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Opinión

  • | 2014/02/01 00:00

    Crisis carcelaria: tragedia anunciada

    La crisis carcelaria con su báculo de hacinamiento ya produjo la primera tragedia y las medidas adoptadas por el Gobierno para conjurarla son insuficientes.

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La Ley de reforma al régimen carcelario y penitenciario, no obstante los miles de millones de pesos que se ha gastado el gobierno en investigaciones, adolece de una serie de fallas puesto que no se tuvo en cuenta cómo se va a solucionar el estado crítico de varios establecimientos que amenazan ruina, debido al excesivo hacinamiento y pésimas condiciones en que viven los internos, de un momento a otro podrían derrumbarse, causando otras tragedias de incalculables consecuencias.

Causa angustia ver por los noticieros de televisión a muchos internos durmiendo a la intemperie, apretujados unos contra otros, padeciendo todo tipo de enfermedades, pasando hambre y con una justicia a cuestas que se mueve a paso de tortuga.   
 
El Estado paquidérmico, no puede darse el lujo de mantener privados de la libertad a miles y miles de ciudadanos, que si bien han cometido algún delito, no necesariamente deben estar soportando la precariedad de un sistema carcelario, que en el momento menos pensado les podría agravar su situación jurídica, dado que el estado de mal ambiente en que viven, respirando por todas partes aire enrarecido, los puede llevar a una alteración de ánimos con consecuencias fatales y catastróficas.

Por eso, como lo hemos dicho varias veces por diferentes columnas, se hace indispensable la  evaluación del recurso humano carcelario y penitenciario, para promover empresas productivas fuera de los mismos establecimientos, teniendo en cuenta la capacidad y preparación de cada uno de los internos, frente a los diferentes procesos de desarrollo del lugar donde vayan a terminar de pagar su condenas. 

Es clara la preocupación del señor ministro de Justicia al decir que no se puede otorgar libertad sin tener las garantías necesarias de que el interno que se va a beneficiar de un programa de descongestión, vaya a cumplir con el proyecto de  rehabilitación y resocialización.

Ante la magnitud del problema, que ya va teniendo consecuencias trágicas, se hace indispensable que todos los sectores de la sociedad se comprometan a respaldar un programa que garantice que con los esfuerzos de cada uno los actores comprometidos se saldrá adelante.

Continuamos insistiendo que el plan padrino de descongestión carcelaria- propuesto varias veces por el suscrito- y consultado con expertos en el tema, es el mejor instrumento para dar solución a tan terrible drama, que muy posiblemente continuará galopando a espaldas de quienes lo manejan puesto que no han tenido en cuenta que las cárceles están inundadas de personas inocentes o que no son delincuentes consuetudinarios y pueden ser resocializados sin necesidad de estar en prisión, que con una garantía prendaria o póliza de seguros penitenciaria, que podría ser creada dentro de las facultades que le otorgó el Congreso al señor presidente de la República, para que tome decisiones definitivas, podría ser en buena parte  la solución. 

Pero también existe otro sector de la población carcelaria, que no obstante haber cometido delitos graves ya se encuentra al  borde de la resocialización y que solo les falta que la sociedad les de la oportunidad para que mediante la llamada libertad vigilada, puedan salir a continuar pagando sus condenas, mediante un proyecto de rehabilitación y resocialización. Sin prisión domiciliarias ni grilletes.

Para lograr el anterior objetivo, se deben tener en cuenta los siguientes aspectos: 
1º- Se excluyen del programa plan padrino de rehabilitación y resocialización: los internos de alta peligrosidad, determinados por el Código Penal. 
2º- Los que pagan condenas por crímenes de lesa humanidad y crímenes atroces.
3º- Los demás que se encuentren señalados dentro del Código Penal. 
4º- Quienes no se encuentren incursos en ninguno de los anteriores aspectos podrían ser sujetos de acogerse al programa, previa certificación de buena conducta dentro del penal en los últimos seis meses, certificada por el director del establecimiento carcelario.
5º- Con la certificación el interno solicitará al juez de penas ser incluido dentro del programa plan padrino de descongestión carcelaria: rehabilitación y resocialización.
6º- Una vez el juez de penas le expida la certificación de inclusión, el interno procederá a presentar dentro de un término de 15 días el proyecto de rehabilitación y resocialización, que no es más que su reincorporación a sus actividades laborales habituales.
7º- Tan pronto el juez de penas le apruebe el proyecto de rehabilitación y resocialización fijará el monto de la póliza penitenciaria de acuerdo al tiempo que le falte para completar el pago de su condena. 
8º- Una vez aprobada la póliza y el monto de la misma, el interno tendrá que acudir a un padrino para que solidariamente se comprometan ante el juez por medio de la póliza penitenciaria que no se va a fugar, que se estará reportando ante al juez de penas y al padrino, que puede ser un pariente o persona con solvencia moral, quién tendrá que estar pendiente que esté cumpliendo con el programa de rehabilitación y resocialización. 
Este es síntesis el plan padrino de descongestión carcelaria con los programas de rehabilitación y resocialización, donde interno, sociedad y Estado participan activamente. Considero que es una iniciativa nada difícil de cumplir. 

También puede ser diseñado para los menores de edad que han cometido algún delito,  donde muchas veces los responsables no son ellos sino la misma sociedad y los padres de familia que los han abandonado. 

Continúo sosteniendo desde el punto de vista de comunidad y desarrollo, que la solución a la crisis carcelaria y penitenciaria no está en construir más cárceles. Hay que buscar alternativas con fundamento en la valoración del recurso humano, frente a los procesos que se pueden implementar dentro y fuera de los establecimientos carcelarios. 

urielos@telmex.net.co
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