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Opinión

  • | 2011/08/29 00:00

    Hackers y 'pragmatismo' mediático

    No es legislación sino una adecuada educación moral lo que necesitamos. Cosa que, al parecer, personalidades como J. J. Rendón y tantos otros, sencillamente, no demuestran.

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“Eso de la ética es para los filósofos”, le dice J. J. Rendón a María Jimena Duzán, en una entrevista para Revista Semana. De la filosofía –y, por extensión, de la ética–, según confiesa el consultor electoral, tan solo se ocupa en las noches, ya que en el día y en su trabajo es completamente pragmático. De una filosofía que malentiende como “filosofía y letras”, a la vieja usanza de esa doctrina seudointelectual que no le otorga ningún tipo de rigor ni a la filosofía, ni a la literatura misma. Será por eso que Rendón tampoco entiende de pragmatismo, pues a partir de lo que se ufana (eficiencia en el negocio “de que el tipo no gane”), describe esta postura como simple practicidad.

Una practicidad que se especializa en capitalizar, a favor de intereses particulares, los frágiles límites entre la legalidad y la ilegalidad. Esa practicidad de la moral a conveniencia, que es ya la condición permanente de muchos sectores influyentes de nuestra sociedad. De ahí que si bien podríamos reprochar moralmente a Rendón, por cínico, también cabría abonarle que, a diferencia de muchos de nuestros políticos y medios de comunicación, por lo menos confiesa abiertamente sus prácticas. Sospecho que ese reproche sólo tendría lugar en una sociedad con buenos fundamentos morales. En la nuestra, en cambio, creo que deberíamos quedar agradecidos.

Porque la desconcertante sinceridad de Rendón nos abre los ojos. Nos da la oportunidad de discernir si estamos o no de acuerdo con sus prácticas. Oportunidad que no nos ofrecen muchas de nuestras más influyentes personalidades, de quienes –frente a su doble moral– tan solo recibimos un silencio confabulado; uno que sólo rompen con la distracción de un nuevo escándalo en el que incurran personas ajenas a sus gremios. Es así como, entre tantos otros casos, Enrique Peñalosa se entrega a la cultura del todo vale, al tiempo en que no escatima en reprochar de manera pública las acciones del ‘Bolillo’ Gómez. Lo que no significa que un escándalo como el del ‘Bolillo’ no sea reprochable. Lo que significa que casos como ese suelen ser un trampolín moral para quienes, en moralidad, están más caídos que los mismos protagonistas del escándalo de turno.

De ahí que haya un punto adicional para abonarle a Rendón, pues en defensa de los artilugios que utilizó para llevar a Santos a la presidencia, también ha puesto el dedo en la llaga con la siguiente declaración: “(…) todo lo que hice fue legal. Ahora, si no les gusta lo que yo hago, ¡pues cambien la ley!”. Bien sabrá cuán difícil, si no imposible, es diseñar una ley en contra de la propaganda negra, de las prácticas desleales y la doble moral. Pero aun cuando se hiciera, siempre habrá una forma de seguir caminando por los límites entre la legalidad y la ilegalidad.

La nuestra es pues una llaga moral, no legal. Se trata de esa doble moral que –dentro del marco de la legalidad– se ha convertido en una efectiva forma de manipulación social. Lo que explica las nuevas y cada vez más crecientes reacciones por parte de algunos sectores de la sociedad. Reacciones que, por desgracia –como el hackeo o la infiltración de información privada, con miras a sacar a flote esa hipocresía–, son ilegales.
Así lo habría hecho, por ejemplo, el presunto hacker Johan Armando Cubillos Gutiérrez, conocido como 'Sophie Germain’, pues tal parece que entre sus delitos informáticos reveló un mail de Daniel Samper Ospina, dirigido a Julio Sánchez Cristo. En ese mail, el director de Soho describiría a las periodistas de la W, quienes posaron desnudas para esa publicación, como “marimachas y gurrecitos, pero arrechantes”, pidiéndole a Sánchez Cristo que le guardara la espalda.

Apócrifa o no, no he visto que la revelación haya sido desmentida de forma categórica por Samper, quien días antes sí defendía la dignidad de las mujeres en contra del ‘Bolillo’. Es claro que determinar la autoría del supuesto mail será un asunto judicial. Por lo pronto, nos queda aquí el delicado asunto moral, pues nuevamente saldría a relucir la postura de Rendón: no hay nada de ilegal en referirse a una mujer como ‘gurrecito, pero arrechante”; y menos, aún, cuando se hace de forma privada.

Dadas las demostraciones de efectividad y dureza de la justicia en contra de jóvenes incautos, el presunto hacker ya está en la cárcel, en donde enfrentaría una pena de hasta trece años. Pero sospecho que no será el último. Porque lejos de constituir un reto juvenil, para ser llamado ‘hacker’, actos como el de ‘Sophie Germain’ no dejan de revelar un marcado resentimiento social, producto de la percepción de impunidad que conlleva la doble moral. De ahí que no sea legislación sino una adecuada educación moral lo que necesitamos. Cosa que, al parecer, personalidades como J. J. Rendón y tantos otros, sencillamente, no demuestran.

Twitter: @Julian_Cubillos

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