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Opinión

  • | 2004/04/04 00:00

    Hacia una vida digna

    Es cada vez más frecuente leer noticias sobre niños que a cambio de comida o de una suma mínima de dinero comenten delitos como homicidio o robo. En Cartagena, por ejemplo, se registraron el año pasado 529 de estos casos. Lucy Lascarro, directora de la Fundación Asomenores de esa ciudad, escribe sobre la alarmante situación y cuenta cómo puede cambiarse esa realidad.

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Desde 1992, el índice de jóvenes infractores en Cartagena se incrementó de manera importante: pasó de 142 ingresos en ese año a 529 en el año 2003.

Dado que en la costa norte no existe ninguna entidad reeducativa para niñas, Asomenores recibe solo varones. En 2003 hubo cuatro niñas ubicadas en el programa Medio Abierto. De acuerdo con la convivencia se estableció que 50 por ciento de los menores infractores residían solo con la progenitora, 15 por ciento con ambos padres y 35 por ciento con amigos, solos en residencias y/o en la calle.

En cuanto a la escolaridad, el 60 por ciento solo cursó algún grado de primaria, el 15 por ciento son iletrados y el 25 por ciento restante realizó algún nivel de secundaria; 9 jóvenes lograron culminar el bachillerato.

Con relación al tipo de infracciones cometidas por este grupo de 529 muchachos en el año 2003, las más frecuentes son contra la propiedad (hurto, hurto calificado, daño en bien ajeno), con un total de 278 casos. Los delitos contra la vida (lesiones personales, homicidio) ocupan el segundo lugar en frecuencia con un total de 86 casos, y se destaca que la edad de los jóvenes tiende a disminuir y las circunstancias, a agravarse. Las infracciones contra el estatuto de estupefacientes son muy frecuentes: se han presentado 74 casos. Los delitos asociados con el pudor sexual en total fueron 16.

Por otra parte se incrementaron infracciones asociadas a porte de armas y supuesta vinculación a grupos al margen de la ley en posesión de objetos de uso privativo de las fuerzas militares (74 casos). Estos jóvenes son reubicados de manera ágil por el Icbf en entidades especializadas distintas a Asomenores. Se estableció que 85 por ciento de los jóvenes que ingresaron en 2003 se dedicaban a desempeñar oficios varios en calidad de ayudantes o vendedores ambulantes, el resto eran estudiantes.

La adicción a sustancias psicoactivas es una condición casi generalizada en el grupo de usuarios ya que 90 por ciento eran consumidores habituales, generalmente de marihuana, con los que se ha incrementado en las últimas épocas el consumo de psicofármacos.

Para intervenir a esta población de jóvenes con dificultades tan complejas se desarrollan una serie de acciones de carácter integral, lo que favorece las acciones permanentes en el área de salud (medicina general, odontología, nutrición, psiquiatría, enfermería). También existen talleres de capacitación laboral, como panadería, carpintería, estampados y artesanías.

Gracias a un importante aporte del Icbf, próximamente se pondrán en funcionamiento talleres de sastrería, zapatería, y se redotarán los talleres existentes fortalecidos con la asignación de instructores del Sena.

El montaje de lo académico, consistente en alfabetización, nivelación académica, validación del bachillerato y sala de sistemas, se logró con aportes efectuados por la Unicef. Los jóvenes tienen acceso a deportes varios, a un gimnasio y a una sala de música, recursos logrados también con aportes del Icbf. La entidad posee un equipo interdisciplinario y un reconocimiento que le permiten acceder a convenios con universidades en varias disciplinas.

Se debe resaltar el aporte y el compromiso de los miembros de la asociación, teniendo en cuenta que existen pocas entidades de este tipo en el país que cuentan con la cofinanciación de los entes territoriales, así como con el importante apoyo del Sena y la Policía Nacional, que facilita unidades de vigilancia y se ha constituido en un invaluable respaldo en la garantía de la seguridad de los jóvenes.

Para finalizar se requiere que a escala nacional, el Departamento de Planeación determine de qué rubro deben emitir las disponibilidades los entes territoriales para hacer frente a los aportes de ley en forma oportuna y eficiente, con lo que los programas reeducativos de todo el país puedan ofrecer mejores servicios. Si bien el aporte del Icbf es valioso, por sí solo no alcanza a cubrir las necesidades del programa.

La Asociación para la Reeducacion de los Menores del Departamento de Bolívar (Asomenores) inicia labores en Cartagena en el año 1991 como una entidad sin ánimo de lucro de utilidad común, conformada por el Icbf Bolívar, el departamento de Bolívar, la Alcaldía de Cartagena, el Sena y la Policía Nacional.

El objetivo es la atención integral con perspectiva garantista de derechos a jóvenes entre los 12 y 21 años de edad autores o partícipes de infracciones a la ley penal remitidos por jueces de menores o promiscuos de familia de Bolívar y otros departamentos de la Costa Atlántica con el fin de que diseñen un proyecto digno de vida. El tiempo mínimo de permanencia es de 10 días y el máximo, de 36 meses.

La entidad ofrece cupos a otros departamentos de la Costa (Atlántico, Sucre, San Andrés, Cesar, Guajira y Magdalena) en la etapa de módulo cerrado.

Desde su inicio en 1991, a diciembre 31 de 2003, se han atendido un total de 3.552 usuarios y se han identificado características de los jóvenes infractores relacionados con baja autoestima, poca tolerancia a la frustración, expectativas de vida limitadas y poca capacidad de tolerancia con altos niveles de agresividad, nulo control de impulsos, lo que los hace vandálicos y destructores.

* Directora ejecutiva de Asomenores
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