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Opinión

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''Escribir en España es llorar", dijo una vez el escritor español Mariano José de Larra. Si hubiera escrito en Colombia no le hubieran alcanzado las reservas de lágrimas, y eso que, como todos los románticos, las tenía en abundancia.Aunque quizás hubiera encontrado también motivospara reír. En la incesante tragedia colombiana se intercala de tiempo en tiempo un sainete. Ahora estamos en el sainete de Lemos. Y así, en medio de las habituales informaciones sobre matanzas, secuestros, catástrofes, atracos al ciudadano, robos al erario, los periódicos del jueves 15 de enero destacaron una fausta noticia: las 8:24 de la mañana de la víspera había sido "la hora más feliz" de la vida del doctor Carlos Lemos Simmonds, político profesional que veía por fin coronada su paciente carrera burocrática con la piñata gorda de la vara de premios: la Presidencia de la República.No en propiedad, infortunadamente: sólo en préstamo. Tal vez por eso no se le veía en las fotos cara de felicidad, sino que mantenía su habitual expresión de limón podrido en el momento de ceñir por fin la banda tricolor símbolo de su cargo. La cual, por eso mismo, no era, como se había anunciado, una banda nueva y propia, bordada especialmente para él por sus tías monjas en los conventos payaneses, sino una banda prestada, y ya sudada, por el presidente Ernesto Samper. Una banda es un símbolo. Más símbolos: el discurso de posesión _o de aceptación del préstamo_ se centró en ese tema típicamente turbayista que es "el desarme de los espíritus". Fue breve, pues no iba a desperdiciar en leerlo todo el tiempo de su breve presidencia, teniendo tantas cosas importantes que hacer. A continuación el flamante presidente escuchó el discurso (es increíble el Tiempo que nuestros presidentes, largos o cortos, dedican a pronunciar o a escuchar discursos) del presidente de la Corte Suprema, Dídimo Páez, el cual también simuló tomar el sainete en serio instando a la guerrilla a hacer la paz con el pretexto de que, así sea sólo por unos pocos días, ocupa el sillón presidencial "una persona sin mácula". Es de suponer que la guerrilla tomó a chacota la propuesta, pero la alusión no le debió gustar nada al maculado presidente titular. Escuchando el discurso, el ya presidente Lemos, dice la prensa, se dirigió a la Cancillería, donde "le fue ofrecida una misa en su honor", pues por lo visto hasta el más alto misterio de la religión católica no tiene más objeto que el de honrar a los presidentes de Colombia. ("Haced esto en memoria mía", dijo Cristo al instituirlo: pero ¿acaso los cristianos le han hecho en algo caso a Cristo?). Cabe suponer que el nuevo presidente comulgó: ¿no era ese acaso el día "más feliz" de su vida? Y luego recibió honores militares en la Casa de Nariño, su residencia provisional. Y luego ofreció _es también de suponer que por cuenta del erario_ una recepción para 500 invitados.Pero un presidente no descansa. Al día siguiente, jueves, Consejo de Ministros, en el que, según se informó, "primó la cordialidad". Una infidencia del diario El Tiempo permitió por fin saber en qué consisten los consejos de ministros: son comilonas. Espesa crema de alcachofas, plato fuerte de puré con pernil de cerdo en salsa de ciruela acompañado de patacones, postre. Por eso están tan gordos Samper y sus ministros, a quienes pudimos ver el otro día en una foto con las pesadas barrigas posadas como pelícanos sobre la barandilla de la casa de Núñez en El Cabrero; y por eso Samper tuvo que viajar al Canadá a que le revisaran la suya. "Todos comieron con apetito", informa el periódico. Y a continuación, todos hablaron: 17 discursos (15 ministros, más la directora de Planeación, más el Presidente). Por la tarde _cabe suponer que después de una merecida siesta_, sesión en el paraninfo de la Sociedad Bolivariana de Colombia para dar posesión como Presidente Honorario de la Corporación al fugaz presidente Lemos: más discursos. Y luego acto solemne en la Academia de la Lengua para rendir homenaje a los "instantes de una vida" de otro ex presidente. Discurso del presidente del Colegio Máximo de Academias, discurso del ex presidente homenajeado, y una "corta lectura" del presidente Lemos. Después, coctel de homenaje ofrecido por la Academia de Modelaje Klass College en el club Metropolitan. Y finalmente, el ansiado viaje a Popayán para que los coterráneos pudieran admirar con sus propios ojos municipales la gloria alcanzada por un hijo del terruño. Discursos. "Loor al epónimo varón", había cantado ya para entonces un sesudo comentarista de El Tiempo. Y mientras los varones epónimos se la pasan en esas, Colombia se arruina, se corrompe y se desangra. Y corre el llanto.
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