Domingo, 4 de diciembre de 2016

| 2009/06/27 00:00

Hasta el cuello

En otras palabras, los pagos a Yidis y Teodolindo no fueron la excepción, sino la norma, en el trámite de la reelección.

Hasta el cuello

Manuel Guillermo Cuello Baute fue nombrado superintendente de Notariado y Registro por su compadre Álvaro Uribe Vélez. En el año 2006 renunció a la entidad en medio de un escándalo por corrupción. Lo acusaron de cobrar sobornos para decidir procesos a favor de notarios investigados. El caso más famoso fue el de una mordida en especie. Un notario de Montelíbano le mandó 10 novillos al superintendente para que le archivara una investigación. El ganado salió de la finca del notario a la hacienda La Providencia, propiedad de la familia Cuello, siguiendo un mapa dibujado por Manuel Guillermo.

Por estos hechos, Cuello fue condenado a ocho años de cárcel y está pendiente de una decisión de casación en la Corte Suprema.

Todo se podrá decir de Manuel Guillermo Cuello, menos que no sea uribista de vieja data. Su abuelo y su padre han contribuido a las campañas presidenciales de Uribe, según lo ha reconocido el propio mandatario. Alfredo Ape, el hermano de Cuello, ha sido miembro de la coalición de gobierno en el Congreso, y en representación de esa bancada ocupó la presidencia de la Cámara de Representantes.

Todos estos antecedentes son apropiados para decir que Cuello Baute -quien no ha sido propiamente un opositor del Presidente- entregó esta semana a la Corte Suprema de Justicia información que muestra que el gobierno repartió notarías entre sus políticos para pagar el apoyo a la reforma que permitió la primera reelección de Álvaro Uribe.

En otras palabras, los pagos a Yidis y Teodolindo no fueron la excepción, sino más bien la norma, en el trámite de la reelección.

Cuello Baute relacionó al menos a 34 senadores y representantes que en los años 2004, 2005 y 2006 pusieron recomendados suyos en las notarias y que en algunos casos les cobraron jugosas tajadas a esos guardianes de la fe pública.

Entre los mencionados por Cuello Baute como beneficiarios de esas presuntas prebendas están: Mario Uribe, quien renunció a su investidura para mandar a la Fiscalía la investigación en su contra por para-política y quien sería el promotor de al menos dos notarios en Medellín y uno en Bogotá adicional a su hermano Jorge Humberto.

El senador Roberto Gerlein, jefe conservador del Atlántico quien, según la declaración de Cuello, ha compartido con su hermano, el representante Jorge Gerlein, la recomendación de un notario en Bogotá; William Vélez, representante a la Cámara, antiguo telonero oratorio de Pablo Escobar y patrocinador político de un notario de Medellín.

En la lista también están Carlos Holguín Sardi, quien para la época de la aprobación de esa reforma era senador, y figura en la relación con ahijados notarios en Bogotá y Cali; los congresistas vallecaucanos Santiago Castro y Francisco Murgueitio, quienes en la contabilidad de cuotas del ex superintendente de Notariado aparecen como padrinos del ex parlamentario Ramiro Calle Cadavid para acceder a la Notaría Séptima de Cali.

La relación es tan completa, que incluso menciona a nombrados que decidieron no posesionarse en los cargos. Tal es el caso de la ahora magistrada de la Corte Constitucional María Victoria Calle Correa, nombrada notaria séptima de Pereira por compromiso con el representante Carlos Enrique Soto, de acuerdo con los papeles de Cuello Baute. La doctora Calle declinó el nombramiento y a ese despacho llegó Jorge Eliécer Sabas, atribuido al mismo padrino.

También aparece como parte de estas cuotas la ahora ex notaria de Barranquilla Claudia Betancur, quien llegó al puesto después de que su marido, el representante Jaime Amín, pusiera su granito de arena para la aprobación de la reelección en la Cámara. Por cierto, por la misma razón, el hermano de la notaria y cuñado del congresista fue nombrado cónsul en Nueva York.

Por razones muy parecidas fueron condenados Yidis Medina y Teodolindo Avendaño. También a ellos, en su momento, el gobierno les decía que no había razón para preocuparse.

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