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Opinión

  • | 2007/05/05 00:00

    ¿Hacia la reelección de Gaviria?

    Ernesto Samper acusó a Gaviria de estar actuando de candidato presidencial, como si eso fuera percibido como una amenaza por los colombianos

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En la última encuesta Invamer-Gallup la imagen positiva del ex presidente César Gaviria sigue siendo muy bajita, aunque pasó del 27 al 32 por ciento. Pero no por eso puede descartarse que en 2010 aspire, y de pronto resulte siendo, el próximo Presidente de Colombia.

Tan escasa popularidad tenían, tres años antes de ser elegidos, el presidente Andrés Pastrana y Alan García. La diferencia con ellos es que en las encuestas Pastrana no es recordado como un gigante, y García llegó a ser considerado el peor Presidente que ha tenido el Perú en su historia. El gobierno Gaviria, en cambio, goza de prestigio a pesar de que eso no se refleja en los índices de su favorabilidad personal en las encuestas.

Ernesto Samper incluso lo acusó, en una reciente entrevista, de estar fungiendo desde ya como candidato, creyendo que con eso estaba denunciando una amenaza que escandalizaría a alguien en Colombia. Pero nadie se escandalizó.

Es que a pesar de su persistente negativa de que anda "en esas", César Gaviria es un candidato natural para una reelección presidencial, por dos razones: una de tipo institucional, y otra de tipo personal.

La institucional es que con su regreso a la minucia política del país, a los recorridos por las regiones, a la lechona, al trapo rojo, al aguardientico o al whiskicito caliente, ni siquiera Serpa deja de reconocerle que salvó al Partido Liberal de disgregarse en distintas tendencias; les revivió el juego político a los liberales y le devolvió factibilidad a su vocación de poder.

Mientras tanto, el partido de La U está demostrando todo lo contrario: que es un fenómeno personal de Álvaro Uribe, que es una amalgama indisciplinada, que no es un partido con futuro y que está lleno de caciques liberales cobijados bajo un nuevo nombre, que en cualquier momento vuelven a deslizarse de regreso a su redil. Imagínense: si en el interior de La U un cacho de marihuana produce objeciones de conciencia de dos de los senadores más consentidos del Presidente, Gina Parody y Armando Benedetti, ¿por qué debe extrañarnos que el director de La U, el senador Carlos García, hable mal del Presidente y hasta se le haya chispoteado el comentario, según dicen, de que es un pequeño dictador?

El segundo factor es el personal. Creo que Gaviria no se imaginó, cuando aceptó cambiar su cómoda vida en Nueva York por la jefatura del partido, que le iba a tocar girar tan duro contra su prestigio. Se hizo cargo del que pasó a ser el tercer partido político del país, después de La U y del Polo. Y se puso en mangas de camisa a evitar la deserción masiva de los parlamentarios al uribismo, la mayor amenaza del liberalismo en un siglo.

Su insistencia en el escenario paramilitar de las elecciones de 2002, que terminó confirmándose, fue factor que disparó su desprestigio, aunque ningún esfuerzo de los opositores haya logrado untar personalmente a Uribe con el fenómeno. Pero la opinión lo interpretó como una agresión personal en su contra.

Desde luego Gaviria no nació ayer en la política para tomar la decisión de lanzar nuevamente su candidatura sin la posibilidad real de que lo elijan. Pero personalmente es muy entendible que con la popularidad de Uribe por los cielos y la de Gaviria todavía en el sótano, un repunte, por cuenta de algún cambio en el péndulo, lo lleve a reconsiderar la posibilidad de sacarse el clavo, porque entendiblemente debe estar cargado de tigre: ¿ha valido la pena sacrificar su prestigio y su libertad?

Desde luego, esa posibilidad de Gaviria está llena de obstáculos. Pero no son más de los que tiene cualquiera de los otros presidenciables que podrían jugar dentro de su partido, que no son ni Juan Manuel ni Pacho Santos, que quemaron las naves con el liberalismo oficialista, por lo que quedan sólo tres alternativas: el propio Gaviria, Rafael Pardo, que tiene respeto y prestigio pero por ahora no los votos, o Germán Vargas, que se cuidó de no quemar las naves con el liberalismo.

Pero los puentes con el uribismo los dejó planteados Gaviria en el reciente congreso liberal. Anunció un tono moderado para con el gobierno, el inicio de una oposición constructiva y no incendiaria, y dejó abierta la posibilidad muy grande de echarle a Uribe una manito en el Congreso en el tema del TLC.

Ah. Pero además, ha hecho un cambio de vocabulario. En lugar del no rotundo al que Gaviria nos tenía acostumbrados cada vez que le preguntaban por su candidatura presidencial, está estrenando nueva respuesta: "Francamente no me veo en ese escenario".

Por ahora.



ENTRETANTO …De inmediato acojo la propuesta de Daniel Samper Ospina en la última revista Caras: fundar una ONG que se llame 'Pro-Contra Día de la Madre'. ¿Sin esa fecha funesta, no sería este un mundo mejor?

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