrentando al Congreso con el Gobierno. Muchos congresistas opinan que no maneja bien el tema parlamentario, y que al contrario de su jefe Gaviria, cuando era ministro de Gobierno, no realiza grandes esfuerzos para tener contacto con los parlamentarios. Ante la opinión mantiene una imagen excelente, asociada con las reformas de la Constituyente.
Ministro de Defensa: Bien con el Gobierno, bien con el Congreso, regular con la opinión. En el Gobierno no sólo está bien. Es la superestrella del momento. Habla muy poco pero es tremendamente sereno y cerebral, cualidades que pesan mucho a la hora de tomar decisiones. En el Congreso se le tiene respeto, porque refleja todo menos juventud, que podría ser un "handicap" en la imagen del hombre que tiene sobre sus hombros la terrible responsabilidad del manejo del orden público. Pero sobre todo, no tiene problemas de entendimiento con los congresistas, porque son pocos los favores que estos le piden al titular de la Defensa. Pienso, sin embargo, que la opinión pública no ha captado lo bueno que es Pardo Rueda, hasta el punto de que muchos se sonríen ante la teoría, nada descabellada, de que estamos ante un ministro presidenciable.
Ministro de Comercio Exterior: Bien frente al Congreso, regular frente al Gobierno, bien frente a la opinión. El ministro Santos tiene su hinchada en el Congreso, porque nadie duda de que sabe, y mucho, sobre el tema de su cartera. Tiene además políticamente de su lado a todo el sector parlamentario que odia a Samper. Sin embargo, al interior del Gobierno tiene grandes rivalidades, no se sabe bien si por su personalidad o por la dualidad que la creación de este ministerio le ha planteado a otros en el plano diplomático y económico, que despierta celos entre los "desplazados". Ante la opinión tiene buena imagen, no sólo porque episodios como el del reajuste arancelario, la rebaja de los carros y el foro de la Unctad le han dado protagonismo en los medios, sino porque casi todo el mundo lee El Tiempo.
Ministro de Comunicaciones: Bien frente al Congreso, bien frente al Gobierno, neutro frente a la opinión. Con una habilidad descomunal ha neutralizado su inexistente apoyo político en el Congreso con unas excelentes relaciones con la clase parlamentaria, donde sin duda alguna comienzan a creer que sabe tanto del tema de las comunicaciones como aparenta saber. Al interior del Gobierno, aunque existen opiniones encontradas sobre temas como la privatización de la TV o la inoportunidad de enfrentarse con el sindicato de Telecom, se admira el coraje con el que ha planteado y defendido sus tesis. Sin embargo, frente a la opinión pública continúa siendo un ministro neutro sobre el que no existe mucha opinión, ni buena ni mala.
Ministro de Relaciones: Bien frente al Congreso, regular frente al Gobierno, bien frente a la opinión. La ministra Sanín es otra de las que se ha echado al bolsillo a la clase parlamentaria, donde por cuenta de la excelente relación personal que ha desarrollado con los congresistas es respetada, apreciada y querida. Si es citada al Congreso, por ejemplo, no duda en llegar 10 minutos antes, no sólo para dar impresión de acatamiento y respeto por el recinto parlamentario, sino para "conversarse" antes a algunos congresistas, a quienes desarma con su magnetismo. Al interior del Gobierno ha tenido que vencer resistencias, no en relación con sus condiciones intelectuales, que nadie pone en duda, sino sobre su preparación para el cargo. Fuentes consultadas por la columnista indican, sin embargo, que el Gobierno está más contento con la ministra de lo esperado, y opinan que con su gran capacidad de crear solidaridades en torno de las cosas, ha logrado vencer las resistencias del presidente Gaviria a trabajar con mujeres distintas de Ana Milena. La opinión pública la ve con muy buenos ojos.
Ministro de Minas: Bien frente al Congreso, bien frente al Gobierno, indiferente frente a la opinión. Sin grandes problemas en su sector, el ministro Restrepo realiza una gestión tranquila y poco conflictiva. Aunque tiene poca representatividad política en el Congreso se le respeta porque su tono de "doctor" también es su perfil. Lo mismo le sucede al interior del Gobierno, como tecnócrata que no dice jamás cosas que no estén bien dichas. Pero lógicamente, tanto por su campo de acción como por su personalidad, es un ministro que no le dice mucho a la opinión pública.
Ministro de Obras: Mal en el Congreso, bien en el Gobierno, inexistente para la opinión. Congresistas consultados por esta columnista tacharon al ministro Gaviria de "arrogante y sobrado", en el peor de los casos y de "desabrochado" en el mejor. Pero en cualquiera de las dos categorías genera resistencias en el Parlamento. Al interior del Gobierno su situación es más estable, porque cuenta con la complacencia del Presidente. Pero para ser uno de los ministros de la "vieja camada", y no registrar en la opinión, el inventario es melancólico.
Ministro de Educación: Regular en el Congreso, regular en el Gobierno, indiferente en la opinión. Aunque existe la idea de que tiene respaldo político porque proviene de la clase política, la verdad es que aunque al ministro Trujillo lo aprecian en el Congreso, le manifiestan más solidaridad de cuerpo que admiración. No tiene ascendiente sobre los congresistas porque realmente él no viene de su seno sino de la alcaldía de Cali, que es otra canasta. Pero su carácter de "cuota política" en el gabinete, que lo acerca al Congreso, al kinder tecnócrata de Gaviria no lo convence de a mucho. A la opinión pública, el ministro de Educación ni le va ni le viene, más por culpa de su área que de su gestión.
Ministro de Agricultura: Bien con el Gobierno, bien con el Congreso, mal con la opinión. Aunque en general es visto con buenos ojos por el Congreso, ya que el ministro López sí viene de esa canasta, las reacciones que despierta son mezcladas. Hay un sector que lo quiere y otro que no, aunque en ambos es muy respetada su inteligencia y seriedad. Al interior del Gobierno ha logrado vencer con la misma herramienta la resistencia inicial que su nombre producía entre los "yuppies" del revolcón, que lo asociaban con un delfín. Ante la opinión pública está mal, pero hay que reconocerle que pocas veces la situación agraria del país ha sido tan difícil por factores como la sequía, la caída en los precios internacionales de los productos básicos y la inseguridad. Si a esta situación que heredó el ministro López se le suma su personalidad poco propensa a las relaciones públicas y al populismo, se entiende que no sea visto con comodidad por la opinión.
Ministro de Justicia: Mal en el Congreso, regular en el Gobierno, indiferente en la opinión. No registra muy bien en el Congreso el ministro Carrillo, en parte porque como buen tecnócrata no llegó al gabinete como cuota política de nadie, y en parte porque no le ha ido bien en debates claves como el de la tutela, en el que le criticaron que no tomó posición. En el Gobierno puede haber desilusionado el que, aunque se maneja muy bien en su tema no se haya crecido ante la opinión, que todavía lo mira con indiferencia. Pero en éso la opinión puede estar siendo injusta, pues ha manejado el tema de los narcos con gran entereza, y me cuentan que en este tema ha impresionado profundamente a los funcionarios norteamericanos con los que ha tenido que ver. Gracias a Carrillo han quedado convencidos de que están tratando con un gobierno serio.
Ministro de Salud: Mal ante el Congreso, mal ante el Gobierno, mal ante la opinión. Se trata de un ministro al que ha repudiado su propio movimiento, en parte porque en temas como el del glifosato ha abandonado su línea para pasarse a la del Presidente. Con el Congreso no tiene relación alguna, ni buena ni mala, pero desde luego carece en su interior de cualquier tipo de respaldo político. Pienso que el Gobierno querría verlo por fuera, pues es una piedra en el zapato, pero se trata de una iniciativa que el Gobierno no puede tomar. Ante la opinión el ministro González no se ha lucido con ninguna cruzada y, por el contrario, se le ha visto vacilante a él, y vacilante a su movimiento, a la hora de brindarle su apoyo. Pero pienso también que el ministro de Salud no es el primer candidato para la moción de censura, porque políticamente para el Congreso no representa nada.
Ministro de Desarrollo: Mal ante el Congreso, mal ante el Gobierno, mal ante la opinión. Si hubiera que comenzar por censurar a algún ministro, creo que el candidato más probable, hoy por hoy, es el ministro Ospina . Pocas veces se había visto un ministro más "envainado" con su sector, con más malas relaciones con el Congreso, con más precario apoyo político -no lo respaldan más de ocho senadores- y en peores líos para venderle a su sector una de las principales banderas del Presidente, la de la apertura. Al interior del Gobierno se le percibe como un ministro de pocos meses, porque su carácter conflictivo no ha caído bien, y molesta su estilo sobrenatural de opinar. Pero al contrario del ministro de Salud, que quizás no le interesa mucho al Congreso como trofeo de casa, el de Desarrollo es políticamente muy significativo, y eso, desgraciadamente, lo convierte en la presa más apetecida. -
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